Esto nos hace acreedores de una herencia incorruptible que de seguro recibiremos cuando estemos en su presencia. Aunque en el día presente suframos por esa esperanza, de ninguna manera esta nos podrá ser arrebatada.

Esta misma verdad la podemos encontrar en nuestros hermanos que sufren intensamente por su fe en Jesús, así como una iglesia en Soluta, un pueblo del estado mexicano de Oaxaca fue duramente golpeada hace algunos años, cuando sus dos pastores fueron asesinados.

En esta zona, muchos de los hombres y jóvenes que han desaparecido, han sido en realidad reclutados a la fuerza por el llamado Ejército Revolucionario. En muchas ocasiones, los valores cristianos y la enseñanza de la iglesia se interponen a esta realidad.

Muchos en la comunidad pertenecen a estos grupos armados y usan su poder ante cualquier desacuerdo, especialmente cuando se trata de cristianos evangélicos, a quienes consideran sus enemigos.

Debido a ello, el pastor Gaspar Ramírez fue asesinado en noviembre de 2016 mientras oraba en medio de la congregación. "Él estaba pidiendo paz, ya que muchas personas conflictivas y violentas habían llegado al lugar", dijo uno de los testigos que estaba en la reunión.

Un año más tarde el 31 de diciembre de 2017, esta iglesia perdería a su segundo pastor. Mientras Hageo López estaba orando en la iglesia, dos hombres vestidos de policías entraron en escena y lo mataron con más de 7 disparos en la espalda. Estaban en comunión, celebrando el fin de año, pero la alegría y la esperanza se convirtieron en miedo y confusión.

Ambos asesinatos se produjeron a la vista de familiares y otros creyentes, entre ellos Yareidi y Daniela, de quince y dieciocho años.

Tras el último asesinato, un diácono de la iglesia instó a Daniel García, pastor de dos iglesias cercanas y padre de estas chicas, a abandonar la comunidad, ya que temían que fuera el siguiente en ser asesinado.

Sus temores no eran infundados, Daniel fue raptado en una motocicleta y más tarde golpeado, recibiendo un ultimátum por parte de sus captores. "Si no abandonas esta comunidad, te mataremos", le dijeron.

la iglesia entró en crisis y se dispersó y las mismas personas que siguen asediando a los cristianos de esa zona impiden, mediante la intimidación, que las puertas de la iglesia se abran de nuevo.

Después de orar y ayunar, la familia vio la urgencia de abandonar Soluta y se fue rápidamente, dejando todo atrás para salvar sus vidas.

Cuando la familia dejó Soluta, se fueron a Xoxocotlá, en el estado de Morelos donde pudieron empezar de nuevo. Allí el pastor Daniel conoció a Puertas Abiertas y compartió su historia.

A través de Cheli, una fiel colaboradora del ministerio, la familia comenzó a recibir atención pastoral y fue enseñada acerca de la persecución. Aunque las jóvenes Yareidi y Daniela nunca tuvieron la oportunidad de recibir atención psicológica, fue a través de la oración que pudieron entender lo que habían vivido. Ellas expresaron: "Hoy estamos en paz, Cristo nos dio esperanza".

La pastora Cheli nos dice: "Mostrar a esta familia lo que la Biblia nos enseña sobre la persecución dio sentido a todo lo que sufrieron, pero lo más importante es que Dios los liberó de toda la carga espiritual que tenían".