Muchos se preguntan cuál es la mejor manera de abordar una crisis sanitaria y económica como en la que nos encontramos en estos momentos. Hay múltiples respuestas y todas ellas de algún modo son necesarias para sobrellevar esta situación y paliar sus efectos. Respuestas a nivel médico, otras en un sentido empresarial, social o incluso legal.

Muchas voces son oídas en estos días de incertidumbre y miedo, pero al igual que en los tiempos de Habacuc, hay una de ellas que sobresale para hacerse entender entre los que temen a Dios: La voz de su Palabra. En esta, muchos y diversos tiempos de crisis son analizados y solventados, crisis individuales, colectivas, crisis de esclavitud, de persecución, de hambre, de guerras o de traiciones. Múltiples situaciones donde el pueblo de Dios tuvo que escoger atender a la voz de Dios y guiar su vida y decisiones por medio de ella. Esto ya sucedió en el pasado, pero aún sigue aconteciendo.

Hace unos dos meses supimos sobre la terrible noticia del asesinato del pastor nigeriano llamado Lawan Andimi a manos de unos terroristas de Boko Haram. Él fue secuestrado el pasado 3 de enero y ejecutado el 31 del mismo mes. Fueron 28 días los que el reverendo estuvo a la merced de aquellos que intentarían arrebatárselo todo, 28 días de aislamiento sin saber cuál de ellos sería el último, sin saber si volvería a ver a su familia, o saludar a sus hermanos en Cristo.

Trato de imaginar esos 28 días batallando contra el miedo, la incertidumbre, el rencor o las dudas. Todas estas, voces que se agolpan en la mente y que día tras día, hora tras hora, vuelven con fuerzas renovadas cuando recibes un nuevo golpe, un insulto, una cada vez más feroz encomienda para que reniegues de tu fe en Jesús por parte de las personas que sabes, finalmente acabarán con tu vida.

Pero aun en medio de crisis tan desesperadas como la de nuestro hermano Lawan, la mano de nuestro Dios continúa moviéndose a través de las promesas otorgadas en su Palabra para nuestras vidas, haciéndonos recordar el verdadero y más profundo gozo que proviene de la confianza en nuestro Dios, ese gozo que nace desde adentro y nos recuerda que la verdadera salvación solo viene de Él:

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento y las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales. Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

Sean cuales sean los momentos de crisis por los que tengamos que atravesar y aunque seamos tentados por las voces de la duda, la desesperación o el temor, recordemos lo que la iglesia perseguida nos enseña que, aunque el escenario sea el más difícil posible, elijamos siempre escuchar la voz de nuestro Dios.

Por lo cual, si nuestra higuera no florece o no hallamos frutos en las vides, si todo nuestro bienestar económico es deshecho, las pandemias se extienden alrededor o como nuestros hermanos pasamos por el crisol de la dura persecución, no nos olvidemos de hacer frente a todas estas situaciones elevando una oración, una confesión de confianza en el cuidado de nuestro Dios, no olvidándonos tampoco de orar por aquellos que ya han hecho suya la promesa que se nos dice a todos:

“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas y en mis alturas me hace andar.” Habacuc 3:17-19

Sergio Moro.