¿Se puede ser cristiano y perseguir a alguien que quiere seguir a Cristo? Desde luego, en esta pregunta hay alguna contradicción. Si alguien persigue a su prójimo por creer solamente en Cristo y su Palabra, ignorando las otras doctrinas denominacionales, no merece llevar aquel título.

Manayesh, madre de cuatro hijos, ya no es una mujer joven. Y a través de su vida, ha visto mucho sufrimiento. Vive en una remota aldea etíope, donde la mayoría de la gente sigue la fe ortodoxa tradicional. Para muchos en su área, ser etíope significa ser ortodoxo. Ella también fue criada de esa manera, y como la mayoría dentro de este grupo, nunca leyó la Biblia, puso su confianza en María y los ángeles, y nunca aprendió que Cristo es el único camino, la verdad y la vida.

Y esto es algo que sucede muy a menudo. Conocer acerca de Jesús o seguir una tradición cristiana, no necesariamente implica haber nacido de nuevo, no necesariamente implica vivir por los patrones del Reino de Dios y que cada uno de ellos hayan transformado todo lo que somos.

En algún momento, la madre de Manayesh se convirtió en protestante, algo muy ofensivo para algunos dentro de la Iglesia Ortodoxa. Ella compartió la Buena Nueva con Manayesh. "Ella me enseñó sobre Jesús. Llegué a creer que el evangelio es verdad", compartió la mujer en nuestra última visita. "Después de recibir a Jesús, mis cargas me abandonaron. El sufrimiento había sido mi vida, pero todo se hizo más fácil, después de recibir al Señor, mi pesada carga se aligeró... Dios me ayudó."

La vida diaria seguía siendo un desafío, pero las cargas emocionales y espirituales que una vez llevó desaparecieron.

La comunidad vio la transformación en la vida de Manayesh y comenzó a albergar celos hacia ella. "Dijeron, 'tú Pente (el término despectivo usado para referirse a los protestantes), ¿qué haces aquí? Debes irte.'” No eran meras sugerencias. Eran amenazas. Y cada vez que la amenazaban, ella compartía su fe con ellos: "Sólo Cristo debe ser adorado...", les dijo.

Aunque Manayesh asistía a la iglesia protestante, su marido permanecía siendo ortodoxo. Él toleraba su fe y mientras estaba vivo, le ofreció algo de protección contra las amenazas de sus vecinos. Pero cuando murió hace 14 años, no había nadie que la protegiera.

Cuatro años después de la muerte de su esposo, la tensión entre Manayesh y la comunidad se desató. "Se llevaron mi buey y destrozaron mi casa".

El hijo de Manayesh, Abenezer comparte: "No teníamos nada... no había nada que cosechar en la granja. Estábamos sufriendo mucho. Hubo un tiempo en que no podía pagar nuestra escuela."

Manayesh admite que ella pensó en dejar la zona, pero no tenía adónde ir. Pero aún con todo, ella decidió permanecer en Cristo y seguir dando testimonio por él.

Los colaboradores de Puertas Abiertas en Etiopía se enteraron de los problemas de Manayesh. Ella recuerda bien aquel día: "...un hombre de Dios vino y me levantó."

Le dimos a Manayesh algo de dinero con el que compró dos bueyes, algunas ovejas y pagó un préstamo que pidió para restaurar la casa. "Alabé el nombre del Señor, porque Él preparó esta ayuda para mí. Si no la hubiera recibido, mi vida habría estado en peligro. Mis hijos y yo no habríamos sobrevivido. ¿Qué nos habríamos puesto? ¿Qué habríamos comido?"

Hoy esa inversión en Manayesh, se ha convertido en una pequeña pero exitosa granja de ovejas. "Compro ovejas y cuando dan a luz, vendo los corderos. Ahora también tengo dos terneros y una vaca que compré con la ganancia que obtuve... Y un burro. Es del Señor... ¡todo es del Señor!"