Reflexiones Irán | 21 mayo 2022
Clamor en medio de la desesperación
El Señor nunca prometió que no sufriríamos, sino que estaría con nosotros y que nos sacaría de la aflicción en el momento oportuno.

 

 

Entonces en su angustia clamaron al Señor y Él los sacó de sus aflicciones.

Salmo 107:28

Ali, un hombre iraní, vivía la tragedia de la adicción a las drogas. Esta adicción le estaba arruinando la vida. No sé cómo llegó a clamar al Señor porque esta parte de su testimonio la desconozco. Sin embargo, sé que el Señor respondió a su clamor le rescató de dónde estaba.

Fue sacado, como describe tan gráficamente el salmo 107:13 y 14: «Los libró de sus aflicciones; Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones». Este cambio en su vida fue tan fuerte para él y su esposa Zahra que decidieron que nunca abandonarían a Cristo por lo que Él había hecho en sus vidas.

Sería maravilloso si este fuera el final feliz de su historia. La verdad es que la vida cristiana es más compleja que una salvación de nuestras aflicciones causadas por el pecado. La vida sigue y los problemas vuelven a surgir. Los salmos me dan mucho aliento porque reflejan la verdad y nos permiten ver cómo respondieron a estas dificultades en el pasado.

De nuevo, el salmista describe muy gráficamente otra etapa de sufrimiento al que tiene que afrontar el que confía en Dios. Se encuentra en los versículos del 23 al 27. Los que descienden al mar en naves, y hacen negocio en las muchas aguas, ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal. Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es inútil.

Tim Keller, en su libro Los Cánticos de Jesús dice que la tormenta en el mar es una metáfora de las circunstancias de la vida que superan a las personas. Tal como describe el salmista, las olas son tan grandes que el marinero no tiene más opción que dejarse llevar por ellas y esperar que no le traguen y le lleven al fondo del mar.

El salmista una vez más afirma que la respuesta ante tal situación es clamar a Dios. Ali y Zahra tuvieron que aprender esta lección al poco de haber entregado sus vidas a Cristo. En Irán, abandonar el islam para seguir a Cristo es un delito castigable con la cárcel. Ellos acabaron siendo arrestados y encerrados en una celda oscura sin manta ni retrete. Zahra cuenta cómo lo único que le mantenía firme era su convicción de que había personas llorando con ella y orando con ella.

Ali y Zahra clamaron al Señor y salieron de la cárcel después de haber sido interrogados violentamente. Sin embargo, no fue el fin de su sufrimiento. Al salir de la cárcel se encontraron que sus hijos no podían continuar con sus estudios ni Ali podía encontrar trabajo. Los que habían sido sus amigos se convirtieron en enemigos y la familia los abandonó. Para colmo, la policía podía volver a arrestarlos para más interrogatorios en cualquier momento.

Su situación se volvió tan insoportable que tuvieron que abandonar su país. Él Señor les abrió el camino para su salida y una familia en Cristo que les acogió en Turquía para proveerles la ayuda que necesitaban para comenzar una nueva vida en este país y empezar a sanar de todas sus heridas emocionales y espirituales recibidas como resultado de los interrogatorios.

El Señor nunca nos prometió que no sufriríamos. Prometió que estaría con nosotros cuando sufriéramos y que nos sacaría de la aflicción en el momento oportuno.

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