Komal y su familia, naturales de una aldea de Nepal, tuvieron que enfrentarse a dificultades económicas extremas, cuando tras la muerte de su marido, las autoridades se negaron a reconocer su derecho a la herencia. Puesto que Komal no había tenido acceso a educación, todos los trabajos que podía desempeñar estaban muy mal remunerados. A esta situación se sumaban además las limitaciones por parte de la propia gente a la hora de ofrecer trabajo debido a que Komal era cristiana.

“Cuando mi marido, nuestros cuatro hijos y yo decidimos seguir a Cristo la comunidad cortó todos los lazos con nosotros”.

El marido de Komal fue diagnosticado con tuberculosis y debido a su pobreza no pudo acceder al tratamiento necesario y falleció al tiempo. A pesar de todo esto Komal nunca dejó de confiar en Dios.

“Si el plan de Dios es llevarse a mi marido no hay razón ninguna para quejarme”.

Sin embargo, la muerte de su marido propició más discriminación y aislamiento por parte de la sociedad, además de perder todo el sustento económico que obtenía de su esposo.

“Fue muy difícil para mí. Trabajaba duro, pero conseguía muy poco dinero. Nunca era suficiente. En ocasiones tuve que mendigar por comida ya que la gente no quería ni prestarme un poco de dinero, ni siquiera cuándo me veía en la calle. Cuando mi marido murió, nadie de mi familia acudió al funeral. Nunca recibí apoyo por su parte.”

Durante este tiempo Komal empezó a sufrir una enfermedad en su ojo lo cuál le impedía hacer vida normal. Esta enfermedad le irritaba los ojos y apenas podía ver. Tras probar múltiples tratamientos y ver que ninguno funcionaba, decidió acudir al Señor, le pidió por sanidad y ella a cambió estaría mas comprometida en su relación con Él mediante el estudio de la palabra y la oración.

Tras unos días, Komal estaba sanada. Dios había escuchado sus oraciones y su fe creció como nunca lo había hecho. Komal comprendió que Dios jamás le desampararía y que, a pesar de las dificultades, Él estaba ahí. Komal podía sentir la presencia y la fuerza de Dios en su vida, lo que le dio ánimo para superar todas esas dificultades.

Los colaboradores locales de Puertas Abiertas en la zona pudieron ponerse en contacto con Komal, y le ofrecieron los recursos para que Komal pudiera montar una pequeña tienda y ganar dinero para mantener a su familia.

“Desde que tengo esta tienda, mi vida ha sido mucho más fácil. No tengo que mendigar por comida y mi familia tiene una estabilidad económica. El gozo en mi corazón y mi fe en Dios son más grandes a causa de esto”.

Ahora los hijos de Komal están involucrados en la iglesia y Komal sigue con estudio de la Biblia y su oración de forma diaria.

“Dios nunca me abandonó, cuando estuve en valle de sombra de muerte el Señor estaba conmigo”.