“En cualquier sitio donde sirva al Señor tendré persecución”

Me llamo Vipur*. Tengo 46 años y soy pastor en el estado indio de Madhya Pradesh. Estoy casado, y tengo dos hijas de 18 y 16 años, y un hijo de 14. Dirijo varias casas de culto.  De los sesenta miembros de mi iglesia, cuarenta se han bautizado y los otros están conociendo mejor a Jesús. Me encantaría poder compartir mi verdadero nombre, pero es demasiado peligroso; si lees mi historia entenderás por qué. Pero permíteme comenzar por explicar cómo conocí a Jesús en el año 2000.

Provengo de una familia hindú y he participado en muchas malas costumbres. He hecho todo lo que la sociedad prohíbe. Cuando mi mujer estaba embarazada de nuestra segunda hija, caí enfermo. Consulté a diversos doctores y me decían: “haz esto, haz lo otro”, dándome todo tipo de recomendaciones. Pero nada sucedía. Empecé a visitar a brujos curanderos, pero esto solo aumentó mi sufrimiento.

Tenía un amigo con el que había perdido el contacto hacía aproximadamente un año. Él solía salir conmigo y era uno de mis mejores amigos. Pero dejó nuestro grupo cuando aceptó a Cristo. Cuando se enteró de que estaba enfermo vino a buscarme. Me contó cómo Jesús había cambiado su vida y que ese mismo Jesús deseaba ayudarme a mí también.

Yo no creía ni una palabra de lo que me decía; pensaba que solo estaba tratando de consolarme. Además, debido a mi sufrimiento, creo que no estaba entendiendo ni la mitad de lo que me decía.

Mi amigo siguió viniendo a visitarme cada semana y oraba por mí. Cada vez que él oraba, me sentía un poco mejor. Después de cuatro semanas mi amigo me dijo: “Si crees en Dios, serás sanado completamente”. Por el efecto que sus oraciones tenían en mí, empecé a creer un poco, pero aún tenía miedo de morir. Dos semanas después fui con él a una iglesia. El pastor oró por mí y seguí asistiendo a esos cultos. En seis meses fui sanado completamente. No fue solo algo sobrenatural; las medicinas estaban, por fin, surtiendo efecto. Entonces creí y me bauticé.

La opresión

Tan pronto como se supo que me había bautizado, mi familia se opuso. Toda la gente que conocía y con la que tenía una buena relación dejó de hablarme. Mi esposa me abandonó y se llevó a mis dos hijas (mi hijo aún no había nacido).

Estaba tan deprimido que le dije a Jesús: “Primero me salvas, pero ahora todo el mundo deja de hablarme. No tengo amigos ni familia. ¿Por qué me salvaste? ¿Para qué?” En esa época sólo quería estar solo llorando todo el dia; Pero pude leer la Palabra de Dios y así Él me consoló. Hubo también un pastor que estuvo dándome palabras de ánimo.

Sentía la necesidad de hacer algo. Quería que mi mujer volviera, y mis hijas. Como no tenía teléfono, le escribí una carta: “Antes de ser cristiano llevaba una mala vida. Bebía y hacía muchas cosas prohibidas. Y aún así estuviste conmigo. Ahora he cambiado, no soy el mismo de antes, soy un buen hombre; y aun así ¿me abandonas y te llevas a  las niñas? Si no vuelves ¡te dejaré para siempre!” Estaba enfadado, sí. Pero también seguía orando para que mi esposa regresara. Un día regresó con nuestros hijos. Me dijo: “Cualquiera que sea tu tu religión, te seguiré”. Finalmente desarrolló un interés genuino por el cristianismo y después de unos seis meses decidió bautizarse, a pesar de lo que nuestras familias querían.

Fue un tiempo difícil. Mi esposa no podía ir a la casa de sus padres. Pero Dios ha sido fiel. Cuando cuatro de mis hermanos enfermaron, oré por ellos. Recibieron sanidad, y se convirtieron en seguidores de Jesús también.

El ataque

He vivido en el mismo pueblo unos nueve años. Mi ministerio está en este pueblo y en los alrededores. Tenemos hasta un edificio para la iglesia, y los cristianos o los que estaban conociendo a Jesús venían allí, lo cual hizo que hubiera más oposición de los hindúes en este área. Estaban hartos de nosotros y empezaron a difundir rumores.

Hace cuatro años fui agredido, pero no fue demasiado grave. Pero los hindúes siguieron amenazándome, y diciendo que yo obligaba a la gente a convertirse.

Hace unos meses me prepararon una emboscada. Eran alrededor de las ocho de la tarde, y yo volvía de una reunión de mi ministerio. Alguien estaba esperándome entre los arbustos. Yo no lo vi hasta que, de repente, me saltó encima. Me golpeó una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Pude huir a mi casa, y mi mujer y otros conocidos me llevaron al hospital local. Cuando llegué, ya había perdido mucha sangre y tenía mucho miedo de morir, porque la clínica tenía muy pocos medios para darme la atención que necesitaba para sobrevivir. Pero un socio local de Puertas Abiertas me llevó a un hospital mejor y me garantizó que pagaría la factura.

Si tú, como colaborador no le hubieras permitido ayudarme, mis iglesias no tendrían pastor, mi mujer habría perdido a su esposo, y mis hijos a su padre. Estoy vivo gracias a tus oraciones y a tu colaboración.

Las secuelas

Estuve en cama durante tres meses, incapaz de moverme. Ahora ya puedo caminar y moverme, pero aún me siento débil. Aún me queda mucho para recuperarme del todo. Siempre necesito a alguien conmigo. He perdido sensibilidad en la cara y estoy sordo de un oído. Mis ojos están secos y son  ultrasensibles a la luz, y eso me obliga a llevar gafas de sol muy oscuras. También tengo problemas respiratorios.

Espiritualmente, esta experiencia también está siendo muy difícil: vivo en un pueblo en el que la gente me quiere muerto. Hay una persona que, incitada por otros, trató de matarme. Y sé quién es. Se lo dije a la policía y lo arrestaron, pero poco después lo soltaron. Probablemente está protegido por gente muy influyente. A veces lo veo en la plaza del mercado.

La gente me dice que, si él ha derramado mi sangre, yo debería hacer lo mismo con él. Pero Dios es nuestro juez, y tendré que perdonarle, aunque es muy difícil. Mi mujer también quiere venganza. Y cada vez que lo veo es como si hubiera una explosión de ira en mi pecho. Así de enfadado estoy. Pero necesito escuchar lo que el Señor dice y perdonar al hombre que intentó matarme, aunque no sea fácil.

¿De qué sirve huír?

A pesar de mis heridas, nunca he pensado dejar mi ministerio ni mudarme. Dios me guía. Físicamente me siento débil, pero Él me hace fuerte. Así que me quedaré en mi pueblo hasta que Dios me mande ir a cualquier otro lugar.

Dios me dice que haga lo siguiente: que me quede y sea fuerte. Además, no puedo huír. ¿De qué sirve eso, si en cualquier sitio en que sirva al Señor tendré persecución? La persecución es parte de la vida cristiana en India, y creo que la intención de Dios con ello es probar nuestra fe.

Por favor, ora por mí. Por mi completa recuperación, que es mi deseo más profundo; poder ser capaz de hacer lo que hacía antes del ataque, y aún más. Mi pasión por el Señor ha crecido, y creo firmemente en lo que el apóstol Pedro escribe en su primera carta: es bueno sufrir por el Señor.

*Nombre cambiado por motivos de seguridad.

FuenteGP
TraductorAna M.