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«Un abrazo de Dios»

El padre de Daniela fue asesinado en Colombia por compartir el Evangelio. Gracias a tu apoyo, Daniela no se quedó sola y ha recibido alegría

Hace años, Daniela perdió a su padre a causa de la persecución. Hoy, todavía guarda el recuerdo de aquel momento. Pero el Señor le ha enseñado a ver esos sucesos con una mirada distinta. Y eso les ha ayudado a ella y a su familia a encontrar una nueva sensación de paz. Día a día, Dios les ayuda a seguir adelante.

Quizá recuerdes a Daniela y su historia. Hace siete años mataron al padre de Daniela, el pastor Plinio. Su «delito» fue simple: compartir el Evangelio en una zona controlada por bandas de narcotraficantes. La muerte de su padre cambió la vida de Daniela para siempre. Pero no tuvo la última palabra.

Ahora, lejos de la tristeza que en su día casi la consumió, ha aprendido a vivir con esperanza, propósito y gozo, afirmada en la fe que una vez la salvó. Por ejemplo, la pasada Navidad descubrieron que los recuerdos ya no dolían tanto. Por primera vez en siete años, Daniela y su familia decidieron hacer algo diferente en lugar de quedarse en casa. «Visitamos a la familia de mi madre. Fue divertido», cuenta Daniela, con la esperanza de repetirlo esta Navidad.

Daniela pasa la mayor parte de la semana trabajando y sirviendo en su iglesia. Ya no es la niña tímida de 12 años que hablaba con los colaboradores de Puertas Abiertas en Caucasia. Ahora, con 19 años, es una joven que habla con serena confianza, incluso sobre las partes más duras de su historia.

Entonces dice, casi de pasada: «Hoy es el cumpleaños de mi padre». Sonríe. «A diferencia de los últimos años, esta vez se siente diferente», explica. «Ahora sé que él sigue celebrando su cumpleaños, solo que ahora en el cielo». Pero no siempre ha sido así de alegre.

«Ahogada en la tristeza»

«Es un milagro que no suspendiera ninguna asignatura», dice Daniela. «En aquella época, estaba ahogada en la tristeza». Daniela y su familia recibieron atención postraumática en un centro apoyado por Puertas Abiertas. Después de cuatro meses en el centro, Daniela se mudó a Caucasia con su madre y su hermano menor. Gracias a tus oraciones y donativos, Puertas Abiertas pudo ayudarles a comprar un nuevo hogar y poco a poco empezaron a adaptarse a un nuevo capítulo de sus vidas.

«A veces era difícil ver a otras chicas con sus padres en el colegio o divirtiéndose», dice. «En esos momentos, no podía evitar pensar: “Yo también hacía eso con mi papá”». Sus oraciones volvían siempre a la misma pregunta: ¿Por qué? «Recuerdo llorar casi todas las noches y preguntarle a Dios lo mismo: “¿Por qué mi familia y no otras?”». Luchó contra esas preguntas durante años, hasta que un día, Dios le respondió.

Un propósito detrás del dolor

A principios de 2024, invitaron a Daniela y a su familia a unirse a un grupo de Alemania que visitaba Colombia en un viaje organizado por Puertas Abiertas. Ella ya conocía este tipo de encuentros, pues había asistido a muchos eventos ministeriales con su madre a lo largo de los años.

Pero esta vez fue diferente. «Recuerdo que mi hermano y yo empezamos a llorar cuando se acercó una hermana», dice Daniela. La mujer oró por ellos en un idioma que Daniela no entendió y después le susurró, en una mezcla de español e inglés: «Quizá Dios permitió esto para proteger el futuro de tu padre».

Daniela nunca había visto la muerte de su padre de esa manera. «En mi mente, siempre pensé que mi padre sería cristiano para siempre», comparte. «Pero de repente, me di cuenta de que no podía ser así. Quizá esto fue una muestra de la misericordia de Dios hacia él».

Esa misma noche ocurrió algo más. Algunos miembros del grupo entraron con un folleto en la mano. Daniela y su hermano aparecían en la portada. «Me dijeron que lo usan para compartir el Evangelio con los niños y mostrarles que, a pesar de los momentos difíciles, merece la pena seguir a Jesús», dice. «Me dijeron que mi historia estaba impactando millones de vidas».

Algo encajó. Su pasado tenía un propósito. Lo que había vivido era ahora un testimonio que puede llevar a otros a Cristo. «Quizá es una de las formas más difíciles de servir a Dios», añade. «Pero en ese momento me sentí privilegiada. Dios estaba usando mi historia». Desde ese momento, parte del peso que Daniela había cargado durante años comenzó a aligerarse. El dolor seguía ahí, pero ya no carecía de sentido.

«Un Padre para los huérfanos»

A finales de 2024 encajó la última pieza. Para entonces, Daniela ya se había graduado del instituto y estaba preocupada por su futuro. Soñaba con estudiar diseño gráfico, pero la situación económica de su familia hacía que aquello pareciera inalcanzable. Con solo su madre trabajando, apenas quedaba dinero para gastos extra.

Su madre no dejaba de recordarle que pusiera todo en las manos de Dios. «Cree en Dios», le repetía su madre a Daniela. «Él proveerá». Entonces, un día, Daniela recibió una respuesta inesperada: gracias a la fidelidad de los compañeros de oración de todo el mundo, Puertas Abiertas se ofreció a costear parte de sus estudios.

«Supe que era Dios mismo», dice. «Dios pagó mis estudios». Desde ese momento, Daniela empezó a ver a Dios de otra manera. «Después de que mi padre muriera, solía decir: “Dios es mi protector”, porque me daba cuenta de que a mí también podrían haberme hecho daño», cuenta. «Ahora le llevo mis preocupaciones a Él, y veo cómo provee lo que necesito. Dios es mi Padre. Él es un Padre para los huérfanos y defensor de viudas, como dice la Biblia».

Ahora Daniela comparte esta verdad con su hermano menor. «A veces todavía se siente triste por lo que pasó, pero le recuerdo que tenemos un Padre en el cielo que siempre cuidará de nosotros», dice.

Esperanza para el futuro

Aunque Daniela todavía está en un proceso de sanación, hoy es una adolescente que habla con una convicción que a muchos cristianos les lleva años alcanzar. Por supuesto que todavía echa de menos a su padre. Pero ya no se para a pensar en cómo habría sido su vida si su padre siguiera aquí.

«Claro que hay momentos en los que lo extraño», explica. «Pero ahora recuerdo más bien con gozo lo que tuve. Sé que él ya no está aquí. Está con Dios. Ahora el Señor lo es todo para mí. Él sabe cómo mostrarme Su amor. ¿Sabes? Recibí a Jesús unos días antes de que eso ocurriera», dice, todavía con tono de sorpresa. «No sé dónde estaría hoy si eso no hubiera pasado. Dios me tomó en Sus brazos antes de que yo me cayera de ellos».

Hoy Daniela trabaja como diseñadora gráfica, donde también busca oportunidades para compartir su testimonio. Su fe incluso influye en sus compañeros de trabajo. «Por mi culpa, ahora mis jefes siempre dicen la verdad, incluso cuando tienen que admitir que vamos con retraso en algunos pedidos porque estábamos ocupados y se nos olvidaron», dice entre risas.

Sueña con trabajar duro para darle a su madre una vida más cómoda, comprarse una moto, crecer como diseñadora gráfica e incluso estudiar algo nuevo (como derecho) para ayudar a los demás. También sueña con aprender inglés, aferrada a la promesa de Dios de que algún día compartirá su testimonio entre las naciones.

Pero, sobre todo, desea continuar siguiendo a Jesús: «Quiero conocer más al Señor. Le digo: “Todo lo que no Te guste de mí, quítamelo”».

«Un abrazo de Dios»

A lo largo de los años, la familia de Daniela ha recibido ánimo, oraciones y cartas de Puertas Abiertas. Para ella, esos simples gestos se convirtieron en recordatorios de que no estaba sola. «Para mí, Puertas Abiertas fue como un abrazo de Dios, mostrándome que Él estaba ahí», dice. Guarda algunas de las cartas clavadas en la pared. «Son palabras de ánimo, pequeños mensajes de Dios que Él envía a través de las personas».

Daniela vive ahora lejos de las zonas afectadas por la persecución. Pero no ha olvidado a los pastores, las familias cristianas y los niños que siguen viviendo bajo la presión de los grupos armados. Su mensaje para ellos es sencillo: seguid buscando a Dios, incluso cuando Sus respuestas no llegan de inmediato. «Siento que nuestras experiencias con Dios son las que nos ayudan a permanecer firmes en Él», señala. «Él dice que es nuestro Consolador. Vendrá a consolarnos. Debemos creer con certeza que Él siempre estará ahí».

Daniela sabe que, si se hubiera rendido antes de encontrar la respuesta, quizá nunca habría descubierto lo que Dios estaba haciendo a través de su historia. «Si no permanecemos firmes, puede que nunca sepamos por qué. No sabremos lo que Dios tiene para nuestro futuro», dice. «Dios es fiel. Él es nuestro Padre, el Padre de todos nosotros».

Ora con Daniela

🙏 Ora por Daniela, para que Dios continúe sanando su corazón y la guíe mientras crece en su fe y su llamado.

🙏 Ora por su hermano y su familia, para que encuentren consuelo, provisión y fortaleza en Jesús mientras continúan su camino.

🙏 Ora por los jóvenes cristianos en Colombia, especialmente por quienes viven en zonas afectadas por grupos armados, para que Dios los proteja y les ayude a permanecer firmes en su fe.

🙏 Ora por la próxima generación, para que muchos jóvenes de Colombia y del mundo conozcan a Jesús y descubran esperanza y propósito en Él a pesar de las dificultades.

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