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La esperanza de Jesús en la Navidad está dando fuerzas a esta niña de 12 añitos para resistir con gozo
Aicha, de Burkina Faso, con solo 12 años ya ha enfrentado violencia, rechazo y dificultades por seguir a Jesús. Su fe sigue siendo firme, y ha sido ella quien ha dado a conocer el cristianismo a sus padres. Esta Navidad, quiere tener esperanza en el futuro.
Desde una perspectiva humana, Aicha no tiene muchos motivos para la alegría. Sus familiares la han golpeado. Sus padres no siempre llegan a fin de mes. Y sus otros familiares la han rechazado.
Pero la alegría brilla con fuerza en los ojos de esta niña de 12 años de Burkina Faso.
¿Por qué? Puede que tenga que ver con la promesa de la Navidad.
«La Navidad es el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo», dice Aicha. «La Navidad no consiste en comida ni en ropa, sino en recibir a Jesús en nuestro corazón. El mensaje principal de la Navidad es que Jesús, el Hijo de Dios, nació para salvar al mundo».
Al contar la historia milagrosa de la Navidad, queda claro lo mucho que significa para ella. Aunque es joven y ha enfrentado una persecución constante por seguir a Jesús, tiene una fe firme y fervor por que otros conozcan a Dios. «Este es mi mensaje para todo el mundo», dice. «Sea cual sea la vida que lleves, ven y recibe a Jesús como tu Salvador. Jesús te ama y te salvará de tus pecados».
Su madre, Asseta (42 años), está de acuerdo. «La Navidad es un gran acontecimiento, porque si Jesús no hubiera nacido, ninguno de nosotros se habría salvado», afirma.
Pero no fue Asseta quien primero le explicó a su hija el milagro de la Navidad. Ocurrió al revés.
Aicha y su familia viven en una pequeña comunidad de caminos de tierra, burros y árboles, en vez de carreteras, coches y bloques de pisos; y su modesta casa cobra vida gracias a las puertas de un azul intenso en paredes de piedra pálida, y a la ropa de un amarillo radiante que visten Aicha y sus hermanos, Azis (10 años) y su hermana Somaia (7 años). Como las tres cuartas partes de la población de Burkina Faso, aproximadamente, Aicha nació musulmana. Su madre y su padrastro, Asseta e Idrissa, y todos sus familiares profesaban el islam. Como ocurre en muchas comunidades del país, cristianos y musulmanes conviven en paz, por lo general.
Así fue como Aicha conoció a un hombre llamado el pastor Steven.
«El pastor Steven me preguntó de dónde era, y le dije que soy su vecina», recuerda Aicha. Él se había mudado hacía poco a la zona. Es un evangelista que suele desplazarse de un lugar a otro, compartiendo el evangelio con quienes conoce, y Aicha quedó cautivada por lo que él enseñaba sobre Jesús. «Le dije al pastor que quería entregar mi vida a Jesús, porque había oído que Jesús es el camino, la verdad y la vida».
Aicha decidió seguir a Cristo y empezó a ir a la iglesia con sus vecinos y los hijos de estos. Pronto empezó a notar cambios importantes en su vida y en su carácter, y vio lo mismo en Azis y Somaia, que también empezaron a ir a la iglesia.
No tardó en notarlo su madre también.
«Solía escuchar las conversaciones de los niños, y me di cuenta de que había un cambio en su comportamiento», dice Asseta. «Cuando juegan y un niño insulta a otro, enseguida recuerdan lo que se les enseñó: que a Jesús no le agradan los insultos. Pasa lo mismo cuando un niño se niega a compartir: recuerdan que Jesús recomienda compartir lo que tenemos con los demás.
»Noté que se volvieron más prudentes en su forma de comportarse en familia», continúa Asseta. «Cambiaron su manera de hablarnos [a nosotros, sus padres], y se volvieron más obedientes cuando les encargábamos alguna tarea. Recuerdan que Jesús dijo que los hijos deben obedecer a sus padres».
Aicha sabe que su comportamiento mejoró gracias a su fe. «Hubo un gran cambio en mi vida cuando acepté a Cristo como mi Salvador», recuerda. «Me volví amable y obediente con mis padres».
Esto le dio la oportunidad de compartir su nueva fe. «Me alegraba hablarles a mis padres sobre Jesús, porque quería que ellos también creyeran en Él», explica Aicha.
Los cambios en Aicha alegraron e intrigaron a Asseta, pero ella no estaba lista para explorar el cristianismo por sí misma.
Pero eso empezó a cambiar cuando Idrissa enfermó gravemente.
Al principio, la familia buscó ayuda en la comunidad. «Empezaron a tratar[lo] con medicina tradicional, sin ningún resultado», recuerda. «Cuanto más lo trataban, peor se ponía. Mi familia ya no tenía dinero para continuar con el tratamiento».
Fue entonces cuando alguien le sugirió a Asseta que llevara a Idrissa al pastor Steven para que orara por él. Aunque dejaba que Aicha fuera a la iglesia con sus amigas, no podía imaginarse llevando a Idrissa para que los cristianos oraran por él. Iba en contra de todo lo que ambos habían recibido desde niños.
«Endurecí mi corazón», dice. «Me dije que, por muy grave que fuera la enfermedad, no lo llevaría a la iglesia».
Pero Dios intervino. Una noche, le habló directamente a Asseta.
«Escuché una voz que me hablaba y me decía: “Ve al pastor y encontrarás la solución”», recuerda. «La voz repitió esto tres veces». Aunque era medianoche, Asseta quiso responder a ese llamado de inmediato, pero no sabía cuál era la casa del pastor. Sí sabía, en cambio, que cerca vivía una mujer cristiana. Asseta fue directamente a su puerta a pedir ayuda, y juntas fueron a ver al pastor.
«Le expliqué nuestro problema y el pastor nos siguió hasta casa», dice Asseta. «Llevó a mi marido a entregar su vida a Jesús, y luego oró por él». La salud de Idrissa mejoró, aunque no se curó del todo. Pero él y Asseta recibieron algo mucho más valioso: decidieron entregar su vida al Señor. «Después de que mi marido y yo recibiéramos a Jesús, todos comenzamos nuestro camino como cristianos, y fue entonces cuando empezó nuestra persecución».
Aunque cristianos y musulmanes conviven en relativa armonía en su comunidad, eso no significa que los cristianos no enfrenten dificultades en algunos casos. La forma de persecución más denunciada en Burkina Faso es la violencia de yihadistas radicalizados, que atacan a comunidades enteras, y los creyentes son asesinados, mutilados o desplazados, y sus casas, sus iglesias y sus pertenencias destruidas. Pero esta no es la única forma de opresión a la que enfrentan los creyentes en el país.
Para los conversos como Aicha y sus padres, la persecución puede venir de mucho más cerca. Abandonar el islam se considera profundamente vergonzoso para la familia, y es probable que los nuevos creyentes enfrenten una presión extrema por parte de sus familias y comunidades para que vuelvan a su antigua fe, incluso cuando son tan jóvenes como Aicha. Incluso antes de que sus padres se convirtieran al cristianismo, Aicha ya enfrentaba persecución por su fe.
«El hermano mayor de mi padre y el hermano menor de mi madre solían golpearme por mi fe», cuenta. Incluso su tía se sumó a la violencia. Estaban especialmente empeñados en impedir que Aicha fuera a la iglesia, y la esperaban al acecho en el camino. «Un día me vestí para ir a la iglesia, y de camino me encontré con mi tío. Me golpeó y me obligó a volver a casa».
Aunque era muy pequeña —solo tenía 7 años cuando empezó la violencia por parte de sus familiares—, Aicha se mantuvo decidida a seguir a Jesús. «A pesar de las pruebas, perseveré porque quería seguir y servir al Señor», dice. «Seguí yendo a la iglesia, con alegría, para escuchar la palabra de Dios».
Asseta intentó intervenir, visitando a sus familiares y suplicándoles que dejaran de golpear a Aicha. Al mismo tiempo, se siente orgullosa de su hija por su fe imparable. «Nuestros hijos perseveraron a pesar de los golpes y el rechazo», dice. «Creo que fue Dios quien les dio esa valentía para perseverar a pesar de la persecución. Era el plan de Dios que los hijos se mantuvieran firmes, para después guiarnos a nosotros, sus padres, a la salvación».
Aicha y su familia enfrentan otra manera habitual de la persecución: el rechazo y el ostracismo.
«Cuando todavía éramos musulmanes, recibíamos el apoyo de nuestras familias», cuenta Asseta. «Después de recibir a Jesús, todo cambió. Me culparon de ser una rebelde por llevar a mi marido a hacerse cristiano. Por eso, dejaron de darnos todo el apoyo que nos habían estado dando».
Al contar la historia, Asseta se conmueve. «Desde ese momento, nos rechazaron por completo y nunca más nos apoyaron», dice. «No solo dejaron de ayudarnos, sino que también dejaron de visitarnos». Incluso llegaron a amenazarla con quitarle a Aicha en el futuro. Cuando Asseta llamó por teléfono a su cuñada para pedirle ayuda, se burlaron abiertamente de ella. «Desde entonces, nunca más la he vuelto a llamar para pedirle ayuda. Pasamos muchas pruebas solo por haber entregado nuestra vida a Cristo».
Muchos niños cristianos en todo el mundo sufren cuando sus familias son atacadas de esta manera. Elegir seguir a Jesús puede significar perder la relación con el resto de parientes, la seguridad económica e incluso el acceso a lo más necesario para vivir; todo ello hace que la vida sea dolorosa e incierta en una etapa que suele ser fundamental para su fe futura. Incluso puede poner en riesgo la estabilidad de la próxima generación de la iglesia.
Por eso, apoyar a jóvenes creyentes como Aicha les aporta alegría hoy y, además, ayuda a sentar una base sólida para el futuro de la iglesia. Así que, cuando los colaboradores locales de Puertas Abiertas se enteraron de la situación de Aicha y su familia, quisieron ayudar a fortalecerlos y animarlos, y llevar alegría a una familia que ya había pasado por tantas dificultades por causa del evangelio.
«El ministerio [los colaboradores de Puertas Abiertas] nos apoyó muchísimo», dice Asseta, con la profundidad de su gratitud presente en su voz. «Gracias al apoyo del ministerio, mi marido pudo recibir atención médica. Antes de eso, mi marido se quedaba en casa sin un tratamiento eficaz. El ministerio nos ayudó a llevar a mi marido al hospital, donde estuvimos nueve días». Fue la respuesta a sus fervientes oraciones, y también a las del pastor Steven, que había querido ayudar a la familia, pero apenas tenía dinero propio para ofrecer.
Además de esta ayuda esencial con los gastos médicos, los colaboradores de Puertas Abiertas dieron a Aicha y su familia apoyo alimentario: sacos de arroz, maíz y aceite. Al haber quedado sin el apoyo de sus familiares, estos productos básicos son un primer paso para ayudar a estos valientes creyentes a seguir adelante y encontrar alegría en su fe, en lugar de verse abrumados por la ansiedad y el miedo al futuro. Muchas otras familias como la suya necesitan el mismo apoyo, y esta valiente familia necesita tu oración y tu apoyo constantes para perseverar.
«Estamos agradecidos al ministerio por un apoyo tan grande y oportuno», dice Asseta. «La alegría que nos trajo el apoyo del ministerio es que mi marido pudo recibir una atención médica eficaz. Fue la respuesta al clamor de nuestro corazón».
Tiene un mensaje para los compañeros de oración de Puertas Abiertas: «Muchísimas gracias, y pido a Dios que os bendiga y os recompense. También le pido a Dios que os siga fortaleciendo en esta gran labor que estáis haciendo. Toda nuestra familia está hoy muy contenta, gracias al apoyo que nos dio esperanza y nos hizo más firmes para mantenernos fieles en nuestra fe».
«Yo también me alegro por el apoyo del ministerio y por todo lo que han hecho por nosotros», coincide Aicha. «Doy gracias al ministerio por apoyarnos; pido a Dios que los siga bendiciendo».
También le encantan los mensajes de niños de otros países, que le demuestran que hay creyentes de muy, muy lejos que se acuerdan de ella. A Aicha le enviaron un mensaje en un ángel de papel, escrito por un niño pequeño, que decía: «Hola, te envío cariño y ánimo a ti y a tu familia. “El gozo del Señor es nuestra fuerza”». Es un momento precioso, el de niños cristianos que se tienden la mano de un continente a otro como un solo Cuerpo de Cristo.
Esta Navidad, Aicha y su familia saben que no están solos. Pero sus problemas no están resueltos y la vida sigue siendo difícil. Siguen apartados de sus seres queridos y enfrentan presión por su fe y por Jesús. Aicha seguirá creciendo en un lugar donde sabe que su fe la convierte en blanco de ataque. Puede ser desalentador y doloroso.
Pero gracias a tu apoyo, Aicha puede tener alegría y esperanza para el futuro. Cuando le preguntan qué quiere ver en los años venideros, tiene claro su deseo de que otras personas tengan la misma relación con Dios con la que ella ha sido bendecida. «Mi esperanza para el futuro es llenarme del Espíritu Santo, para poder ir y contarles a otras personas el evangelio de Jesús», dice.
En todo el mundo hay miles y miles de niños como Aicha que necesitan saber que su familia global no los ha olvidado. Necesitan ser fortalecidos y animados, tanto hoy como en los años venideros. Esta Navidad, su familia en Cristo repartida por muchos continentes puede ayudar a ofrecerles apoyo práctico y espiritual, y llevar la alegría que tanto necesitan a su mundo.
Aicha, desde luego, conoce el significado de la Navidad. Y gracias a tus oraciones y tu apoyo, puedes ayudar a que otros niños de todo el mundo conozcan la alegría de esta época. «Os deseo una Feliz Navidad», dice Aicha. «¡Que la paz de Dios esté con todos vosotros!».
🙏 Aicha pide: «Por favor, ora para que Dios me bendiga, y pueda así cuidar de mis padres y hermanos.
🙏 »Ora también para que me llene del Espíritu Santo, para predicar el evangelio en todas partes».
🙏 Asseta pide: «Dios me ha llamado a predicar el evangelio de Jesús. Por favor, ora para que Dios me ayude a hacer esta obra para la que me llamó.
🙏 »Ora también para que mi marido se recupere por completo, camine bien y haga la obra de Dios.
🙏 »Por favor, ora para que mis hijos sean niños piadosos que sirvan al Señor».
🙏 Ora por los niños de todo el mundo que enfrentan persecución por seguir a Jesús, para que conozcan el consuelo y el amor de Dios, y tengan alegría de cara al futuro.
🙏 Ora por los colaboradores de Puertas Abiertas, en su labor de fortalecer y animar a los niños de la iglesia perseguida.