Noticias Filipinas | 14 octubre 2021
Dios me llamó, y no vuelvo atrás
Precious llegó a la fe cuando estuvo a punto de quitarse la vida, creyendo que ya no tenía propósito. 

 

 

Precious* (59 años), una creyente de trasfondo musulmán, llegó a la fe en Cristo en 1990, cuando estuvo a punto de quitarse la vida, creyendo que ya no tenía propósito. Todo cambió cuando se encontró con Cristo, cuando se dio cuenta de que su verdadero llamado era servir a Dios. 

Precious nació y creció en una familia islámica devota, y pertenecía a una tribu musulmana conocida por su valentía. Ella sabía que no podía revelar su fe en Jesús con ellos, así que, durante mucho tiempo, mantuvo su fe oculta. Con el tiempo, su familia se enteró de su fe, y no estaban contentos. La llamaron traidora y «serpiente» por haberse hecho cristiana. Aunque su familia la persiguió verbalmente, Precious siguió compartiendo el evangelio con ellos y con otras personas de la comunidad. 

Durante los últimos 31 años, Precious ha estado sirviendo a Dios, compartiendo el evangelio con muchos. Sin embargo, no fue hasta hace poco que los líderes de la Sharia se fijaron en ella. Descubrieron que Precious había estado compartiendo acerca de Jesús a la gente de su comunidad usando la Biblia en su idioma, y muchas personas han comenzado a seguir a Cristo a causa de ella. 

La noticia de que los líderes de la Ley Sharia se fijaron en ella se la dio a conocer uno de sus familiares. «Te lo digo porque te quiero», le explicó su pariente. Precious lleva más de diez años compartiendo el evangelio con este familiar, pero aún no ha aceptado a Cristo. 

Precious aún no sabe cuándo puede ser que estos líderes la cojan y quizá sea ejecutada. Está tomando precauciones. Desde que ella y los creyentes de su zona se han enterado de las recientes amenazas, la noticia les ha pasado factura. Han dejado de reunirse para frenar las sospechas, ya que los cristianos corren peligro cuando se descubre que viven en esa comunidad de predominio musulmán. 

A pesar de la situación, Precious y otros creyentes de la comunidad se han aferrado a las promesas de Dios. «Dios me llamó, y no vuelvo atrás ni dejar de compartir el Evangelio», dice. «Esta batalla no es mía; pertenece al Señor». Precious dice que se siente como David frente a Goliat. Confía en que Dios está con ella y la guiará, y que lo que ocurra es la voluntad de Dios. Dice que la persecución es una fuente de alegría para ella, porque Dios está actuando. Los colaboradores locales se mantienen en contacto con ella y oran con ella y la animan durante esta etapa. 

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