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HistoriasSiria

Miedo a volver a la iglesia

Tras sobrevivir a un atentado con bomba en su iglesia de Siria, este pequeño de 9 años se atreve a volver al local por Navidad.

Dieciocho meses después de sobrevivir a un mortal atentado con bomba en su iglesia, Elie descubre que la fe es más fuerte que el miedo.

«Mi fe me da fuerzas»: el valiente testimonio de un niño de 9 años en Siria

Elie, de 9 años, sobrevivió a un mortal atentado en su iglesia. Hoy, su regreso a la iglesia es un poderoso recordatorio de la fidelidad de Dios frente a la persecución.

El miedo no tuvo la última palabra

Dieciocho meses después de sobrevivir a un mortal atentado con bomba en una iglesia en Siria, Elie, de 9 años, descubre que la fe es más fuerte que el miedo.

Elie sobrevivió a un mortal atentado en su iglesia. Hoy, su regreso al lugar de los hechos es un poderoso recordatorio de la fidelidad de Dios frente a la persecución.

Con sus pequeñas manos, sostiene con cuidado el pequeño belén de madera. Sentado en su cama, Elie coloca bien las figuras, enciende las diminutas lucecitas blancas del establo y deja el conjunto sobre la cómoda que tiene al lado. A Elie le encanta la Navidad. Este año está decidido a llevar la calidez de estas fechas al dormitorio que comparte con su hermana Marita, de 15 años.

A simple vista, nada revela el trauma que carga este niño de 9 años. Elie parece un chico cualquiera. En el campo, mientras juega al fútbol, persigue el balón, intenta hacer regates y celebra cada gol como si hubiera ganado el Mundial. Como muchos niños de su edad, sueña con ser futbolista profesional de mayor.

Pero al hablar con Elie y sus padres, Ayham y Sally, comprendemos el impacto de la terrible experiencia que ha vivido esta familia.

22 de junio de 2025

En el pequeño piso de dos habitaciones en el que viven, en la primera planta, varios colaboradores de Puertas Abiertas se sientan con esta familia para orar con ellos y escuchar su historia. Algunos iconos en la habitación revelan su origen cristiano ortodoxo. Otros objetos reflejan el cariño que se tienen entre ellos, como el diploma junto al pequeño televisor que Elie recibió por sus buenas notas en matemáticas.

Como muchas de las familias sirias a las que nuestros colaboradores han ministrado últimamente en Damasco, Elie, Sally, Ayham y Marita llevan grabada para siempre una misma fecha: el 22 de junio de 2025. Aquella tarde, en la iglesia de San Elías, las familias estaban reunidas en profunda oración cuando sus vidas cambiaron para siempre. Elie estaba sentado junto a su madre. Su hermana todavía iba de camino a la iglesia.

De repente, se oyeron disparos. En mitad del culto, un atacante irrumpió en el patio de la iglesia y abrió fuego antes de entrar en el templo y hacer estallar una bomba, lo cual provocó su muerte y la de otras personas. Aquel día, 22 cristianos murieron y 150 resultaron heridos en el atentado.

Tanto Elie como su madre guardan recuerdos muy vívidos. Cuando empezaron los disparos, Elie recuerda cómo su madre se lanzó al instante sobre él, cubriéndolo con su cuerpo, y los tumbó a ambos en el suelo, mientras buscaba refugio entre los bancos.

«Mi madre me dijo que era solo el ruido de unos aviones, pero no era eso», dice Elie, mientras pone hacia arriba sus ojos de color marrón oscuro al recordar sus palabras. «Escuché el primero, el segundo y luego el tercero. El tercer sonido fue muy fuerte».

Sally añade: «Intenté proteger a Elie lo mejor que pude. Como madre, quería tranquilizar a mi hijo. Le dije: “No tengas miedo, todo va a salir bien. El Señor nos sacará adelante”».

Sally sacó a Elie de la iglesia lo más rápido que pudo. Mientras tanto, llamó a Marita para decirle que no fuera a la iglesia. Elie sufrió una herida leve, ya que un cristal le rozó la cabeza. Se señala el pelo y nos muestra dónde se hizo la herida y dónde después le pusieron puntos. Pero el hombro de Sally quedó gravemente herido.

Elie recuerda haber visto a su madre desmayarse y caer al suelo. «Sangraba del hombro», dice. El pequeño buscó ayuda desesperadamente. «La llevaron en un coche al hospital».

«El día de la explosión fue horrible», dice Sally. «Ninguno de los que lo vivimos lo olvidaremos jamás. Lo que más me duele es haber caído herida delante de mi hijo. Él pensó que había perdido a su madre y pidió ayuda a gritos. Eso todavía me atormenta».

Una fe más fuerte

Dieciocho meses no son suficientes para sanar de la violencia del 22 de junio de 2025 y del trauma que dejó. Las heridas emocionales siguen abiertas; los nervios siguen a flor de piel. Para muchos, cada día es un recordatorio de las heridas que sufrieron.

La lesión en el hombro de Sally es tan grave que no ha podido volver a su trabajo como manicurista, lo que ha dejado a la familia con un único ingreso. «Es demasiado doloroso, y no tengo fuerza en esa mano», explica. Puede que nunca sea capaz de volver a su trabajo. Ayham, el padre de Elie, trabaja duro como comerciante de coches y ganado para sacar adelante a la familia con sus ingresos en un país y una región con graves dificultades económicas.

Cuando Sally habla del atentado, contiene las lágrimas, y trata de no mostrar sus emociones. Pero su expresión lo dice todo.

«Me entristece lo que vivimos, y el horrible recuerdo que aún perdura», dice. «Lo que más nos marcó fue el miedo. Ahora nos asustamos por muchas cosas. Los niños tienen miedo de todo. Les asusta que vuelva a pasar algo terrible».

A veces, el miedo hace que un niño pequeño se plantee preguntas de adulto. «Le pregunté a nuestro sacerdote, el padre Youhanna: “¿Por qué esa persona [el terrorista] actuó así, y por qué estábamos nosotros allí?” Porque es algo que me pregunto constantemente», cuenta Elie.

Recuerda y está de acuerdo con la respuesta del sacerdote: «Me dijo que Jesús estaba con nosotros durante lo que pasó y que Él nos protegió. Pero no fue así con ese hombre. Por eso entró y actuó de esa manera. Yo pienso lo mismo. Confío en Dios. Oro para que Él proteja a mi familia y para que lo que ocurrió nunca vuelva a repetirse».

Para esta familia de cuatro, la fe siempre ha sido parte esencial de su vida. Desde que Marita y Elie eran pequeños, Sally les ha inculcado la importancia y el poder de la oración. «Es muy importante que, desde pequeños, los niños aprendan a contar con Dios en cada paso que dan en la vida», dice, con la serena sabiduría de alguien que ha vivido tiempos difíciles, entre ellos una violenta guerra civil que duró una década. «Se lo enseñé. Aprendieron que Dios está con nosotros en cada paso que damos. Él no nos abandona».

Sally ha enseñado a sus hijos a orar. «Les inculqué este hábito desde pequeños», dice. «Oramos todos los días antes de acostarnos. Después de orar, cantamos algunas canciones de adoración que ellos conocen, para que se duerman con las melodías de esas canciones en la mente. Antes de dormir, decimos: “Gracias, Dios, por todo lo que nos das”».

A tan corta edad, Elie ya ha visto cómo la oración le fortalece a él y a su familia. «Orar significa paz y amor para nosotros», dice.

Las verdades que Sally le dijo a Elie durante el atentado para tranquilizarlo son las mismas que les ha transmitido a sus hijos desde que nacieron.

«Sin duda, en nuestro país es muy importante entregarnos al Señor», cuenta. «Siempre procuro recordarles a mis hijos la frase más importante: el Señor está siempre con nosotros, para que lo que sea que hagan, lo hagan sin miedo. Siempre les animo a seguir adelante con nuestra vida porque el Señor está con nosotros, y no hay nada más que decir salvo que se haga Su voluntad».

Después del atentado, Sally se dio cuenta de que su fe es incluso más fuerte que antes de que la bomba estallara. «En ese momento, clamé al Señor y Él me respondió y nos protegió», dice. «Esta experiencia nos llevó a una fe más fuerte».

Una Navidad diferente

Como muchos de los que estaban adorando en San Elías el día del atentado, Elie no ha estado emocionalmente preparado para volver al lugar de los hechos, con miedo a los recuerdos que puedan aflorar, pero también con miedo a que algo así vuelva a ocurrir.

El miedo era tan real que Elie y su familia ni siquiera celebraron la Navidad —su época favorita— con su iglesia el año pasado. Normalmente, van juntos a la iglesia por Navidad. Pero tras el atentado, incluso seis meses después, Elie no tuvo el valor de volver a la iglesia.

«El año pasado no fui a la iglesia», dice, mientras comparte cómo celebró su familia la Navidad en casa. El año pasado, además del trauma del atentado, la familia también estaba de luto por la muerte de su abuelo. La decoración en su casa fue mínima.

«El año pasado, la Navidad fue diferente porque estábamos de luto por la muerte de mi abuelo», dice Elie. «No pusimos el árbol de Navidad [grande], pero sí puse un arbolito y un pequeño belén en mi habitación», cuenta. Le encanta enseñar cómo se veía su habitación en diciembre de 2025. Uno a uno, coloca el arbolito y el belén sobre la cómoda que hay entre su cama y la de Marita.

Normalmente, la familia celebra la Navidad a lo grande. «Decoramos el árbol de Navidad juntos y lo encendemos», cuenta Elie. «Ponemos el belén en el salón, y escuchamos canciones de adoración. Lo que más me gusta es cuando colocamos las figuras en el belén, sobre todo cuando ponemos al Niño Jesús. Para mí, Jesús es amor, es paz. Vino a salvarnos del mal».

Una vez más, Elie muestra una fe profunda y cada vez más madura al expresar pensamientos profundos sobre la Navidad, sobre todo sabiendo lo que él y su familia han vivido este último año. «Jesús vino a rescatar a los creyentes de los malhechores», dice. «Vino a enseñar a los fieles que nadie es infalible. Vino para que los pecadores creyeran. Algunos creyeron; otros no».

«La persona que provocó la explosión no tenía fe en Jesús. Ese hombre quería matar a personas que habían venido a orar, porque Jesús no habitaba en su corazón, y él no era creyente. Vino a matar a gente dentro de la iglesia, la casa de Dios».

Añade: «Hay algo que me pregunto constantemente: ¿por qué no creen?»

Un regreso triunfal

Esta Navidad, Elie dice que espera poder superar su miedo, volver a la iglesia y celebrar. Para él, la Navidad significa estar en familia. Cada vez parece más decidido a superar su miedo. «Tengo muchas ganas de ir a la iglesia», cuenta. «Al mismo tiempo, me da miedo ir. Me imagino que voy a oír disparos. Mi mente me dice que no hay nada que temer, pero mi corazón me dice que algo podría pasar»

Es difícil ver a alguien tan joven como Elie lidiando con pensamientos tan duros. Es un recordatorio de que, en todo el mundo, la persecución no solo alcanza a los creyentes adultos, sino también a los más jóvenes y vulnerables: los niños de la iglesia perseguida.

Elie reafirma su esperanza: «Quiero ir, ya no dudo tanto como antes porque todos me animan», dice con confianza. «Me dicen que no volverá a pasar y que esa persona lo hizo porque era alguien sin fe».

«El padre Youhanna va allí todo el tiempo, y no pasa nada. Me digo a mí mismo que no va a pasar nada; mi fe me da fuerzas.»

En el primer aniversario del atentado, este año (2026), miembros de la iglesia de San Elías están regresando al edificio, muchos de ellos por primera vez desde el ataque. Varios miembros de la iglesia han participado en sesiones de atención postraumática dirigidas por un equipo de asesoramiento formado por colaboradores de Puertas Abiertas en Siria. Para muchos, estas sesiones les han ayudado a sanar y a dar este valiente paso. Elie también ha aceptado volver hoy a San Elías.

Su madre está exultante con su decisión. «Me alegra que tenga fe en Dios, tal como se la enseñé, y que sea eso lo que le motiva a ir a la iglesia», dice Sally. «El Señor lo está fortaleciendo. Cada vez que Elie no va a la iglesia, se pone muy triste. Siempre espero que vuelva a ser el de antes».

Llega el momento. Elie va con sus padres hacia la iglesia. De la mano, él y su padre caminan hacia la entrada, hablando mientras se preparan para entrar.

«¿Cómo te sientes ahora que vamos hacia la iglesia?», le pregunta Ayham a su hijo.

«Estoy un poco nervioso», admite Elie. «Lo que pasó no fue fácil».

«¿A qué le sigues teniendo miedo?», dice Ayham.

«A que algo pueda pasar», dice Elie.

«Eso ya forma parte del pasado», dice Ayham, tranquilizando a su hijo. «Nos espera una vida nueva. Ya viene la Navidad, y mira cómo están reconstruyendo la iglesia [el edificio].»

El padre Youhanna ya está esperando a la familia. Recibe a Elie con calidez. Sonriendo, este valiente niño de 9 años entra en la iglesia y se sienta con su familia en la sala parroquial, a apenas unos metros de donde el terrorista hizo estallar la bomba. Elie mira al padre Youhanna, que ahora está de pie frente a la congregación. Por fin está en casa. Sabe que Dios está con él. La fe vence al miedo.

Esta Navidad, Elie podrá volver a celebrar el nacimiento de su Salvador junto a su familia de la iglesia.

Comparte su deseo de Navidad para 2026, muy distinto al típico deseo navideño de otros niños: «Deseo que esta próxima Navidad esté llena de bondad, que haya un cambio profundo en la situación actual y que no nos vuelva a pasar nada [malo]. Mi deseo es ir a la iglesia y celebrar».

Mientras reflexiona sobre lo que su madre y su iglesia le han enseñado a lo largo de los años, sobre todo desde el atentado en San Elías, Elie tiene un mensaje para los niños de todo el mundo. «Si vives en un país seguro, puedes ir a la iglesia cuando quieras», dice. «Mi madre no me deja ir solo a la iglesia. Os digo: “Tened fe”, porque la fe es lo más poderoso que hay en la vida. No se la puede vencer. En cuanto crees en Él, te vuelves fuerte en todos los sentidos. Nada puede vencerte. Los débiles se vuelven fuertes».

Hasta la fecha, las escuelas de asesoramiento en Siria, apoyadas por colaboradores locales de Puertas Abiertas, han formado a 60 graduados, que fortalecen al resto de la iglesia al aportar apoyo profesional a los creyentes traumatizados de Damasco. Estos consejeros están ayudando al pueblo de Dios a sanar de las heridas del atentado contra la iglesia, buscando encaminar a bien lo que los seres humanos pensaron para mal (Génesis 50:20).

Para Sally y su hijo Elie, el camino hacia la reconstrucción de sus vidas sigue en marcha. El equipo de colaboradores locales se está preparando para apoyar a la familia mediante un programa de actividades generadoras de ingresos, en colaboración con la iglesia, para ayudarles a avanzar hacia una mayor estabilidad económica.

Al mismo tiempo, el equipo de colaboradores locales tiene previsto volver a ponerse en contacto con Sally para saber cómo ha evolucionado su situación y si ahora se sentiría preparada para acceder al apoyo del centro de asesoramiento. Para la familia, esto significa que el apoyo no termina con la respuesta inmediata, sino que puede seguir adaptándose a sus necesidades de cara al futuro.

Ora con Daniela

🙏 Ora por el pequeño Elie esta Navidad, mientras regresa valientemente a la iglesia de Mar Elías tras el atentado del año pasado.

🙏 Pide a Dios que siga sanando a esta familia y a aquellos que quedaron traumatizados y heridos tras el atentado.

🙏 Ora por los colaboradores y consejeros de Puertas Abiertas mientras apoyan a los cristianos perseguidos en Siria.

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