Noticias República Democrática del Congo | 10 febrero 2016
Congo: La historia de Mado

Una mujer joven congoleña pasó 15 meses en cautividad con militantes islámicos en la República Democrática del Congo. Esta es su historia tal y como la cuenta a Puertas Abiertas. Para conservar su seguridad, World Watch monitor no publica su nombre verdadero. Nos referiremos a ella como "Mado".

 

 

Todo empezó un sábado de febrero de 2013. Mado estaba embarazada y volvía de su pequeña granja con algunos productos. Con ella estaba su marido, uno de sus dos hijos jóvenes y su cuñado. Su hijo más joven estaba en casa al cuidado de unos familiares.

Por el camino, el grupo en el que iba Mado se encontró con unos hombres que pedían ayuda para llevar su equipaje. Como no iban armados no vieron ningún peligro, pero había hombres armados escondidos en un arbusto pertenecientes a la MDI (Defensa Musulmana Internacional, por sus siglas en inglés). Les ataron las manos y les metieron dentro de la jungla.

"De repente mataron a mi cuñado delante de mis ojos", dijo Mado. "Lloré desconsoladamente. Uno de los que iban armados se enfadó conmigo y me golpeó con la parte plana de un machete y luego me vendaron los ojos. Poco tiempo después escuché a mi marido gritar. Uno de ellos me quitó el vendaje de los ojos y me enseñó un machete con sangre. Me dijeron que habían ‘liberado’ a mi marido y me amenazaron diciéndome que me harían lo mismo a mí si no paraba de llorar. Cuando me entregaron su documentación y su ropa supe que estaba muerto", dijo.

Cuando el grupo llegó a la "guardia rebelde" llamada Medina, Mado vio un incontable número de personas capturadas: hombres, mujeres y niños. El sitio se parecía más bien a un pueblo que a un campamento. Algunos prisioneros estaban vendados y atados a árboles. "Me pusieron con otras once personas en un hoyo de aproximadamente cuatro metros. Era terrible y no sabíamos cuánto tiempo nos tendrían allí. No había escapatoria. Una niña intentó escapar y la mataron", dijo Mado, y continúa: "Al final estuvimos en el hoyo unos cuatro meses. Después me uní con los otros como esclavos. Construimos casas, cargamos leña y machacamos arroz. Nos daban comida, pero no conocíamos su procedencia. Dos meses después me sacaron del hoyo y di a luz a mi bebé, pero no vivió mucho tiempo".

"Por miedo hicimos todo lo que nos mandaban. A todos en el campamento se nos obligaba a convertirnos al Islam o moriríamos. Dos meses después de que mi bebé muriera, me renombraron Asma y me obligaron a ser la esposa de un musulmán ya entrado en años. Las chicas que intentaban escapar siempre eran asesinadas, pero casi un año y medio después de haber llegado a Medina, vi mi primera ocasión para escapar. No habíamos comido nada adecuado durante ocho días. Planeamos con los captores ir a la jungla a buscar setas. Nos dieron el permiso. Mientras estábamos allí escuchamos a tropas del Gobierno avanzando hacia Medina. Cuando escuchamos muy de cerca los tiros tuvimos la oportunidad de correr a diferentes direcciones. Algunos de nosotros, incluido mi hijo, corrieron hacia el río porque los rebeldes siempre nos habían dicho de evitarlo. Nos encontramos con un campamento de tropas del Gobierno que nos ayudaron y posteriormente nos trasladaron a Beni. Poco después ya estaba reunida con mi familia".

Después de la dura prueba, Mado se ha enfrentado a una exclusión sutil por parte de su entorno. "La gente está nerviosa. Algunos se preguntan cómo es posible que pudiéramos liberarnos a nosotros mismos y no a los demás", dijo. "Algunas personas incluso dicen que nos dejaron ir porque tenemos vínculos con el MDI. Incluso algunas personas ahora no nos ven con buenos ojos".

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