De ningún modo podemos enfrentarnos a esto de una manera lógica o con la sagacidad de nuestra inteligencia, más bien todo lo contrario.  Es siendo capaces de descansar y tener confianza en Aquel que nos sostiene con la fuerza de su brazo. Es recordando el mensaje del libro de Hebreos en su capítulo 10: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos… Más el justo vivirá por fe”

La realidad es que existe un testimonio en nuestras vidas que nos hace recordar cuantas veces hemos pasado por esos combates que hemos librado ya, contra la decepción o la desesperanza y cuantas veces hemos salido victoriosos de todos ellos.

Hemos salido victoriosos a causa de nuestra fe. Pero la fe sin el objeto adecuado carece de valor. Es la fe, la confianza en que Dios sigue actuando, sigue librando y sigue salvando a sus hijos, la que nos mantiene a la espera de la victoria en medio de este combate de padecimientos.

Esta misma realidad es la que en estas últimas semanas están atravesando nuestros hermanos en algunas zonas de Colombia. Están siendo enviados a prisión por los líderes étnicos indígenas que los consideran responsables del COVID-19. Uno de estos grupos indígenas son los indios Arahuacos que habitan en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia.

Creen que la conversión al cristianismo por parte de un miembro nativo de su comunidad destruye la armonía con el reino espiritual y como tal, trae consigo todo tipo de desastres como sequías, hambrunas, enfermedades y en última instancia, la muerte.

El pasado mayo tuvimos conocimiento que dos cristianos, Isabel e Isaac, fueron llevados a la cárcel en un lugar llamado "El Escondido", en lo profundo de una cordillera muy remota, cuando fueron detenidos durante una reunión de oración.

En circunstancias normales, ser un cristiano convertido en estas comunidades es difícil. Ahora, con el COVID-19 colgando como una maldición sobre la cabeza de todos, a ojos de estos grupos indígenas, los cristianos en estas áreas remotas de Colombia son nada menos que chivos expiatorios.

Pero a pesar de todo, es la confianza en la victoria divina sobre sus adversidades la que les hará permanecer firmes y siendo más conscientes que nunca que el justo vivirá por fe.