Y la realidad es que, de pronto y sin saber muy bien cómo, de la misma manera que nuestro hermano Amín, nos vemos andando sobre un mar en medio de la tormenta. Caminando hacia Jesús solo por la fe, porque Él nos ha dicho que lo hagamos, que a pesar de las crecientes olas alrededor, creamos y no dudemos.

Y esta es la gran paradoja de la fe, ya que, cuanto más dura es la tormenta, cuanto más difícil el momento, mayor es la oportunidad de descubrir el poder del amor de Dios. De descubrir que si atendemos solamente a la voz de Jesús que nos dice: “Ven”, desechando todo temor y dejando de considerar las aterradoras circunstancias, entonces la tormenta quedará en un segundo plano, el miedo comenzará a desaparecer y nos hallaremos caminando sobre las turbulentas aguas con la confianza puesta en nuestro Señor. La confianza en que Jesús nos cuida.

Por eso, en situaciones adversas, en lugar de mirar cuan oscuro está el cielo, el estruendo de la tormenta o los gritos de pánico de nuestros vecinos, escuchemos solamente la voz que nos da el poder y avancemos, miremos hacia la figura de nuestro Señor y avancemos. Avancemos hasta que estemos seguros en sus brazos y conscientes completamente de su amor.

Amín fue liberado provisionalmente en el mes de marzo a causa de la preocupación en el país por el brote del COVID-19, quedando finalmente exonerado por completo el pasado 6 de abril.

¡Tened ánimo!; ¡yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Mateo 14:27-29