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Lee vio morir a su familia, pero para entonces ya sabía su secreto: Cristo

"Yo sabía que mis padres eran diferentes. Todos los llamaban ‘los padres comunistas’ porque cuidaban de los enfermos, de los pobres y de los necesitados. Por la noche leían un libro secreto que no me permitían leer a mí. Pero los escuché susurrar algunas palabras y supe que era su fuente de sabiduría. También sabía que si alguna vez hablaba de esto con alguien más, nuestra familia sería sacada de allí".

Lee Joo-Chan*, ahora en sus cincuenta, es uno de los muchos norcoreanos que crecieron, sin saberlo, en una familia cristiana. Es quizás la consecuencia más triste del alto factor opresivo de Corea del Norte: los padres no pueden arriesgarse a hablarles a sus hijos acerca de su fe. Algunos esperan hasta que los niños sean lo suficientemente mayores para revelarles el “secreto de familia” y dejarles entrar en él. Otros, como los padres de Lee, nunca llegan a sentir esa libertad, tal vez porque sus hijos han sido ya demasiado adoctrinados.

"Mi madre se hizo cristiana antes de la Segunda Guerra Mundial", dice Lee. "En ese momento, Corea no estaba aún dividida y estaba invadida por Japón. Cuando terminó la Guerra y Kim Il-Sung llegó al poder, fue cuando empezó la persecución y las iglesias fueron cerradas”.

“Logré escapar de Corea del Norte a finales de los 90. Mi madre lo logró algún tiempo después también. Fue un momento muy emotivo cuando nos encontramos en China: por primera vez pudo decirme todas esas cosas que había estado guardando en secreto durante más de 30 años. Me tomó de la mano y me llevó a una iglesia vacía, y allí me contó cómo se hizo cristiana en 1935 cuando tenía 9 años. Sus padres habían sido también cristianos. Me contó también cómo todos se servían los unos a los otros durante la ocupación japonesa de Corea. Añoraba esos días”.

“Me explicó cómo Cristo vino a este mundo y murió por todos nosotros. Me contó todo lo que yo necesitaba saber sobre nuestra fe: me dijo que ella me dio a luz, pero que yo era en realidad un hijo de Dios. ‘Él te protegerá y Él te dará un lugar para vivir’, me dijo. ‘Cree en Él. Sé fiel. Tu vida eterna empieza aquí’. Comenzó a orar en voz alta, gritando incluso. Durante tres horas, el sudor llego a cubrir todo su cuerpo. Oró por mí, por Corea del Norte y por el pueblo de Corea del Norte. Suplicó al Señor que salvara a su pueblo", dice Lee.

Más tarde, la madre de Lee y su hermano, que también había llegado a China, regresaron a Corea del Norte porque no tenían ni idea de que alguien los estaba traicionado. Al cruzar el río aparecieron cuatro soldados ocultos: uno disparó a la madre de Lee con su rifle y la mató, y su hermano fue apuñalado. Lee fue testigo de los asesinatos desde el otro lado del río. Más tarde, escuchó que su padre y sus otros hermanos habían sido arrestados y asesinados también. Lee fue capaz de llegar a Corea del Sur y cumplió el deseo de su madre de convertirse en pastor y seguir a Jesús.

FuenteGP
TraductorCarolina G.