La pastora Amanda ha estado predicando en la región del Catatumbo, en el noreste de Colombia, durante más de 20 años. Pero ahora está afligida por la situación de los creyentes y el resto de los habitantes de la zona, por como las bandas criminales están reaccionando ante las personas que se han infectado con el coronavirus.

De hecho, un niño de 13 años que había dado positivo en la prueba del Coronavirus, encontró un panfleto en la puerta de su casa que contenía una amenaza de muerte contra él y su familia. Finalmente fueron expulsados de su hogar junto con toda su familia.

Cómo iglesia, ¿Tenemos alguna respuesta ante situaciones como estas? ¿Qué recursos tenemos disponibles para ofrecer ante tal necesidad? La iglesia de Colombia en estos lugares, de la misma manera que la pastora Amanda, conocen muy bien la respuesta. Saben que tienen una responsabilidad ante tal situación de dolor y necesidad de los que le rodean. Ellos conocen el poder de la oración intercesora que sabe y espera por la respuesta de nuestro buen Dios, no para satisfacer cuestiones personales, sino para que la mano de Dios pueda moverse a favor de aquellos por los que son conmovidos los corazones de los hijos de Dios.

El relato usado por Jesús en el capítulo 11 del evangelio de Lucas nos ilustra acerca de la necesidad de la oración. Siempre centramos nuestra atención en la parte donde se explica el motivo por el que, el amigo que es importunado por la visita del otro acaba accediendo a su petición. Sin quitar nada de esta verdad, no son tantas las veces en las que enfocamos la causa por la que el primero decide ir a la casa ajena para realizar su petición: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante”. Lo interesante de esto es que es la necesidad de atender al recién llegado la que le impulsa a realizar esa acción, lo que le mueve a realizar una petición arriesgada. Es la necesidad ajena y la responsabilidad de atenderla la que le lleva a actuar con fe.

Si bien la persona a la que realiza su ruego es importante para él, no lo es menos aquel a quien recibe en casa y a quien desea atender de manera digna.

Cada día, al igual que la pastora Amanda, tenemos la oportunidad de conocer las necesidades ajenas, las necesidades de aquellos que al igual que nosotros, son amados por Dios. Es por aquellos que están en apretura y llegan a nuestra casa necesitados de lo que de parte de Dios podamos entregarles, sobre los cuales Dios está esperando que le pidamos. A Él no le importa la hora en que lo hagamos o de la insistencia que usemos, el desea satisfacerles por medio de nuestra oración, de nuestra expectativa en la respuesta que recibiremos.

Que definitivamente nos mueva el amor, la compasión de Dios para aquellos que llegan tarde a nosotros, y a los cuales no tenemos nada que ofrecer, sino esos tres panes que una vez recibidos, saciarán la necesidad.