Hee Young se crio en una familia cristiana “típica” de Corea del Norte. Debido al trabajo de su padre, que le permitía recibir visitantes en su casa (y teniendo en cuenta que además no había gran cantidad de personas viviendo a su alrededor), tenían la oportunidad de tener reuniones clandestinas en su casa. En estas reuniones adoraban y alababan a Dios de forma secreta.

Puesto que ser cristiano es un crimen en Corea del Norte, todo lo hacían en el secreto más absoluto. Adenás las 3 biblias que poseía esta familia estaban convenientemente escondidas, no podían arriesgarse a que fueran descubiertas por las autoridades.

A pesar de los riesgos que ella y su familia corrían, Hee Young y su familia estaban contentos, su vida iba bastante bien. O al menos eso pensaban.

Un día, Hee Young volvió a su casa y se encontró todo patas arriba. Su madre, con los ojos hinchados de llorar, le contó que las autoridades habían entrado en su casa, confiscando una de las biblias que estaban escondidas y arrestando a su padre en el proceso. Nunca lo volvieron a ver, ni supieron a donde lo llevaron, pero lo más probable es que fuera ejecutado por orden del gobierno dictatorial del país.

Al poco tiempo la abuela falleció, pero unos días antes reunió a su familia y les dijo que quemaran las biblias. La policía volvería de nuevo a su casa y si encontraban algo correrían la misma suerte que su padre. Tras tres años de incertidumbre, sin saber o no si la policía volvería de nuevo a su casa a por ellos, las autoridades informaron a la familia que debían trasladarse. Ellos no iban a ser secuestrados y asesinados como su padre, pero serían desterrados a una aldea rural y su nuevo domicilio será minúsculo. A pesar de esto, Dios cuidó de Hee Young y su familia, actuando como un padre en los cielos y en la tierra, supliendo sus necesidades económicas ahora que el padre de Hee Young ya no estaba con ellos.

Cuando la hambruna asoló el país, Hee Youn y su familia pudieron cultivar en un pequeño terreno que poseía la casa donde habían sido reubicados. Lo que cosecharon, aunque no fue abundante, suplió sus necesidades principales y les permitió sobrevivir durante los tiempos difíciles.

“En ese momento me di cuenta de como Dios puede transformar una situación mala en algo bueno, tal y como lo hizo con José y sus hermanos. Dios ha utilizado estos momentos para fortalecernos y capacitarnos” nos cuenta Hee Young. Tal y como ocurre en la historia de José, Dios actuó como un padre en la vida de Hee Young, guiándola, bendiciéndola y acompañándola en los momentos difíciles.

Hee Young y su familia pudieron escapar finalmente a Corea del Sur, allí conoció a un pastor cristiano, se casó con él y formó una familia. Su deseo es volver a Corea del Norte y formar una iglesia allí, en el mismo lugar donde vivió su infancia, sabiendo que su padre en los cielos siempre cuidará de ella y su familia.