Berhane* y su familia eran devotos al dios Waagaa, un culto tradicional en la zona suroeste de Etiopía. Su fe y su servicio hacia aquel “ente supremo” y sus kalicha (mensajero o representantes divinos) no flaqueaban.

Por eso hizo todo lo posible para no escuchar ese himno que cantaban aquellos vecinos cristianos.

“¡Lo que has hecho por mí! ¡Oh lo que has hecho por mí! ¿Qué podría hacer a cambio de todo lo que has hecho por mí? ¿Qué podría darte a cambio?”

Para Berhane la vida no era fácil, la mayor parte del tiempo servía a su kalicha haciéndole las tareas del hogar y sirviéndole como feligresa en su culto. Compaginar esto con el colegio era difícil, esta situación la consumía poco a poco. Las noches tampoco ofrecían un descanso precisamente, a menudo sufría pesadillas terribles en las que espíritus amenazaban con hacerle daño. Cómo consecuencia de todo esto, migrañas frecuentes le obligaban a ausentarse de la escuela por largos períodos de tiempo. Normalmente Berhane se quedaba en casa de su tío mientras sufría esas migrañas y tenía que faltar a la escuela. En la casa colindante a la de su tío vivía una familia cristiana. A través del delgado material del que las paredes estaban compuestas, Berhane podía oír canciones e himnos cristianos todo el día. Estas canciones que en ese momento le causaban en el menor de los casos irritación, fueron la salvación de su vida.

Las migrañas continuaban, por lo que Berhane acudió a sus líderes espirituales. Sin embargo, ninguno de sus kalicha pudo sanar esos dolores de cabeza, a pesar de que la sometieron a rituales muy poderosos. La joven cada vez se encontraba peor y esta situación causó que empezara a generar dudas en su cabeza y agujeros en su fe.

“Si Waagaa es un dios, ¿por qué no puede sanarme?” se preguntaba Berhane.

Sin respuesta ni solución, su enfermedad continuaba atormentándola y la falta de asistencia a la escuela hizo que no pudiera presentarse a los exámenes. Ella se desistía a rendirse y aún a pesar de que tras el último de los rituales en los que intento sanarse sin éxito, sus Kalicha le habían dicho que si volvía a la escuela moriría, ella decidió ir y hablar con el director para buscar la manera de solucionar su situación académica. En aquel momento poco sabía ella de que esa decisión cambiaría su vida.

El director era cristiano, y en aquella reunión él compartió el evangelio con Berhane y le advirtió sobre el peligro de los rituales en los que estaba participando. Ella no estaba preparada ni receptiva en aquel momento para las palabras del director. Su reacción fue terrible:

“¡Me enfurecí muchísimo! Los maldecí y me fui.”

En aquel momento, lo único seguro en su vida era su enfermedad y las dudas sobre Waagaa y sus kalicha eran imposibles de ignorar. Aún entre las dudas seguía participando de sus antiguas tradiciones y en ese contexto Dios decidió actuar de una manera real y tangible en la vida de Berhane. Durante uno de los rituales que consistía en realizar una especie de baile circular mientras cantaban alabanzas al mensajero divino, las palabras que comenzaron a salir por la boca de Berhane poco tenían que ver con las canciones habituales que utilizaban para ese rito concreto:

“¡Lo que has hecho por mí! ¡Oh lo que has hecho por mí! ¿Qué podría hacer a cambio de todo lo que has hecho por mí? ¿Qué podría darte a cambio?”

Berhane entro en pánico, había dicho esas palabras en voz alta. Su madre, que también se encontraba allí entendía la gravedad de ese pequeño “desliz” por lo que Berhane desesperada le rogó al kalicha que rompiera el “hechizo” que ese himno tenía sobre ella. Sin embargo, el espíritu de Dios estaba actuando sin que ella lo supiera y nada ni nadie podría detenerlo.

Entonces, en medio de la confusión, recordó que tenía una compañera cristiana en la escuela y que, aunque Berhane no había sido nunca muy amable con ella, decidió pedirle ayuda. Finalmente dio con ella y Berhane nos relata el encuentro de esta manera:

“Le dije que quería seguir a Cristo. Y tras asegurarse de que estaba siendo sincera me llevó con ella a su iglesia. Después del culto, fui a casa de los vecinos cristianos de mi tío y con ellos recibí a Jesús”

Desgraciadamente lo que debía haber sido un momento de felicidad fue totalmente destruido por la reacción de su familia. Una vez se enteraron de lo que había hecho, Berhane fue expulsada de su casa. Desesperada buscó refugio con su compañera cristiana ya que había quedado prácticamente huérfana.

Durante seis años no pudo tener ningún contacto ni con su familia ni con su comunidad. Cada vez que intentaba acercarse los jóvenes le tiraban piedras y la insultaban. Los corazones de su familia no se ablandaban en ningún momento. Sin embargo, Dios no le había abandonado y Berhane encontró sustento trabajando como niñera para una familia cristiana. A cambio de este trabajo Berhane tenía comida y alojamiento. Con el paso del tiempo Berhane fue sanada al completo a la vez que su conocimiento de Cristo y la palabra crecía.

Berhane ahora en sus treinta y tantos es evangelista y su sufrimiento la ha transformado en una trabajadora excelente en el ministerio. Sin altivez ninguna, habla de su trabajo con una pasión y motivación que viene de sus propias vivencias:

“Servir a Waagaa es perder tu vida, lo único que recibes a cambio es dolor en múltiples formas. Muchas de estas personas que participan en esto, jamás tendrán la oportunidad de conocer a alguien que les hable de Jesús. No podemos dejarles, iré y los sacaré de ahí.”

Aunque reconoce que es peligroso, tiene un arma poderosa en su arsenal, la palabra de Dios. Hasta ahora el Señor la ha protegido de todo mal, mientras su ministerio iba dando sus frutos. Berhane ha sido la responsable de la plantación de 9 iglesias en la zona.

Aunque la relación con su familia empañaba todo esto, Dios no se había olvidado de ellos, ni del dolor que Berhane sentía. Tristemente su padre murió enfermo y mentalmente atormentado, pero su madre decidió seguir a Jesús con el paso del tiempo. La vida de Berhane y el poder y la protección de Dios sobre ésta hizo que su madre se decidiera a seguir a Cristo. Otros cien miembros más de la increíblemente abundante familia de Berhane se convirtieron, entre ellos su tío que fue sanado de una enfermedad mental que le había atormentado durante años y que ahora sirve en el ministerio con ella. Muchos de los que antes la habían perseguido por ser cristiana ahora siguen a Jesús.

Como agradecimiento a Dios, Berhane no se rinde y continúa inquebrantable realizando su labor y ora sin cesar pidiendo al Señor por más gente que trabaje en el ministerio. Tal y como dice la Biblia en Mateo 9:35-38:

A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos.

Mientras tanto la palabra de Dios sigue obrando y actuando como el primer día con un poder que sobrepasa el entendimiento y supera a cualquier otra cosa.

Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12

Berhane se ha convertido en uno de los miembros más importantes de la red ministerial que Puertas Abiertas tiene en el país y tu apoyo en el ministerio hará que más trabajadores sean capacitados y formados para realizar esta obra.