Sara, de 10 años

"Nunca olvidaré la primera vez que Sara me dejó abrazarla. Tenía miedo de que la abrazaran. No sabía leer, ni escribir y no tenía ninguna confianza. Así que, cuando la abracé, ella siguió llorando y dijo que no merecía ser abrazada. Me dijo que ella era una fracasada. De inmediato le dije que eso no era verdad. La invité a nuestro proyecto educativo. En cada lección empecé con una cosa en la que sabía que ella era buena y, a medida que Sara se iba animando, su confianza empezó a crecer. También compartí más sobre Jesús con ella y la clase. No reconocerías a Sara hoy en día. Empezó a sentarse en la primera fila de la clase e incluso hizo varios amigos. Ahora puede leer y escribir y le va mucho mejor en la escuela. Sus padres me dijeron lo orgullosos que estaban de su hija".

Joules, de 10 años

 "Boules venía de una familia cristiana pobre, en su situación se vio obligada a dejar la escuela para ayudar a traer los ingresos de la familia. Al ver esto me reuní con sus padres y los convencí de que dejaran a Boules volver a la escuela. Ayudamos a la familia a sobrevivir financieramente sin la contribución de Boules y le compramos un mochila y material escolar. Boules no solo asistió a la escuela regularmente, sino que también asistió a nuestros proyectos educativos. Al cabo del tiempo comenzó a hacer amigos y mejoró mucho en sus estudios. Ha estado yendo a la escuela desde entonces."

Mina, de 12 años

"Tengo que decir que Mina no fue el niño más fácil que se cruzó en mi camino. Era terco y agresivo con sus amigos. Odiaba a las chicas porque le recordaban a su hermana que era más inteligente que él y se burlaba de él por eso. Mina no sabía ni leer ni escribir. Sus padres tenían tanto en sus mentes que era difícil para ellos darle la atención que necesitaba. Invitamos a Mina a nuestro proyecto educativo y le hicimos el seguimiento muy de cerca. Nos preocupábamos por él y a veces lo discipulábamos. Tomó mucho tiempo, pero su comportamiento cambió, todos lo vimos. Comenzó a amar a su hermana y a tratarla a ella y a sus amigos amablemente. Si tenían que regresar tarde a casa, él se unía a ellos para asegurarse de que llegaran a casa a salvo. Se convirtió en una persona más tranquila y respetó a sus amigos en vez de pelear con ellos".

Todos los casos mencionados tienen una cosa en común: Todos fueron provisto de un derecho humano muy básico: el derecho a la educación. De hecho, no solo a la educación, sino también una atención particular y un seguimiento, atención y ayuda sin reservas. Esto es lo que hay en mi corazón para ellos. Les ayudo no sola a mejorar su nivel educativo, pero también en otros aspectos de sus vidas, además trato de involucrarlos en las actividades de la iglesia. Sin duda lo que más disfruto es proporcionarles el amor que necesitan y ver restaurada su confianza en sí mismos.

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 ¿Cómo ayuda su apoyo a los niños cristianos en Egipto?

El sistema educativo en Egipto es muy básico y además los niños cristianos son a menudo discriminados en clase. A través de clases extras se ponen al día con lo que se han perdido y al menos, aprenden a leer y escribir antes de salir de la escuela primaria. También aprenden y experimentan lo que significa ser cristiano y tener una relación con Jesús. Además de todo esto los niños pueden participar en el programa de apologética. Muchos de ellos a menudo son atacados verbalmente por sus compañeros musulmanes en la escuela, quienes les insultan por ser cristianos. Las clases de apologética enseñan a los niños cristianos cómo responder de una manera bien informada y amigable.