El pastor Sule Sunday atiende a los habitantes de Naka, una comunidad agrícola mayoritariamente cristiana situada en el estado de Benue, en el centro de Nigeria.

"Mi comunidad ha sufrido una grave persecución por parte de los pastores fulani", explica Sule. "Hemos perdido casas, seres queridos, nuestros medios de vida y nuestras comunidades. Han sido tiempos difíciles para la mayoría de los miembros de mi iglesia".

Un equipo de Puertas Abiertas visitó a los desplazados de Naka para conocer sus necesidades más urgentes y evaluar cuál era la mejor manera de ayudar. Nuestro equipo encontró personas traumatizadas. El estado de los niños era el más difícil de soportar.

"En lugar de jugar, los niños estaban apáticos, tumbados a la sombra de los árboles y esperando a que sus madres les llamaran para cenar. El miedo y la incertidumbre brillaban en sus ojos cuando yo, un extraño para ellos, me acercaba", informa un miembro del equipo.

Sule estaba preocupado por su gente, frustrado por lo poco que podía hacer para cambiar su destino. "Algunos empezaron a dudar de que Dios se preocupara por nosotros. Había mucha hambre y dificultades. Recibíamos algo de comida, pero era tan poca que sólo unas pocas familias podían ser ayudadas, y lo que recibían se acababa en una semana."

Esta espiral de desesperación se detuvo cuando a principios del año pasado, justo antes de que entrara en vigor el confinamiento por el COVID19, Puertas Abiertas volvió a los desplazados de Naka con ayuda de emergencia. Gracias a tu apoyo, pudimos ayudar a 1.500 familias, entre las que se encontraban muchas viudas, con alimentos para tres meses y dinero en efectivo para ayudarles a recuperarse. Los pastores recibieron libros de texto y Biblias para poder continuar con su ministerio.

Los voluntarios ayudaron a descargar los alimentos y a organizarlos en paquetes, mientras miles de personas se arremolinaban expectantes fuera del perímetro de distribución. Una vez iniciada la distribución, cada uno esperaba pacientemente su turno, pero en cuanto recibían sus paquetes, las mujeres estallaban en cantos y bailes.

Sule concluye con este deseo para cada uno de los que hacen posible que la esperanza sea sembrada en los corazones de personas como las de Naka: "Mi oración para vosotros es ésta: Que Dios ensanche vuestra casa, que os fortalezca, que os provea para que podáis ayudar a los demás. Que todas vuestras necesidades sean satisfechas según sus riquezas en gloria. Que Dios os bendiga y gracias a todos los que han contribuido a devolver la esperanza a nuestros corazones".