Noticias Nigeria | 19 febrero 2022

Marcada para siempre

El de Leah no es el único caso: hay muchas como ella que nos necesitan.

 

 

Cuando Agnes habla sobre aquel día de enero de 2019, cuando los militares de Boko Haram llegaron a su pueblo, parece como desubicada, como si estuviera hablando de la vida de otra persona. «Estábamos trabajando en las granjas cuando de repente hombres armados se acercaron a nosotros. Cogieron a tres de nosotras. Después, mataron a mis dos amigas. Fui la única que sobrevivió».

Agnes aún está traumatizada. En las manos de sus captores, la vida era una pesadilla. «Sufrimos muchísimo durante el tiempo que estuvimos en cautiverio. Nos forzaban a trabajar intensamente para ellos. Continuamente nos incitaban a renunciar a Cristo. Me dejaron en manos de una mujer que estaba casada con uno de los combatientes. La mujer seguía siendo cristiana en secreto. Me dijo que fingiera para estar a salvo. Cuando ellos me preguntaran si renunciaba a Cristo, debía decir que sí, pero en lo más profundo de mi ser sabía que debía aferrarme a Dios. Cuando ellos rezaban a “Allah”, yo oraba a Cristo».

Fue una decisión imposible: «La mujer me advirtió que si no quería morir, como mis dos amigas, debía hacer lo que ellos me decían. Así que les dije que quería convertirme al islam».

Su decisión la mantuvo con vida, pero las cosas no fueron necesariamente fáciles para Agnes. «Sufrí mucha violencia a manos de ellos. Especialmente cuando todavía mencionaba el nombre de Jesús. Incluso llegaban a golpearme hasta dejarme inconsciente».

A pesar de todo, Agnes recordaba una canción que su padre y sus hermanas le enseñaron. «Cuando mis hermanas y yo crecimos, en ocasiones nos preocupaba que esa gente nos atacara. En esos momentos, mi padre nos cantaba esta canción: “Dios nunca nos fallará. Dios nunca nos abandonará. Aun cuando haya sufrimiento y persecución, Dios nunca nos dejará”».

La canción y las promesas fundamentadas en las Escrituras, la mantuvieron firme. «En los Salmos hay un verso que dice algo así como, no importa los problemas y el sufrimiento que atravieses, espera en Dios. Él cuidará de ti. Realmente esto me ayudó a reducir mi preocupación. Volví a tener fe en que algún día volvería a encontrarme con mi familia. Esos versos me animaron. Además, la mujer con la que me quedé, estaba profundamente aferrada a la Palabra de Dios. Eso me ayudó a seguir adelante».

Después de dos años Agnes tuvo la oportunidad de escapar de allí, por fin.

«El día que escapé, fue enviada junto a otra joven a buscar verduras en el bosque. Fuimos escoltadas por dos guardias armados. Cuando nos alejamos un poco a través del bosque, nos dijeron que buscásemos verduras porque ellos tenían que ir a algún sitio (se suponía que volverían a por nosotras). Nos dejaron solas. Entonces, la chica con la que estaba me dijo que corriera junto a ella para ser libres. Después de un largo viaje, nos acercamos a un pueblo cerca del mío. Sin embargo, no pude recordar muchas cosas, porque todo había cambiado. El pueblo estaba desierto. Todas las casas estaban destruidas. Pero igualmente, decidimos caminar a través del pueblo».

En ese lugar, Agnes y su amiga vieron a soldados que las llevaron a un pequeño campo dónde el ejército nigeriano mantiene secuestradas a las personas que escaparon o que son rescatadas. Agnes tuvo que esperar hasta que un miembro de la familia pudo venir e identificarla oficialmente.

Durante esos dos años con Boko Haram, probablemente Agnes soñaba el día en que se volvería a reunir con su familia, imaginando a su madre corriendo hacia ella con los brazos abiertos, su padre abrazándola con fuerza y sus hermanas cantando y bailando porque su hermana pequeña había regresado. Pero la realidad distaba mucho de ese sueño.

Nadie vino a por Agnes.

«El día que fui libre, sentí una profunda alegría en mi corazón. Permanecí con los soldados, pero nadie de mi familia se preocupó en venir a recogerme… Nadie vino a verme. Mis padres estaban muy lejos, en otra ciudad; y los familiares y amigos que me quedaban rechazaron venir a por mí y darme la bienvenida porque me consideraban como una de las esposas de Boko Haram. “Ya me habían condenado”».

Este es tristemente un suceso que ocurre entre los supervivientes que han sido secuestrados por Boko Haram. Puertas Abiertas suele conocer a jóvenes mujeres valientes que consiguen escapar, solo para conseguir que sus comunidades, e incluso familias, las rechacen y se avergüencen de ellas. El estigma asociado a las mujeres que escapan es difícil de entender y está profundamente arraigado en la falsa percepción de que han sido adoctrinadas, y cualquier niño nacido en cautiverio lleva la semilla de Boko Haram.

Finalmente, la hermana de Agnes fue a buscarla, pero traía con ella una mala noticia. «Me informó de que mi padre estaba gravemente enfermo y estaba recibiendo tratamiento. Durante dos años no vi a mi padre. Y a pesar de eso, no podría volver a verlo. Mi padre falleció la misma semana que regresé a casa».

«Cuando volví a casa, me negué a salir de la casa porque la gente hablaba de mí. No me mostraron amor en absoluto. Nadie vino a saludarme. Todo lo que hacían era reírse de mí y suspirar con desprecio. En ese momento le dije a mi hermana que si hubiera sabido que me iban a tratar de esa manera, me habría quedado en el bosque o incluso que prefería estar muerta».

«Durante un tiempo, llegué a dejar mi hogar y mi comunidad para ver si encontraba la paz. Pero no la he encontrado. Afortunadamente estos días las cosas han ido a mejor, aunque la gente todavía sigue insultándome en ocasiones».

La recuperación no ha sido sencilla ni para Agnes ni para su familia. La relación con su madre en ocasiones es tensa. Necesitan más tiempo para reconocer el pasado y reparar el vínculo. Gracias a vuestro apoyo, Agnes, y muchas otras mujeres como ella no están solas en este camino. Vuestro apoyo ha permitido a Puertas Abiertas encontrar mujeres como Agnes y Hannatu (la mujer sobre la que hablamos el año pasado) y ofrecerles ayuda integrada a través de proyectos como la atención en trauma para apoyar su salud física y emocional.

Tal y como recordamos a Leah y oramos por ella, debemos recordar que Leah y Agnes, representan probablemente miles de mujeres y niños más que aún están en manos de Boko Haram.

«Quisiera que todos los creyentes en Cristo orasen por todas las mujeres que siguen en cautividad. Que Dios intervenga en cada situación. También querría que orasen por mí, que Dios pusiera fin al rechazo por el que estoy pasando. Orad también por los miembros de mi familia y comunidad que me han estado rechazando, que Dios abra sus ojos para que vean que lo que están haciendo no es lo correcto».

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ORA

Da gracias a Dios por las chicas que han sido liberadas y que han podido volver a casa.
Ora para que Dios sane cada herida y que la comunidad pueda recibir a chicas como Agnes restaurándoles la dignidad.
Pide a Dios que Agnes pueda experimentar paz en su corazón.

UNA ORACIÓN POR AGNES JOHN

Señor, te doy gracias por cada chica que ha sido liberada. Te pido que restaures la dignidad de cada una de ellas, y que obres en sus vidas. Te ruego concretamente por Agnes, para que ella pueda sentir paz en su interior. Amén.