En un pequeño pueblo rural en el centro de Laos, mientras la mayor parte del mundo lidiaba con la cuarentena del coronavirus, el evangelio creció lentamente y en silencio entre la gente. En las aletargadas y grises semanas de mayo de 2020, en las pequeñas chozas escondidas entre los espesos bosques de Laos, el Evangelio iluminó choza tras choza, alcanzando a 11 familias y 43 nuevos creyentes, con Khambang, un antiguo fugitivo, difundiendo su luz.

Pero hace cinco años, Khambang no era tan atrevido. Y es que, aunque el gobierno de Laos dice que sus ciudadanos pueden creer y practicar cualquier forma de religión, la realidad es diferente para los cristianos, especialmente para los que viven en aldeas remotas, que con frecuencia son repudiados, desplazados, golpeados y encarcelados por su fe.

En otros casos, tienen que correr por sus vidas. Y esto es lo que le pasó a Khambang. Huyó por su vida no sólo una o dos veces, sino tres veces, y todo porque compartía atrevidamente el Evangelio.

"En primer lugar, dijeron que yo hacía armas, que hacía armas y bombas. Segundo, dijeron que era vietnamita, no laosiano. Tercero, dijeron que yo llevaba a la gente al cristianismo. Cuarto, dijeron que yo dirigí a la gente a rebelarse contra el gobierno". Él sólo era culpable del tercer punto.

En este punto, y considerando la perseverancia de nuestro hermano en su labor evangelística, no podemos hacer más que recordar las palabras del apóstol Pablo a Timoteo, viendo como de alguna manera han marcado la vida de nuestro hermano:

“Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio...”

2ªTim.4:5

A pesar de estar soportando esas aflicciones advertidas al joven Timoteo, nuestro hermano se decidió a cumplir cabalmente con el mandato que del Señor recibió: llevar las buenas noticias de salvación allá donde ha sido puesto.

Ahora, cinco años después de su última fuga, Khambang ya no huye. En 2018 asistió a una escuela bíblica apoyada por Puertas Abiertas y tras varios meses de entrenamiento, regresó valientemente a casa para estar con su familia y enfrentarse con el riesgo cara a cara. Su coraje valió la pena ya que, por alguna razón, la policía dejó de perseguirlo. No está seguro de por qué, pero fue la respuesta a muchas oraciones.

Al año siguiente, continuó sus estudios en la escuela bíblica, graduándose finalmente y recibiendo su certificado. Si un pastor puede demostrar que ha recibido una formación formal, las comunidades rurales suelen sospechar menos de ellos, cosa que en la actualidad, le esta valiendo de mucho.

James, un colaborador local del ministerio en esta escuela y amigo de Khambang, nos cuenta: "Ahora, puedo decir con confianza que Khambang es más audaz en su fe. Se sube a su moto para ir a diferentes lugares sólo para compartir el Evangelio. Es un evangelista itinerante. Puertas Abiertas fortificó lo que ya estaba haciendo".

Khambang ahora continúa compartiendo fervientemente el evangelio y ministrando a la gente de un pueblo a otro. No sólo predica, sino que también capacita a los creyentes para discipular a otros y ayudar a los necesitados. Ayuda a las viudas y a los desplazados a ponerse de pie y moviliza a su iglesia para reconstruir sus hogares. Es mentor de los jóvenes, les da lecciones de guitarra y tiene comunión con ellos.

A pesar de la persecución y de una larga temporada huyendo para salvar su vida, nuestro hermano es fiel ejemplo de que las puertas están abiertas para el evangelio allá donde haya un discípulo de Cristo dispuesto a arriesgarlo todo por la misión.