Historias Mozambique | 28 febrero 2022
Dios nunca me abandonó
Junto con otros 4000 desplazados, Lorena tuvo que huir de su aldea tras un brutal ataque.

 

 
El marido de Lorena fue violentamente asesinado cuando los insurgentes llegaron a su pueblo, una pequeña aldea de Mozambique. Junto con lo que quedaba de su familia, Lorena tuvo que huir a una ciudad del sur. Gracias a tu constante apoyo, Lorena y su familia son parte de los 4000 desplazados que Puertas Abiertas pudo apoyar con ayuda de emergencia en 2021.
Sarata

Aún no es mediodía, pero la alta temperatura y la humedad comienzan a hacerse notar. Sin embargo, hay algo bueno en esta ciudad: por el momento, se ha mantenido a salvo de los extremistas.

Lorena es originaria de un pequeño pueblo pesquero del norte de Mozambique. Es una de los miles de desplazados que tuvieron que huir. Como tantos otros, debe reconstruir una vida para ella y su familia a partir de la nada.

Lorena tiene 40 años, pero parece mucho mayor. La viuda parece algo cohibida mientras se mete una tela bajo el brazo donde su blusa azul tiene un desgarro. Nos sentamos bajo un árbol; ella se muestra amistosa, aunque reservada, y nos mira con atención. Sus pastores le han insistido en que es seguro hablar con nosotros, pero es difícil fiarse de alguien cuando te lo han arrebatado todo. Además, hay una pregunta latente: ¿cuándo llegarán los extremistas a esta ciudad?

A principios de 2021, miembros de al-Shabab atacaron el pueblo de Lorena. «Esa malvada gente vino y nos destruyó. Nos sumieron en la pobreza, ahora no tenemos nada. Llegaron y destruyeron todo». Aquel ataque sorprendió a todo el pueblo. Los hombres estaban pescando, mientras que las mujeres y los niños hacían sus quehaceres en la aldea.

Toda la aldea fue sorprendida con la guardia baja cuando los insurgentes atacaron. Los hombres estaban pescando y las mujeres y los niños estaban en el pueblo haciendo sus tareas. «Los oímos llegar, así que nos fuimos del pueblo y huimos al campo. Sin embargo, nuestros maridos, que estaban pescando en el mar, fueron capturados al llegar a la orilla. Finalmente, también nos encontraron a nosotras y nos rodearon».

Ora con Lorena
  •  Da gracias a Dios por haber guardado a Lorena y a sus hijos durante este tiempo.

  • Ora para que Dios sane sus heridas emocionales y quite los malos recuerdos con nuevos momentos de gozo a los que ella pueda aferrarse.

  • Ora por los creyentes desplazados en Mozambique, para que encuentren la paz en Dios y pongan su confianza en Él.
Una oración por Lorena

Señor, te doy gracias por haber guardado las vidas de Lorena y su familia. Te pido que continúes bendiciéndola, a ella y a sus hijos, así como a las personas que están bajo su cuidado. Te pido que sanes las heridas que aún le duelen, y que los creyentes en Mozambique encuentren en ti la paz y la seguridad de que Tú cuidas de ellos. Amén.

Los radicales hicieron algo tan inesperado como tortuoso: en lugar de matar a las mujeres y los niños, les obligaron a presenciar el brutal asesinato de sus maridos, padres y hermanos. Cuando terminaron con esto, abandonaron a aquellas familias a su suerte. Aquello dejo muchas bocas que alimentar, pero también muchas heridas difíciles de sanar.

«Quizás no lo creas, pero te lo digo delante de Cristo: pasé 22 días sin comer», dice Lorena. «No podía tener buenos pensamientos; pero, aunque estaba enfadada, mis hijos me necesitaban». Incluso ahora, muchos meses después de aquello, Lorena llora al recordar aquel ataque. Pero no pierde su fe.

«No confío en nadie más, sólo en Dios y en Jesús. Él nunca me abandonó. Me guardó a mí y a mi familia, y por eso seguimos vivos».

Volver a la aldea no era una opción, así que Lorena y su familia decidieron viajar al sur, a una ciudad en la que vivía un primo y donde esperaban encontrar refugio. Sin embargo, el resultado de aquello no fue el esperado, ya que su primo la culpó del asesinato de su marido.

Nuestros colaboradores nos informan que esta es la situación a la que se enfrentan muchos otros. Al principio, los familiares de las ciudades más grandes están dispuestos a acoger a los desplazados, pero una vez que se hace realidad que esos familiares a los que sólo veían ocasionalmente ahora están allí para quedarse y dependen de ellos, la generosidad se disipa rápidamente. Las alternativas son vivir en campamentos de desplazados superpoblados o en terrenos desechados donde las condiciones son miserables.

Poco después, Puertas Abiertas entregó ayuda de emergencia a casi 4.000 desplazados por la violencia en Mozambique, entre los que se encontraba Lorena y su familia. «Os doy las gracias. Me habéis ayudado a alimentar a mis hijos. Que Dios os bendiga y proteja siempre».

«Donde vivimos ahora tengo paz», dice Lorena. «Puedo dormir y descansar. Allí, en mi aldea, siempre escuchaba disparos».

Le preguntamos a Lorena si alguna vez se ha planteado volver a su pueblo. Su respuesta fue un chasquido de lengua, un fuerte movimiento de cabeza y una expresión en su rostro que indicaba claramente un firme «nunca». Puede que haya abandonado el pueblo, pero la realidad es que los acontecimientos de ese horrible día permanecerán con ella y le atormentarán durante mucho tiempo a menos que reciba ayuda. «Me siento mal al recordar lo que pasó. Aquello fue algo tan malo… lo que sucedió, lo que vi, no puedo regocijarme, es algo negativo. Cuando recuerdo lo que sucedió, lloro. Derramo muchas lágrimas, porque fue mucho lo que perdí».

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Lorena, junto con muchos otros cristianos del norte de Mozambique, necesita apoyo continuo, sobre todo emocional, para sobrevivir y posiblemente incluso prosperar, a pesar de la creciente persecución. La mayoría de las personas están traumatizadas y mal equipadas para hacer frente a la violencia selectiva.

 A pesar de todo, ella continúa aferrada a Cristo: «Mi relación con Dios está bien. Leo mi Biblia, siempre la llevo. Cuando llega el domingo voy a la iglesia. Continúo orando para que Dios nos dé fuerza y vida a mis hijos, a mis hermanas y a mí, para que podamos salir adelante».

Lorena, al igual que miles de creyentes en Mozambique, necesita nuestro apoyo continuo. Gracias a ti, ella ha podido sobrevivir e, incluso, prosperar, a pesar de la constante persecución.