Historias 09 abril 2022
De perseguidor a seguidor de Cristo
Un antiguo musulmán comparte cómo conoció a Jesús durante el Ramadán.

 

 

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre (Mateo 7:33-34).

Las palabras de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento nos recuerdan que nuestro Dios quiere que toda su creación llegue al conocimiento del Salvador y confíe en Él a través de la obra de Jesús. Y que, cuando lo busquemos a Él y a su Reino, le encontremos. Aunque el mes sagrado del Ramadán suele ser un mes de mayor presión para los cristianos, cuya fe destaca más de lo habitual durante este tiempo, Dios sigue obrando en los corazones de las personas y llevándolas a Él. Durante el Ramadán, muchos musulmanes buscan fervientemente a Dios a través de la oración y el ayuno y la práctica de hacer regalos caritativos.

En Asia Central, los creyentes, especialmente los de trasfondo musulmán, viven bajo una creciente persecución de diversas fuentes, desde dictaduras hasta una cultura circundante generalmente dominada por el islam. En muchos de estos contextos, ser un seguidor de Jesús es extremadamente difícil. Pero sabemos que a Dios no le frenan los dictadores ni las culturas: Jesús tiene el poder de irrumpir en cualquier contexto y cambiar los corazones y las vidas.

De perseguidor a seguidor de Cristo

Hace unos años, los cristianos, especialmente los de origen musulmán, eran el objetivo número uno para Roman*, un devoto musulmán de Kazajistán. Los consideraba «traidores a la verdadera fe».

«Por 'traidores', me refiero a los cristianos de origen musulmán», dice.

Román no tenía ningún problema en enfrentarse, desafiar y perseguir a los cristianos. Era como muchos musulmanes que ayunan durante el Ramadán y que se enfrentan intencionadamente a los cristianos, taladrándolos con preguntas sobre su fe con el propósito de ponerlos en apuros e incluso hacerles cuestionar su fe.

El año pasado, durante el Ramadán, Roman fue un paso más allá para expresar su devoción al islam. Decidió hacer una visita a la iglesia bautista local de la zona con el único propósito de interrumpir a los «traidores de la verdadera fe».

«Fui al servicio religioso durante el Ramadán porque me consideraba un musulmán devoto», dice. «Quería demostrar mi fe a Alá».

Roman atravesó las puertas de la iglesia, se sentó y comenzó a elaborar su plan. Pero cuando comenzó el servicio religioso y el pastor empezó a hablar, Roman no pudo hacer lo que había venido a hacer. No se atrevió a levantarse y hacer una escena. Las palabras que oyó decir al pastor le conmovieron demasiado.

«Por primera vez oí hablar de un Dios que me amaba», dice. «Nunca supe que el Dios Todopoderoso me amaba, aunque no fuera perfecto».

La sorprendente y sanadora verdad de un Dios que ama incondicionalmente a su creación comenzó a lavar una vida de culpa.

«Ese pensamiento [de ser amado, aunque no sea perfecto] en serio nunca se me pasó por la cabeza. Siempre me sentí culpable. Sentía que tenía que ganarme su atención».

Las palabras que Román escuchó aquel día, centradas en el amor, la misericordia y el perdón, cautivaron el corazón del perseguidor. Y entonces ocurrió algo que no esperaba: lágrimas, oraciones a Jesús, arrepentimiento y alegría. Sentado en aquel servicio religioso en una iglesia baptista, el hombre que había dedicado su vida a perseguir a los cristianos se convirtió en un seguidor de Jesús. La historia de Román no es muy diferente a la de otro antiguo perseguidor de cristianos que hace 2.000 años escribió las palabras que leemos y a las que nos aferramos hoy:

«Porque he sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. La vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.»

Dice Roman: «Nunca quiero volver a la fe musulmana».

La cercanía de un Dios que escucha

Como Roman, Fátima también era una musulmana devota de Asia Central hasta el Ramadán del año pasado. En Chechenia, de mayoría musulmana, donde vive, la persecución de los cristianos sigue aumentando.

Todas las noches, durante más de cinco años, Fátima había rezado para obtener alivio y curación. El miedo y la ansiedad se habían apoderado de ella, lo que había provocado continuas pesadillas y noches de insomnio.

«Las oraciones musulmanas no me ayudaron», dice Fátima.

Sabiendo lo que estaba sufriendo, una de sus amigas, Indira, vino a ver a Fátima durante el Ramadán del año pasado. Indira le habló a su amiga del Jesús que había encontrado. Entonces invitó a Fátima a venir a una reunión cristiana, un grupo secreto en casa.

«Durante varias semanas me negué a ir», recuerda Fátima. «Me consideraba musulmana y temía que fuera una traición al islam encontrarse con cristianos, especialmente durante el mes puro y sagrado del Ramadán».

«Pero no pude soportar más mi estado [emocional] y decidí ir. Todo lo que oí en esa reunión me llegó al corazón, pero me negué a aceptar a Jesús, pues no quería ser culpable de abandonar el islam. Después de dos semanas, comprendí que mi fe [musulmana] no podía ayudarme. Sabía que tenía que hacer algo o el diablo me mataría. Fui de nuevo al grupo de casa y acepté a Jesús en mi corazón y le pedí que me sanara a mí y a mi vida».

Esa experiencia, dice, fue extrañamente sorprendente.

«Esperaba sentirme culpable por haber traicionado al islam», explica, «pero no había ninguna culpa. Cuando llegué a casa, sentí paz y alegría. Esa noche dormí muy bien, sin pesadillas, sin miedos y sin malos pensamientos».

«Y no podía dejar de pensar: ¿Qué hubiera pasado si mi amiga Indira no me hubiera visitado aquel Ramadán cuando estaba en un estado tan crítico? Ahora oro para que mis padres acepten a Jesús. Sé que es posible que Él toque sus corazones, aunque sean musulmanes».

En el nombre de Jesús

En otra zona de Asia Central, en Turkmenistán, Hadija* también está agradecida por una amiga atenta. * Es una profesional de la salud de urgencia en su pueblo. Su marido, un musulmán devoto, obligaba a Hadija a rezar y ayunar durante el Ramadán. En su mente, ganaría más favor a los ojos de Alá si podía enseñar a su mujer a ser una «buena musulmana».

Sabiendo que el marido de Hadija la oprimía, una amiga cristiana de Hadija fue a visitarla durante el Ramadán del año pasado y acabó compartiendo su fe y el Evangelio con su dolida amiga. Hadija aprendió de su amiga que podía orar en cualquier momento en el nombre de Jesús y que Dios la escucharía y respondería.

«Fue una revelación tan increíble», dice Hadija, «¡que mi Gran Dios y Creador pudiera hablarme! Me tocó tan profundamente».

¿Pero qué fue lo siguiente? Hadija seguía viviendo con un marido que la obligaba a participar en los rituales musulmanes. Esa opresión no había hecho más que aumentar con el Ramadán.

Hadija sabía que hacer una confesión pública era una decisión fatal. «Mi marido me habría matado si me convertía», dice.

Cuando llegó el momento de la siguiente oración, Hadija siguió el procedimiento de extender la alfombra y arrodillarse sola en la habitación para orar. Pero sintió que no podía hacerlo como antes. En su lugar, Hadija cogió el Injil (el Nuevo Testamento en lengua turcomana) y empezó a leer las Escrituras.

De repente, entró su marido. Hadija sólo pudo esconder el libro en su vestido largo. Hadija fingió estar rezando las oraciones musulmanas, pero cuando él salió, ella oró en nombre de Jesús.

«Ahora oro en el nombre de Jesús todos los días», dice en voz baja, pero con alegría. «Odiaba las oraciones musulmanas porque siempre eran algo que me obligaban a hacer. Ahora me gusta mucho orar y lo hago en cualquier momento y en cualquier lugar. Me sana el corazón y me llena de amor por los demás».

*Nombres cambiados por seguridad