Ni las bombas ni el ISIS silencian a Raeed

Esperanza para Oriente Medio

El sonido de las bocinas interrumpe el silencio en la sala de oración. Detrás del gran ruido de la calle se oyen algunas explosiones. Raeed, un monje iraquí, mira por la ventana. Los coches hacen fila para dejar la ciudad. Aquella situación tan temida, ahora es una realidad. El ejército de ISIS se está acercando. Raeed junta sus cosas con calma. «Más allá de lo que suceda, Jesús estará conmigo», piensa.

Raeed tiene la apariencia de un típico monje. Sus gestos son calmos y el silencio parece ser su hábitat natural. Hace unos 15 años decidió dedicar su vida a la oración en un pequeño monasterio.  Él, otros cuatro monjes y Jesús. Eso era todo lo que había.

Pero la vida silenciosa de Raeed se vio fuertemente sacudida poco tiempo después de haber aceptado el llamado de Dios. En un viaje a Bagdad con uno de sus compañeros, el desastre les encontró. Mientras Raeed estaba charlando con su compañero, de repente sintieron un fuerte impacto seguido del sonido de metales chocando.

Raeed quedó en coma tras haber sido alcanzado por un tanque norteamericano. Fue el único superviviente de ese accidente. Despertar fue la cosa más difícil que tuvo que afrontar. «No entendía. Le preguntaba al señor: ´Te estamos sirviendo, ¿Por qué nos sucede esto?´», nos cuenta.

No recibió respuesta concreta. Raeed mueve su cabeza: «Pero lo sucedido aumentó mi fe. Esto me trajo de nuevo a mi llamado. Prometí obedecer a Jesús cuando dijo: ´quien desea seguirme, no debe mirar atrás´. Así que hice caso a Jesús, junto con mis hermanos en el monasterio.»

Pero la tragedia le volvió a alcanzar diez años después. «ISIS llegó a nuestra ciudad, así que tuvimos que huir de allí». Los monjes se unieron al embotellamiento de personas en estado de pánico. Huyeron durante la noche de forma lenta y vacilante hasta que llegaron a Erbil. Los tiempos difíciles siguen cuando tienen que enfrentarse a esta situación y se ocupan de la gran cantidad de gente desplazada alrededor de ellos. Una vez más, Raeed recordó su llamado: «Seguir a Jesús sin importar lo que suceda».

Ya han pasado casi tres años de aquellos sucesos y ahora Raeed lidera un tiempo de oración diario en un campamento de refugiados ubicado a las afueras de Erbil. Los monjes levantaron su monasterio en medio de un campamento de refugiados para cristianos.  La iglesia está siendo tan concurrida que no cabe toda la gente que asiste. Todos juntos entonan los cánticos que llenan el cielo del atardecer.

Cuando el servicio llega a su fin, los parroquianos dejan la iglesia. El hermano Raeed los acompaña hacia afuera y los despide. Algunos parroquianos se quedan a hacerle preguntas o a charlar un rato. Al aceptar su llamado, Raeed nunca imaginó que su lugar de servicio estaría junto a esa grandiosa multitud. Pero él no mira hacia atrás. Ahí es donde Jesús le ha puesto.

La vida de esta congregación liderada por Raeed comenzó a tener dificultades y algunos problemas se han sucedido, dando lugar al desplazamiento de estas personas para resguardar su vida. Pero en medio de estos tiempos agitados, Raeed les enseña a estas personas a creer en Jesús. «Se trata de Jesús. Jesús es el centro de la iglesia, Él es la roca sobre la cual construimos Y más allá de lo que suceda, nuestra roca nunca se irá. Él siempre estará con nosotros».

Petición de oración

«Manténganse conectados en oración con Dios, esto es lo que los creyentes deberían hacer en Irak», agrega Raeed. Además, invita a que todos los cristianos alrededor del mundo se mantengan conectados también. «Además de estar muy agradecido por la ayuda material que hemos recibido (de Puertas Abiertas), lo que más contento me pone es que la gente alrededor del mundo se mantenga en oración por Irak».

FuenteGP
TraductorLeandro F.