Historias Irán | 09 agosto 2021
Kouroush

Kouroush escapó de Irán para huir de la feroz persecución y la amenaza de la cárcel.

 

 

Kouroush: Un lugar seguro en medio de la desesperanza

Cada año, cientos de cristianos iraníes huyen del opresivo régimen islámico. Aunque escapan de la feroz persecución y la amenaza de la cárcel, la nueva vida que comienzan como refugiados en la región es dura y puede ser desesperanzadora. Con tu apoyo, las iglesias locales están levantando centros comunitarios como lugares seguros para recuperarse y seguir adelante. El joven líder Kouroush, también refugiado, comparte su historia.

Sarata

Cuatro paredes, un techo, mucho polvo y material de construcción: así se ve el centro comunitario de una gran ciudad de Turquía cuando lo visitamos. Pero eso no es lo que ve Kouroush cuando mira a su alrededor: «Aquí haremos la entrada, y esta parte será la biblioteca», señala. «Y en ese pasillo de atrás tendremos los discipulados».

Kouroush creció en una familia musulmana en Irán. Escuchó el evangelio por primera vez en el instituto, pero se molestó con el amigo que le habló. Años más tarde, ese mismo amigo lo invitó a una reunión de la iglesia en casa y aquello desató su búsqueda del Dios verdadero.

Fue una lucha para él admitir que todo lo que había aprendido de sus padres no era cierto pero, cuanto más estudiaba, más se daba cuenta de que era un pecador y de que Jesús es el Salvador Todopoderoso. Así, una noche se entregó a Cristo: «Oré: Te necesito y quiero confiar en ti, te doy mi vida.»

Kouroush fundó una iglesia en una casa y llegó a ser un líder. Pero aquello tuvo un precio: se enfrentó al arresto y la tortura. Todavía está asombrado por la injusticia que vivió en prisión: «No cometí ningún crimen que mereciera esto. No maté a nadie, no robé nada. Todo lo que hice fue entregar mi corazón a Jesús

El tiempo en prisión no le asustó. Una vez liberado continuó su ministerio, pero el servicio secreto lo localizó nuevamente y no tuvo otra opción que dejar su amado país y huir a Turquía.

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Un lugar seguro. Un lugar para volver a sentirse como en casa y hablar con personas en su mismo idioma. Un lugar para compartir su historia y encontrar ayuda. Un lugar también donde pudiera satisfacer su hambre de la Palabra de Dios. « Y no soy el único», dice.

«Encontrar un lugar así es uno de los mayores desafíos para cualquier refugiado iraní

Ese espacio seguro que no tuvo cuando llegó a Turquía es lo que ahora habilita para los demás. «¿Cómo crear esperanza?» es la pregunta que él y su iglesia local se hicieron. En los planos del centro, la respuesta se hace real: hay espacio para las necesidades espirituales, una biblioteca llena de libros cristianos en farsi y una sala para cursos de discipulado. Además, un refugiado puede compartir su historia tomando una taza de té en la cafetería o recibir consejo bíblico. La distribución de productos sanitarios también se lleva a cabo desde el centro.

Kouroush quiere agradecer vuestro apoyo: «Sin la familia internacional de Dios no hubiéramos podido fundar este centro. Siento que la mano de Dios estuvo en esto: nos unió a todos

Mientras los constructores todavía están ocupados instalando baños y construyendo muros, él ya cuenta los días para la apertura: «Estoy ansioso por ver lo que Dios va a hacer aquí, por ver los frutos de este centro. ¡Todo para glorificar el nombre de nuestro trino Dios!»