Mañana lo harán en un números semejante a los que perdieron la vida en el ataque a las torres gemelas de Nueva York. Realmente, estas comparaciones me han ayudado a entender la magnitud del problema que estamos atravesando. Esta es una situación que nos está desbordando como sociedad, incluso como género humano.

La verdad, es duro darse cuenta de que cada día que pasa ante nosotros una catástrofe tras otra semejante a las anteriores se sucede. Y es que ante la espectacularidad de los hechos que nos rodean, podemos ser de tal manera abrumados por la actualidad, que lleguemos a olvidarnos de otras tragedias que, aunque más silenciosas, fueron y siguen siendo sufridas por personas, familias o comunidades que no están haciendo frente a ningún virus, sino que se encuentran en una lucha encarnizada contra la persecución.

Quizá esta pandemia acabe por desaparecer y las heridas de nuestra sociedad comiencen a sanar, pero aun así y cuando todo el mundo dé por superada esta crisis, la batalla de la fe seguirá contando sus caídos, cada día la iglesia perseguida seguirá llorando sus bajas como continúa haciendo incluso en estos precisos momentos. Solo en el último año, casi 3.000 cristianos fueron asesinados a causa de mantener firme su decisión por Jesús, otros 14.000 fueron agredidos y amenazados, más de 1.000 secuestrados y más de 8.000 fueron violados o acosados. Sin contar con más datos, ¿Cuántas tragedias históricas serían necesarias enumerar para entender esta realidad?

Esta panorámica nos indica que, si el mundo a causa de esta crisis sanitaria necesita más que nunca de la luz de la Iglesia, ¿Cuánto no más una realidad que no es ocasional, sino más bien continua, como es el sufrimiento de nuestros hermanos? El apóstol Pablo ya escribió sobre este mismo principio a la iglesia en Galacia:

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.”

Es hora de esforzarse y actuar como hijos de Dios en medio de esta situación de pandemia, sí, pero también es hora de multiplicar nuestra intercesión y apoyo a la tragedia continua y sin descanso que sufre nuestra familia, que sufren más de 260 millones de cristianos en todo el mundo. Es hora de acompañarlos con nuestra oración.

Sergio Moro.