Puertas Abiertas
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14 minutos

HistoriasBurkina Faso

No mataron la fe

Un violento ataque contra la iglesia del Pastor Bandiba en Burkina Faso acabó con la vida de dos jóvenes líderes y dejó conmocionada a toda una comunidad que todavía lucha por mantener la fe viva

Durante más de dos décadas, el Pastor Bandiba prestó fielmente su servicio en la remota aldea de Binadéni, al este de Burkina Faso (país nº16 en la Lista Mundial de la Persecución 2026). Lo que comenzó como una pequeña iglesia de 47 cristianos se fue convirtiendo poco a poco en una próspera comunidad caracterizada por la oración, el discipulado y la esperanza. Pero, a medida que la violencia extremista se extendía por la región, la paz que una vez conocieron se hizo añicos. Esta es la historia de un pastor, una iglesia y una comunidad que aprenden a aferrarse a la fe a pesar de la pérdida, el miedo y un dolor inimaginable.
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La remota aldea de Binadéni, al este de Burkina Faso, ha visto pasar varias generaciones. La tierra ha permanecido, pero se ha derramado demasiada sangre sobre el suelo árido de este país (nº16 en la Lista Mundial de la Persecución 2026) de la región del Sahel, en África Occidental. El orden natural de la vida se ha visto alterado, lo que ha obligado a los residentes como el Pastor Bandiba* a adaptarse al desorden, la confusión y la discordia.

«Me tumbé junto a sus cuerpos. No pude controlarme. Deseé morir porque, en ese momento, mi vida no tenía sentido»

Un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar

El Pastor Bandiba se trasladó en 2002 a la aldea de Binadéni con la esperanza de servir a la pequeña iglesia local. «Cuando llegué, la iglesia contaba con 47 miembros», recuerda. «Era muy difícil presentar en esta aldea [el Evangelio] porque estaba muy arraigada a las tradiciones ancestrales».

Casi inmediatamente después de su llegada, este pastor comenzó a orar para preparar el terreno para la obra de Dios. Se sembraron las semillas y crecieron, mientras poco a poco empezaban a arraigarse en Cristo.

Había una gran resistencia inicial; pero, los lugareños que antes confiaban en los ídolos comenzaron, uno a uno, a confiar en Jesús. «A pesar de las dificultades, perseveramos en la oración», afirma el pastor. Ha accedido a compartir su historia con nosotros y a contarnos cómo ha visto la fidelidad de Dios tanto en los días más hermosos como en los más oscuros de su vida. «Por la gracia de Dios, perseveramos en la proclamación del Evangelio y en la oración, y el número de fieles aumentaba día a día».

El ánimo del pastor creció al ver cómo la congregación aumentó de 47 creyentes a 700. Observaba con alegría cómo los jóvenes a los que había guiado y discipulado crecían en su fe. A medida que los padres se convertían en creyentes, sus hijos, al crecer en hogares cristianos, también elegían a Jesús. Plenamente arraigados en su fe, estos jóvenes no dudaban en formar parte de nuevas iglesias y llevar las buenas noticias a otras regiones.

«He apoyado a nueve creyentes que han dejado mi iglesia para convertirse en pastores y servir al Señor», afirma Bandiba. «Que nueve hijos del pueblo hayan ido a la escuela pastoral y sirvan a Dios, y ver cómo el número de fieles aumenta día a día, ha sido una gran alegría para mí».

Al igual que la Iglesia primitiva sobre la que leemos en el libro de los Hechos, conforme los creyentes burkineses se dedicaban a congregarse, enseñar, partir el pan, orar y ayudar a los necesitados con corazones alegres y sinceros, el Señor iba aumentando su número.

«Estaba lleno de alegría y no dejaba de dar gracias a Dios porque la vida se había vuelto maravillosa y estábamos llevando a toda la aldea hacia la fe», recuerda. «Pudimos construir una enfermería; teníamos una escuela primaria con alumnos». El progreso no estuvo exento de desafíos, pero durante casi dos décadas, Binadéni fue un lugar de relativa paz.

Un tiempo para reír y un tiempo para llorar

Mientras la alegría abundaba entre muchos de los vecinos al acercarse a Cristo, los enfrentamientos entre los grupos extremistas y las aldeas iban en aumento. La inseguridad que había comenzado en el país en 2016 había ido extendiendo sus asfixiantes tentáculos cada vez más profundamente en esta nación de África Occidental.

El 23 de agosto de 2015, la insurgencia en la región del Magreb, en el noroeste de África, se extendió a Burkina Faso, comenzando, según se informa, con un ataque contra una gendarmería burkinesa. El año siguiente comenzó con un atentado terrorista el 15 de enero en Uagadugú, la capital del país, en el que murieron 30 personas. En 2018, los ataques se habían extendido al este. Los militantes lanzaron ataques en las localidades de Tindangou y Boungou; y, posteriormente, la noche del 14 de septiembre, en las aldeas de Diabiga y Kompiembiga, donde fueron asesinadas nueve personas, entre ellas un líder cristiano.

En 2019, los grupos yihadistas lanzaron una oleada de asesinatos, atacando específicamente a los cristianos. En abril, unos militantes asesinaron a seis personas, entre ellas un pastor, en el interior de una iglesia protestante de la localidad norteña de Silgadji. Al mes siguiente, otras seis personas, entre ellas un sacerdote, fueron asesinadas en una iglesia de Dablo, en la región central del país, a lo que siguió un ataque contra una marcha religiosa cerca de las localidades de Kayon y Singa-Rimaïbé, en el que murieron cuatro personas.

Desde entonces, han continuado los ataques en diversas regiones de Burkina Faso contra pueblos cristianos, pero también contra cualquiera que no se someta a la interpretación radical del islam que defienden los yihadistas. En algunas zonas, la Iglesia ha desaparecido, ya que la población ha huido en busca de seguridad a pueblos y ciudades más grandes.

En los años siguientes, conforme la magnitud, la frecuencia y el número de víctimas de los ataques seguían aumentando, las noticias de incidentes en las cercanías interrumpían la vida bucólica de Binadéni. Y a principios de la década de 2020, el temor a los grupos extremistas alcanzó nuevas cotas. El Pastor Bandiba recuerda que, conforme llegaban cada vez más noticias de masacres y secuestros, los cristianos de su pueblo respondían con fervientes oraciones. Formaron dos grupos de oración: uno diurno y otro nocturno, para asegurarse así de dedicarse a la oración las 24 horas del día.

Bandiba recuerda que, en 2023, los terroristas comenzaron a expulsar a la gente de sus hogares en las zonas circundantes a Binadéni. Cuando algunas aldeas cercanas comenzaron a reclutar jóvenes voluntarios para defender sus hogares, empezaron a estallar violentos combates cada vez más intensos.

«En 2024, la mayoría de las aldeas vecinas habían sido desalojadas», recuerda el pastor. «En 2025, no quedaba ni una sola aldea cercana que no hubiera sido vandalizada, ya que todas habían reclutado voluntarios para oponer resistencia».

La comunidad de la iglesia de Binadéni siguió orando con fervor; tenían un testimonio que compartir. «Al principio, cuando los terroristas merodeaban por los alrededores y desalojaban a otros pueblos e incluso atacaban a los voluntarios que los defendían, los vecinos de nuestro pueblo pudieron reconocer la protección de Dios gracias a las oraciones de la Iglesia», afirma.

«Los conocía desde que eran pequeños y he visto cómo se entregaron al Señor hasta el día de su muerte»

Un tiempo para nacer y un tiempo para morir

Conocedores de algunas de las medidas de seguridad que se habían intentado en las zonas de alrededor, los vecinos de Binadéni también consideraron la posibilidad de reclutar voluntarios para defender físicamente sus hogares. Pero no disponían del armamento necesario ni del equipo adecuado. Para los cristianos, este obstáculo no hizo más que reforzar su compromiso con la oración. Creían que, aunque les faltaran las armas, el Señor les proporcionaría una defensa más sólida.

«A nivel de Iglesia, la fe se estaba fortaleciendo porque, dada la situación, la gente había comenzado a poner su confianza en Dios», comparte el pastor. «Aunque algunos tradicionalistas se oponían a ello, porque no habían recibido el mensaje de Cristo como un mensaje de salvación».

Tras 23 años viviendo y sirviendo en Binadéni, seguía manteniendo el ánimo gracias al crecimiento numérico y espiritual que observaba en su iglesia. Algunas de las personas que asumían puestos de liderazgo ni siquiera habían nacido cuando él llegó. Generación tras generación, la Iglesia iba creciendo y se mantenía firme.

El pastor Bandiba nos habló de uno de sus discípulos con el que disfrutaba sirviendo codo con codo. Había visto cómo Hamadou confiaba en Jesús y crecía en su fe. El joven estaba especialmente comprometido con la obra del Señor en la Iglesia: dirigía el grupo de jóvenes, servía como diácono e incluso viajaba a otros pueblos para compartir el evangelio. Con su fervor y su energía juvenil, Hamadou y otro joven, Jeremiah, daban ánimo y esperanza tanto al como al resto de la Iglesia.

«Los conocía desde que eran pequeños y he visto cómo se entregaron al Señor hasta el día de su muerte», asegura.

El 20 de mayo de 2025, los yihadistas atacaron finalmente Binadéni. Era martes, y tanto Hamadou como Jeremiah se encontraban dentro de la iglesia para un día completo de oración. Hamadou estaba al mando ese día. Bandiba solía ofrecer su apoyo cuando era necesario, pero a menudo dejaba que otros dirigieran las reuniones de oración. Y aquel día se dirigía a la aldea cercana de Fada para liderar otra reunión de oración. Se unió al grupo de Hamadou durante un rato, charló brevemente con él y luego partió hacia Fada. Apenas diez minutos después, los extremistas atacaron.

«La distancia hasta Fada es de 10 km. Cuando llegué al pueblo de Samboani, mi moto se averió y me detuve para repararla», cuenta, recordando los acontecimientos de aquel día. «¡Fue entonces cuando vi a gente de nuestro pueblo huyendo en sus motos y gritando para que los demás también huyeran!».

Al enterarse de que había yihadistas en su pueblo, corrió a ver al pastor de Samboani para pedirle su moto prestada. Pero no tenía combustible. Sin saber muy bien cómo volver a casa, el pastor hizo lo único que sabía hacer. Encontró la iglesia local y entró en busca de refugio y para orar. Sin que él lo supiera, los yihadistas que se encontraban en Binadéni preguntaban específicamente por el «pastor» y por la ubicación de su casa.

«Cuando los terroristas merodeaban por los alrededores, los vecinos de nuestro pueblo pudieron reconocer la protección de Dios gracias a las oraciones de la Iglesia»

Los extremistas se habían dividido en dos grupos. Uno de ellos atacó la iglesia, mientras que el segundo registró y luego incendió la casa de Bandiba, destruyendo también su medio de transporte y su bomba eléctrica. En la iglesia, dos hombres recibieron disparos mortales.

Atrapado en Samboani, intentó un nuevo plan para volver a casa. Vio a unas personas a caballo y les pidió que lo llevaran a su pueblo. «A la entrada del pueblo, los soldados nos negaron el acceso», cuenta el . «Pero conseguí adelantarme a ellos y entrar».

Al llegar a toda prisa a Binadéni, no estaba preparado para la espantosa escena que se encontró. «Vi cadáveres en la iglesia cubiertos por cortinas», recuerda. Cuando retiró las cortinas, pudo comprobar lo que se temía. Eran Hamadou y Jeremiah.

«Me tumbé junto a sus cuerpos para estar con ellos», se lamenta. «No pude controlarme. Deseé morir porque, en ese momento, mi vida no tenía sentido. Tuvieron que sacarme de allí a la fuerza».

Un tiempo para lamentarse y un tiempo para sanar

Como la casa del pastor ya no era habitable, sus hermanos de la iglesia le sugirieron que él y su mujer se unieran a los vecinos que habían huido a un pueblo cercano. Al principio, se negó. Pero cuando se enteró de que la mujer de Hamadou, Pogniagou, y su madre estaban allí, accedió.

Al llegar, vio a Pogniagou en la iglesia. «Tomé su cara entre mis manos y la abracé con fuerza», cuenta. «Lloraba con todas sus fuerzas. La abracé hasta que se calmó. Después, fui a consolar a la madre de Hamadou. Pero, para mi gran sorpresa, estaba sentada sin llorar. Pidió a la gente que me ayudara a mí en lugar de a ella. ¡No pude contener las lágrimas! Sus palabras me conmovieron profundamente. Ella, que había perdido a su único hijo, no lloraba, sino que pedía ayuda para mí».

Al poco tiempo, los pastores de las zonas vecinas que se habían enterado de lo ocurrido se reunieron en la localidad para apoyar a sus hermanos desplazados. Su presencia fue de gran ayuda, según el pastor.

«Mis compañeros pastores me dieron palabras de consuelo diciendo que Hamadou y Jeremiah habían muerto en el Señor», cuenta. «Esas palabras me ayudaron a recuperarme». Durante 21 días, él y su esposa se quedaron con Pogniagou y su suegra. Oraron unidos, se consolaron mutuamente y, poco a poco, comenzaron juntos el camino hacia la recuperación.

Mientras intentaba regenerar su vida y la comunidad de su iglesia en un nuevo lugar, el pastor se vio luchando contra una profunda depresión. Afortunadamente, gracias a vuestras oraciones y apoyo, los colaboradores de Puertas Abiertas pudieron ofrecerle a él y a su esposa atención postraumática.

«Esta formación sobre sanación del trauma me ha ayudado en dos aspectos», agradece. «Me costaba mucho perdonar, pero ahora ya lo he superado. Así que, ahora, puedo ayudar a otros como yo. Si no has sanado, no puedes ayudar a nadie más. Ahora he sanado y, gracias a ello, ayudo a los demás. Esta capacitación también ayudó a mi esposa a recuperarse. Antes de la formación, a ella le costaba mucho [perdonar]. Vuestra ayuda nos ha permitido reconstruirnos. Hemos recuperado las ganas de vivir y ayudamos a otros a volver a ponerse en pie».

Muchos de los habitantes de Binadéni se quedaron sin hogar. Algunos han huido a las zonas de lavado de oro de grandes ciudades como Uagadugú. La iglesia que se había construido hace un par de años allí tenía capacidad para 700 personas. Hoy en día, la congregación cuenta con menos de 400 cristianos.

A Hamadou y Jeremiah se les recuerda con cariño, y para algunos, estos recuerdos traen consigo tristeza y duda. Pero, tras haber afrontado personalmente estas emociones, Bandiba es capaz de ofrecer sabios consejos. «”Han completado bien su carrera. Que estos dos jóvenes sean un modelo de fe para nosotros. Terminemos bien nuestra carrera como ellos”. Estas son las palabras que les dirijo a mis fieles a modo de exhortación. Les digo que se mantengan firmes y que no se lamenten por la muerte de Hamadou y Jeremiah, porque han entrado en el descanso. También les recuerdo que todo termina en el Señor, y que eso es mucho mejor».

Aunque Bandiba y su familia se han labrado una nueva vida en la localidad donde viven ahora, esperan volver a Binadéni y reactivar allí la Iglesia original, así como reanudar los servicios en el centro de salud y en la escuela primaria.

Para este pastor africano perseguido, los últimos dos años han sido una mezcla de lágrimas, pruebas y aprendizaje para confiar en el Señor. Espera que la tierra que ha sido cubierta por la sangre y las lágrimas vuelva a convertirse en un lugar de una comunidad que viva y adore en armonía. Un lugar donde se planten y se fortalezcan las raíces, y donde generación tras generación se trabaje, se cultive la tierra, se juegue, se baile y se cante al Señor.

«Vuestra ayuda nos ha permitido reconstruirnos. Hemos recuperado las ganas de vivir y ayudamos a otros a volver a ponerse en pie»

296 €

podrían ayudar a formar y animar a un cristiano africano perseguido, permitiéndole reunirse, orar y estudiar la Biblia con otros creyentes.

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Si aún no has firmado la petición Levántate África, todavía estás a tiempo de ayudarnos a alcanzar nuestro objetivo global de 1 millón de firmas para presentar a los gobiernos nacionales, la UE y la ONU. Puedes firmar hoy en puertasabiertas.org/levantate. Y si ya la has firmado, ¡compártela! El plazo acaba el 2 de noviembre.

*Nombre e imágenes reales de las víctimas y supervivientes de la persecución violenta en el África subsahariana.

➡️ Conoce a más cristianos africanos que han perdido a sus seres queridos por la persecución violenta dentro de la campaña «Levántate África»: puertasabiertas.org/levantate.

Ora con Bandiba

🙏 Ora por el Pastor Bandiba y su esposa, para que el Señor siga fortaleciéndolos y equipándolos para el ministerio, a fin de servir a las personas que necesitan esperanza y sanación.

🙏 Ora por los residentes desplazados de Binadéni, para que encuentren trabajo y los medios para reconstruir sus vidas allí donde se encuentren hoy.

🙏 Ora por las familias de Jeremiah y Hamadou, para que el Señor siga brindándoles consuelo, cuidado y paz mientras lloran a sus seres queridos y se adaptan a la vida sin ellos.

🙏 Ora para que los creyentes puedan regresar a Binadéni y restablecer su iglesia. Ora para que Dios restaure la belleza de entre las cenizas.

Una oración por Bandiba

Señor, gracias por este remanente fiel de tu Iglesia en Burkina Faso. Es terrible la destrucción que han dejado los extremistas, pero es aún más admirable cómo no pueden detener Tu obra. Te pido que bendigas a tus obreros como Bandiba y su mujer, para que puedan seguir llevando esperanza y salvación. Por favor, Señor, restaura esa iglesia local de Binadéni. Acompaña a todos los desplazados de allí, dales todo lo que necesiten a nivel físico, emocional y espiritual. Hazte muy presente a las familias de Hamadou y Jeremiah, dales de Tu consuelo y reaviva sus almas. Padre, tú que lo puedes todo, restaura Burkina Faso y todo África de la persecución. En el nombre de Jesús, amén.

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