Reflexiones Nigeria | 29 enero 2022
«El Eterno Dios es tu refugio»
Siempre habrá un lugar para esconderse en la presencia de Dios por muy oscura que sea la noche

 

 

Cuenta una antigua historia que una noche durante una terrible tormenta, un hombre caminaba por la orilla del mar. Las nubes estaban bajas, el viento aullaba con fuerza y los truenos rugían. Los rayos resplandecían haciendo de la noche el día y la lluvia caía a torrentes. 

Aquel hombre se ciñó su abrigo, encaró la fuerza del viento y continuó caminando rápidamente hacia su casa. De repente, durante el trayecto, un pajarillo perdido en la tormenta buscó refugio cerca del él acoplándose bajo su abrigo. 

El hombre lo tomó en su mano, lo llevó hasta su casa y tras secarle el plumaje, lo albergó en una cálida jaula. Al día siguiente, tras la terrible noche de tormenta y con el cielo ya despejado, llevó al pajarillo hasta la puerta y abriéndole la jaula le mostró el camino de vuelta hacia el bosque. Este se quedó durante un momento parado para luego, abrir sus pequeñas alas y volar hasta su hogar. 

Esta experiencia sirvió para que aquel hombre, Carlos Wesley escribiera una canción que ha sido cantada en todo el mundo por miles de creyentes que, como ese pajarillo, han experimentado el cuidado divino en los momentos más difíciles de sus vidas. 

Ruth, la mujer de Steven, pastor en una congregación en Nigeria, junto con sus cinco hijas fueron secuestradas en septiembre del 2020 por los ganaderos fulani. Ellos buscaban mediante su secuestro el pago del rescate, que finalmente pudo realizarse.  

«Finalmente, llegó el día de nuestra liberación. Mi padre entregó el dinero y los bienes en el lugar acordado. Entonces los hombres que nos secuestraron volvieron al campamento a por nosotras. Teníamos hambre y estábamos débiles, pero la idea de ser libres y reunirnos con nuestros padres nos dio fuerzas. Seguíamos agradeciendo a Dios mientras caminábamos por el bosque». Dice Dámaris, una de las hijas secuestradas. 

Pero el sufrimiento de estas chicas no terminó ahí, en el camino de regreso a casa, algunos de los hombres que las custodiaban violaron a Faith, otra de las hermanas secuestradas hasta en dos ocasiones.  

Después de todo este sufrimiento, las niñas regresaron a casa y pudieron reunirse con sus padres. «Lloramos juntos y cantamos canciones de alabanza a Dios. Cuando compartimos nuestra experiencia con ellos simplemente lloraron». Dice Faith. 

¿Y cuántas veces nuestros hermanos perseguidos como en la historia de Faith, Dámaris y sus hermanas han sufrido la violencia del viento y la tempestad como aquel pajarillo? A pesar de esa circunstancia, hay una verdad inmutable para aquellos que han depositado su fe en Cristo. El Dios eterno es su refugio, es nuestro refugio. Siempre habrá un lugar para esconderse en la presencia de Dios por muy oscura que sea la noche o muy profunda que sea la tormenta. 

Y que en los momentos de mayor dificultad podamos siempre cantar el himno que fue inspirado por aquella noche tempestuosa: 

«Cariñoso Salvador, huyo de la tempestad a tu seno protector, fiándome de tu bondad.

Cúbreme, Señor, de las olas del turbión hasta el puerto de salud, guía mi pobre embarcación.

Otro asilo ninguno hay, indefenso acudo a ti. Mi necesidad me trae, porque mi peligro vi.

Solamente en ti, Señor, puedo hallar consuelo y luz. 

Vengo libre del temor, a los pies de mi Jesús.» 

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