Esta es la increíble historia de Abraham. Es la historia de un hombre que decidió creer a la Palabra de Dios y mantener su fe en ella hasta las últimas consecuencias.

El apóstol Pablo nos lo explica en el capítulo 4 de su epístola a los romanos: “Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: ‘Así será tu descendencia’. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto”.

A pesar de ver todas sus circunstancias en contra de la promesa recibida, fue su fe, su confianza, su esperanza en que de algún modo, Dios lo haría posible, lo que le mantuvo siempre atento a su respuesta.

Es esta misma insistencia en la fe y la espera, la que nuestros hermanos perseguidos nos transmiten. Es la fe en el cumplimiento de las promesas de Dios las que les hace esforzarse y pelear por aquello que han recibido.

Claro ejemplo de esta fe combatiente es el pastor Imeldo Maya. Él se mudó al pueblo de San Andrés Yaá, en el corazón de la cordillera de Oaxaca, México, después de haber pasado varios años en los Estados Unidos. Su familia y amigos lo recibieron con los brazos abiertos, y junto con otros habitantes de la comunidad, comenzaron a estudiar la Biblia, a orar y a adorar juntos.

Se reunieron primero en sus casas, y más tarde en una pequeña iglesia que Imeldo construyó en un terreno que le dio su suegro. Nos recuerda lo que sucedería poco tiempo después: "Estábamos celebrando la presentación de un niño en nuestra iglesia. De repente, oí a las autoridades llamándome por unos altavoces en el exterior, reclamando mi presencia en el ayuntamiento. Me pidieron que explicara por qué había tanta gente de fuera de la comunidad en nuestra iglesia y por qué no les había pedido permiso."

El pastor explicó a las autoridades que los invitados estaban allí solo por un día para asistir a la celebración, y que se irían antes del anochecer. Pero dijeron que no querían que ningún cristiano viniera de otros lugares sin su consentimiento, y le impusieron una multa de 10.000 pesos mexicanos (400 €).

"Cuando les dije que no podía pagar, me pidieron que firmara un documento en el que renunciaría a mi fe cristiana. Les dije que no podía hacerlo porque creía firmemente en Jesucristo", dijo.

Su respuesta le costó cara. Fue llevado al calabozo, donde permaneció encerrado dos noches. Al ser liberado, lo llevaron a la asamblea del pueblo, y fue entonces cuando los vecinos decidieron expulsarlo.

Después de esto, se embarcó en un proceso legal para exigir la restitución de los daños infligidos a él y a su familia. Desde 2018, Puertas Abiertas ha estado ayudando al pastor Imeldo en su batalla legal, ofreciéndole asesoramiento profesional y apoyo financiero. Tristemente, todavía vive separado de su comunidad. Su larga batalla legal aún no ha terminado, pero la fe de nuestro hermano le mantiene batallando con todas sus fuerzas por recuperar su trabajo en Oaxaca. Sigue esperando y trabajando en la promesa de Dios para su vida y su ministerio. Es la actitud de no darse nunca por vencido lo que lleva a la iglesia perseguida a continuar firme y militante ante el llamado recibido por Dios.

Que esa actitud sea también la de todos nosotros en nuestra oración por ellos.