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¿Podemos los cristianos hacer algo más por Chibok?

Este artículo fue escrito con anterioridad a la liberación de 82 de las chicas el pasado 6 de mayo

Después de más de tres años desde el desafortunado secuestro de las chicas de Chibok, el director regional de comunicaciones de Puertas Abiertas, Jo*, reflexiona sobre la triste y desesperante realidad creada por el secuestro, y reflexiona sobre si nosotros, como organización y comunidad cristiana, podemos hacer algo mejor por la situación de las chicas de Chibok.

Al considerar nuestra profunda relación con los padres de Chibok como un privilegio, mi corazón no puede agravarse más mientras me siento a escribir esta reflexión. Han pasado tres años desde que las casi 300 chicas de Chibok fuesen secuestradas de la escuela secundaria local y aún hay muy poco que aliente el corazón acerca de estas circunstancias.

Dos terceras partes de las niñas permanecen desaparecidas.

Por tres largos años, los padres han esperado, esperado y orado por respuestas con respecto a sus hijas. Después de una reciente visita a Chibok, supimos que 23 padres han muerto de ataques al corazón mientras muchos continúan la estresante batalla relacionada con problemas de salud. Es difícil imaginar cómo las familias podrán alguna vez recuperarse de esto.

Han abundado las promesas de los gobernantes previos y los actuales sobre devolver a las niñas a sus casas, pero estas promesas permanecen incumplidas en su mayoría. Es mínima la información a los padres acerca de cualquier progreso que asegure la liberación de más niñas. Lo que los padres saben, lo saben por los medios de comunicación. Y ha sido una especulación exasperante acerca de la cautividad de sus hijas. La muerte no es la peor cosa que temen. Algunos días esperan que sus hijas hayan entrado a la presencia de Jesús antes que estar un día más en las manos de hombres brutales que consideran que el abuso de la mujer es solo una recompensa y un privilegio por pelear lo que ellos llaman la batalla de Alá.

“Nos sentimos engañados por el Gobierno. Se han hecho promesas públicamente, pero nada se ha hecho para que esas promesas se hagan realidad. Somos objeto de noches de insomnio y dolor de pecho que crece día a día. Nos sentimos defraudados. Parece que no podemos contar con el Gobierno. Miramos a Dios, el único capaz de venir en nuestro rescate“, dijo Yakubu Nkeki Maina a los trabajadores de campo durante una visita reciente.

Aquellas que han sido encontradas no han sido realmente restauradas a sus familias.

Cuando 21 de las niñas fueron liberadas el pasado octubre, los padres sentían que lo imposible se había conseguido. Esto levantó la esperanza de los padres. Pero la restauración de las jóvenes en la vida familiar ha resultado en fracaso. Desde que fueron liberadas, sus padres las han visto un par de veces. “No estamos contentos con la forma en que el Gobierno está manteniendo a nuestras hijas en Abuja, sin escuela ni nada. La presidencia nos dice una cosa y hace otra. Parece que estamos siendo engañados día a día”, dice el representante de los padres de Chibok, Yakubu.

Aunque las cosas han mejorado ligeramente en Chibok, las cosas siguen extremadamente difíciles. “Cuando llegué a Chibok, algunos hombres estaban sentados bajo la sombra de los árboles, escondiéndose de un calor de 43º. Las mujeres estaban sacando agua del pozo. Las cosas parecían casi normales, pero pronto me di cuenta de que la gente estaba cautelosa porque Boko Haram había atacado recientemente pueblos cercanos como Mifah, Kautikari, Makalama y Balakie en semanas recientes y decenas de familias han sido desplazadas a Mbalala, a 5 kilómetros de Chibok. De hecho, podía escuchar todo el tiempo el sonido de las sirenas de los militares. Los mercados están funcionando y tres de trece escuelas del poblado han reabierto parcialmente sus aulas, aunque los padres están aterrados de mandar a sus hijos allí después de lo que les paso a sus hijas”, informó nuestro colaborador de campo, y añadió: “Muchos pastores han regresado a Chibok y la vida en la iglesia se ha hecho más fuerte. Pero las actividades en las iglesias se llevan a cabo con extrema seguridad”.

Me encontré con una situación indignante…

Después de tres años, aún es difícil creer que pueda haber pasado tal cosa como el secuestro de unas 300 niñas. ¿Cómo puede ser que esas niñas no hayan sido rescatadas poco después de haber sido secuestradas? Y… ¿cómo es posible que un grupo tan grande de niñas sigan desaparecidas después de tanto tiempo y con todo el conocimiento y la tecnología que hay disponibles en este mundo? Es realmente terrible.

… Y desafiante.

Puertas Abiertas ha permanecido tan cerca como ha sido posible con los padres de Chibok. Les hemos provisto comida, cuidado médico y traumático... Les hemos animado a través de llamadas por teléfono y les hemos visitado. Hemos dado a conocer su situación y entregado miles de cartas de todo el mundo. Pero con toda honestidad, todo esto siento que es terriblemente insuficiente. Gobiernos con mucho dinero y recursos ilimitados han ofrecido ayuda para rescatar a las niñas. Activistas y manifestantes enojados con una prominente presencia en la red han presionado y avergonzado al Gobierno. Expertos han analizado la política local y las realidades regionales que maneja la insurgencia y han ofrecido consejo sobre cómo acabar con ella. ¿Hay algo mejor que nosotros como Puertas Abiertas y los cristianos en general podamos hacer por Chibok?

Sí podemos. Podemos continuar, sin cesar, apelar a nuestro Padre en los cielos, en secreto y en público, a favor de los padres Chibok. Cuando soy fiel a mi promesa de orar por todos aquellos afectados por los secuestros de Chibok (en lo alto de todas las acciones que estoy convencida que haré al respecto), debo resistir la tentación de mirar a esa oración como algo de poco valor. No hay nada más significativo que podamos hacer que orar.

Y no hay nada que aprecien más los padres de Chibok. “Es por vuestra oración que estamos sobreviviendo. Con determinación digo que es por vuestra oración, por el poder de vuestra oración, que estamos sobreviviendo. Confiamos en Dios y confiamos en vosotros.”, nos dijo uno de los padres, el pastor Ayuba.

FuenteGP
TraductorCristina R.