El salmista equipara este sentimiento a estar en un pozo, sumido en la profundidad de la tierra sin tener la posibilidad de salir con medios propios. No se cae fácilmente en la desesperación, uno no pierde la esperanza a las primeras de cambio. Es la sucesión de tragedias, injusticias o sucesos amenazantes los que provocan que lleguemos a sentirnos que atravesamos por una noche eterna. Una noche que nunca se convertirá en mañana.

A pesar de todo, si hay alguien especializado en sacar a las personas de los pozos donde han caído, ese es nuestro Dios. Pero requerirá algo de nosotros, necesitará que le lancemos la cuerda del clamor y estemos dispuestos a aferrarnos a la espera mientras ascendemos por ella, subidos por sus poderosos brazos.

Raju y Ankita dos creyentes en India, nos comparten su increíble viaje de fe en su vida cristiana. Cuando la iglesia que se reunía en su casa empezó a crecer, hizo que su comunidad enfureciera. Fueron golpeados brutalmente y humillados. "Me hicieron lamerles los pies", dice Raju. Sin embargo, la pareja no vaciló en su fe, y Dios los ha ayudado. Han hecho real en sus vidas la promesa que encontramos en el Salmo 40:

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. “

Con tu ayuda, los colaboradores locales de Puertas Abiertas han sido capaces de proporcionarles apoyo económico y legal en sus momentos difíciles. Hoy, después de pasar por muchas pruebas, se mantienen aún más fuertes en su fe, con un increíble testimonio de protección y provisión de Dios.

Nuestro Dios nos promete que si clamamos en nuestra desesperación, de la misma manera que nuestros hermanos en India, Él nos hará establecer sobre la solidez de la peña, y los momentos hundidos en el lodo cenagoso serán solo el recuerdo que valdrán para motivar la fe de otros que se puedan encontrar en esa situación.

Si te hallas en desesperación, hundidos tus pies en ese lodo que te impide moverte, es el momento de mirar a nuestros hermanos en India y ver que, por muy profundo que parezca, Dios nuestro salvador, está dispuesto a alzarnos por la cuerda del clamor y la espera, hasta que nuestros pies se encuentren afirmados sobre la dura peña.