Nuestra fe es el único elemento a «este lado» del cielo que puede darnos fortaleza y valentía para enfrentar los obstáculos que la vida del discípulo nos pone por delante.

Recordemos la historia de un antiguo misionero en la India llamado Alejandro Duff. Él tuvo que enfrentar múltiples adversidades antes de llegar a su destino, incluso su barco se estrelló contra las rocas a la altura del Cabo de Buena Esperanza. Aunque él y todos los que iban en el barco, salvaron la vida, perdió todas sus posesiones, incluido un cargamento de más de 800 libros listos para serle de utilidad en su misión.

Mientras se encontraba sentado en la orilla de la playa y el oleaje intentaba devolver algunas de las pertenencias perdidas, Alejandro observó algo que repetidamente las olas depositaban junto a él. Aunque él pensó que no sería nada que mereciese la pena, cuando llegó a coger el objeto, resultó ser su propia Biblia, ¡la que él leía cada día!

Cayó en la cuenta de que el único libro de sus ochocientos volúmenes perdidos, que había sido recuperado, había sido la Palabra de Dios. Era todo lo que necesitaba, poseer la Palabra y las promesas de Dios cerca de su vida, aunque las circunstancias se le hubieran puesto realmente imposibles.

Aún hoy, esa providencia divina sigue dando muestras de su validez a millones de cristianos que en la India siguen enfrentando pérdida, dolor y rechazo. Esa misma providencia les dará todo lo que necesitan tanto material como espiritualmente. Ellos seguirán recibiendo el alimento para el alma y el espíritu: las Palabras vivas del mismo Dios y no solo eso, sino también la promesa y el cumplimiento de su cuidado sobre sus necesidades físicas y terrenales.

Hace apenas unos meses, nuestros hermanos Praveen y su esposa Shanti, un matrimonio que regenta una tienda en un pequeño pueblo encontró que sus estanterías estaban vacías a causa de la persecución y la pandemia.

Hoy la provisión divina para su pueblo se ha vuelto a ver con claridad. Este matrimonio continúa dando testimonio de ella diciéndonos: «En los tiempos inciertos, la Palabra de Dios siguió recordándonos: “Confía en mí y te liberaré y seré tu proveedor”. Y Dios ha sido nuestro proveedor. Hoy tenemos clientes que vienen a la tienda y también podemos volver a llenar los almacenes gracias a su ayuda en el momento adecuado».

Recordemos que, aunque todo parezca estar perdido, siempre se hallará la provisión perfecta de Dios para con su pueblo, siempre que mantengamos firmes nuestra esperanza en su bendita providencia.