Reflexiones 04 junio 2022
Gente pequeña en manos de un gran Dios
Al igual que el contemplar el universo, nuestros problemas y dificultades nos hacen sentirnos pequeños, sin posibilidad de seguir adelante

 

 

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

Salmos 8:3-4


David se quedó mirando la extensión del cielo, todo lo que Dios había creado y, maravillado de la grandeza de su creación, no pudo hacer más que preguntarse, ¿qué es el ser humano para que Dios lo tenga en cuenta?

El número de estrellas es incontable. Son tan grandes y están tan lejos la una de la otra que nos cuesta captar la enormidad de la creación de Dios. Por lo tanto, dimensionar al ser humano, en comparación con la grandeza de Dios es como comparar el tamaño de una persona con una diminuta mota de polvo. No nos debe extrañar que David sintiera asombro por el hecho de que Dios nos hiciera caso.

«¿Qué es el ser humano para que Dios se acuerde de él? Es un ser tan querido que su Hijo, Jesucristo, dio su vida por él».

El universo nos hace sentirnos pequeños frente a la grandeza de Dios. Pero hay otras cosas que también nos hacen sentirnos pequeños. Me refiero a los problemas en la vida que dificultan tanto la vida, que parece imposible seguir adelante. Ruslan, de Asia central, nos cuenta cómo los clérigos de los pueblos donde hay cristianos convertidos del islam, les oprimen de tal forma que sus vidas llegan a ser insostenibles. Expulsan a sus hijos de las escuelas. Les prohíben llevar a sus animales a los campos a pastar. Les impiden el acceso al riego de sus campos para que tengan cultivos. A simple vista, no les quedaría otra opción que volver al islam.

Sin embargo, teniendo en cuenta las dimensiones de Dios, estas dificultades no son insuperables. Gracias al apoyo de cristianos fieles, Puertas Abiertas puede hacer que la familia de Dios cumpla su función, cubrir las necesidades de los que tienen menos. Al recibir la ayuda enviada, los cristianos perseguidos se dan cuenta de que no están solos y que Dios los ama. Reciben el apoyo que necesitan para escolarizar a sus hijos, para alimentar a su ganado y cultivar sus tierras. Justo lo que los clérigos les quisieron quitar.

Cuando contemplamos la grandeza de la creación de Dios, nos damos cuenta de lo insignificantes que somos. Cuando nos centramos en nuestras dificultades, podemos pensar que son tan grandes que Dios no los puede superar. La realidad es que Dios es superior a nuestras dificultades a la misma medida que lo es el universo en comparación con el ser humano.

¿Qué es el ser humano para que Dios se acuerde de él? Es un ser tan querido que su Hijo, Jesucristo, dio su vida por él. No hay mayor muestra de amor en el universo que uno dé su vida por un ser querido. Jesús lo hizo. El ser humano, o sea tú y yo somos de un valor incalculable para Dios. Nuestro hermano que sufre persecución y desconocemos su nombre es de un valor incalculable para Dios. Nosotros debemos valorar lo que Dios valora de la forma en que Él lo hace.

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