El apóstol Pedro trata de enseñar a la iglesia acerca del motivo real por el que podemos llegar a padecer como hijos de Dios. Trata de guiarnos al correcto encaje de una situación de persecución o padecimiento en nuestras vidas.

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido” 1ªPed. 4:12

Cuando identificamos el sufrimiento causado por seguir a Jesús como una situación extraña para nosotros, y caemos en la angustia o la decepción, es hora de mirar al maestro del sufrimiento y la persecución: Jesús de Nazaret. Es hora de mirar las vidas y testimonios de tantos hermanos que alrededor del mundo padecen injusticia por no haber querido someterse a las imposiciones de los que le rodean.

La vida de cinco familias cristianas evangélicas que fueron expulsadas el año pasado de su ciudad natal de Napite, en el estado mexicano de Chiapas, ha cambiado muy poco. Todavía viven en la casa de un líder de la iglesia (el pastor Octaviano) que les dio refugio en su casa de San Cristóbal de las Casas, a una hora y media de distancia de Napite.

La expulsión se produjo en octubre de 2019, cuando los dirigentes locales ordenaron a los 33 miembros de esas familias (incluidos los niños) que abandonaran la ciudad de 500 personas, tras acusarlos de profesar una fe diferente de las creencias tradicionales.

A día de hoy, y a pesar de las dificultades, Puertas Abiertas México está ayudando a estas familias mediante la aportación de recursos financieros para la compra de maíz y frijoles, alimentos básicos de la dieta mexicana.

Es hora de comprender que, cuando padecemos por el nombre de Jesús, en lugar de caer en la queja o la decepción, nos toca asumir que el siervo no puede ser mayor que su Señor. Nos toca creer también, que en su gloria venidera estaremos junto a Él, ya que nuestro destino está ligado al suyo. El destino de su Iglesia, en cualquier lugar del mundo, está ligado al suyo y si sufrimos por Él, también reinaremos con Él. Entonces el breve sufrimiento se convertirá en eterno gozo.