El granero de Viktor: una tapadera perfecta para que el Evangelio perdure

Visitamos al hermano Viktor en un pequeño poblado. Nos muestra un granero lleno de forraje para los animales. Vemos trozos de sal para las vacas, todo tipo de granos y arroz para las gallinas, y macarrones para los perros. La gente viene de lejos para comprar comida para sus animales. Ellos llevan en el negocio cuatro años. Gracias al apoyo de personas como tú, con la ayuda de Puertas Abiertas pudieron iniciar este oficio. El hermano Viktor nos da la bienvenida a su pequeño ‘aoul’ (pueblo) y nos agradece que hayamos venido de tan lejos para visitar su negocio y ministerio:

“El nombre del pueblo significa ‘Revolución’, y para eso es que estamos aquí, para hacer una revolución, ¡llevando a las personas de la muerte a la vida!”.

“Estando en prisión conocí a Cristo”

En 1996 recibí a Cristo en mi vida. Yo no buscaba a Dios y no estaba interesado en las cosas de la fe. Pasaba por alto los temas espirituales. Infringí la ley y la policía me buscaba. Soy ucraniano de nacimiento, pero me vine a este país huyendo de la policía. Primero, fui a Yakutia (Rusia), a 50 grados bajo cero. Era adicto a la heroína. Tenía 24 años cuando llegué a este país en Asia Central. Mi vida no cambió. Dirigía un negocio ilegal de drogas y hacía contrabando desde Tayikistán hasta aquí. Una vez incluso me ofrecieron ir a Afganistán, pero me di cuenta de que era muy peligroso y rechacé la oferta.

En 1996 me cogieron con cuatro kilogramos de heroína. Me arrestaron y me llevaron a la cárcel. Mi compañero de celda recibió un paquete que le envió su mamá.  Cuando lo desenvolvió vio que era un Evangelio de Juan, el cual me ofreció: “¿quieres leerlo?”. Después de diez noches sin dormir, cogí el libro y comencé a leer. Palabras como “en el principio era la Palabra y la Palabra era Dios” no tenían sentido para mí. ¿Qué quiere decir esto? Lo puse a un lado y dejé de leerlo. Pero después de más noches sin dormir, comencé de nuevo a leer y esta vez no podía dejarlo. Me sentía vacío por dentro y no quería seguir viviendo. No sabía cuánto tiempo estaría en la cárcel.

Fue entonces cuando leí acerca de la vida eterna. Leer con respecto a la vida eterna atrajo mi atención. Pensando en esto, realmente quería la vida eterna más que salir de la cárcel.

Sentí la presencia de Dios. No sabía nada acerca de la oración, pero clamé a Jesús: “tú sabes que no estoy seguro de si existes, pero yo quiero la vida eterna y quiero nacer de nuevo”. Continué leyendo la Biblia en mi celda. No había más cristianos alrededor. Éramos solo yo y el libro.

Poco después, un paquete llegó a mi celda (entre celdas nos enviábamos cosas unos a otros por medio de una cuerda). Alguien me había enviado un pequeño paquete con droga. Afortunadamente, tuve la fuerza para rechazarla y devolverla. Me senté en mi mesa, tenía muchas preguntas. Miré la droga y me pregunté: “¿qué es esto?”. Supe que la droga me haría daño y dije: “esto es muerte”. Y mirando al Evangelio supe que eso otro era vida. Tomé la decisión por la vida. Envié devuelta la droga.

Estaba seguro de que iría al cielo, estaba muy confiado. Un gozo profundo llenó mi corazón y los demás no lo entendían. Estando en prisión conocí a Cristo.

Después, dos cosas sucedieron: el doctor encontró una enfermedad muy grave en mi cuerpo y el juez me sentenció a seis años de prisión. Los doctores decían que no viviría más de un año y medio. No tenía miedo, porque sabía que iría al cielo. Mi enfermedad no mejoraba, pero tampoco empeoraba.

En prisión empezamos una especie de iglesia. Un hermano tocaba algunos instrumentos y nos reuníamos en grupos pequeños. Predicaba sin saber que lo estaba haciendo. Orábamos juntos a Dios.

En la prisión había un micrófono para hacer los anuncios. Estaba fuera, en la plaza central. El administrador de la prisión sabía de nuestro grupo de oración y me preguntó: “¿por qué no predican sobre Jesucristo con el micrófono?”. Pensé que hacía mucho frío en invierno, pero el administrador me dijo: “¡No se preocupe por el frío, van a predicar acerca de Jesucristo!”

Poco a poco fui recuperando la relación con mi familia. Ellos fueron muy buenos conmigo mientras estuve en prisión. En ese momento pesaba solo 62 kilos. Después de mi tiempo en prisión, fui a un seminario en un instituto bíblico y comencé a trabajar con adictos a las drogas en un centro de rehabilitación, y compartí la palabra de Dios con ellos. Ahora soy pastor de una iglesia en la ciudad, y en el pueblo hago de pastor para otros diez creyentes. Pero es peligroso reuniros porque no estamos inscritos legalmente. 

Ahora tenemos un negocio. Comenzó sin la ayuda de microcréditos. Lo empezamos con lo que teníamos. Posteriormente se le ha podido dar mayor desarrollo a través de un microcrédito que nos dio Puertas Abiertas. Nos dimos cuenta de que este no era solo nuestro plan (también el de otros). Dios nos guio a este ministerio. Es un trabajo duro y no produce mucho beneficio, pero funciona.

“Usamos cualquier oportunidad para compartir el evangelio”

Le preguntamos a Viktor: “¿Qué pasa si la policía viene aquí? ¿Sería peligroso para vosotros?”

Viktor: “Sí, si vienen e inspeccionan el lugar podríamos tener grandes problemas. Aquí tenemos muchas cosas secretas. Pero trabajamos sabiamente y solamente dejamos que entre gente de confianza en nuestro patio. Los clientes solamente entran al almacén, no van más lejos. Cuando las personas vienen a por libros cerramos la puerta o ponemos un coche en frente de la misma, de tal manera que los vecinos no pueden ver qué estamos haciendo. Y no hay razón para volver y revisar. La única actividad visible es la comida para animales que vendemos.

Procuramos reunirnos con 10 creyentes en un lugar alquilado. No tenemos permiso para funcionar como iglesia, por lo que tenemos que ser muy cuidadosos. Usamos el Método de Evangelismo Explosivo. Una vez que entramos en contacto con la gente, comenzamos a reunirnos en casas para hablar con respecto a la vida eterna y cómo pueden conocer a Cristo.

Hay mucho trabajo por hacer. Por las noches vamos a los pueblos a evangelizar. Bautistas y luteranos también son bastantes activos en esta zona. El evangelismo no se hace en las calles. Pero respondemos a preguntas. Una vez, una mujer preguntó con respecto al bautismo. Le sugerimos que podíamos ir a su casa a tomar un té y hablar un poco más en detalle. Usamos cualquier oportunidad para entrar en sus casas y compartir el evangelio.

FuenteGP
TraductorAngélica D.