Sordo, cristiano y hambriento. Así describe Saida* la situación de algunos de nuestros hermanos y hermanas con sordera, en un país cuyo nombre no podemos revelar por motivos de seguridad, cuando el confinamiento por la pandemia de la Covid-19 estaba en la cima.

«Recibimos un informe sobre algunas personas sordas que vivían en el campo. Tenían que comer la hierba de sus jardines porque no les quedaba nada que comer. Estaban siendo ignorados por la comunidad musulmana, de manera que tanto las ayudas sociales como los paquetes de alimentos les estaban siendo denegaos. La comunidad musulmana estaba ignorando a estas familias sordas por el simple hecho de ser Cristianas. Esto no ocurre en toda la región. La situación se da en algunos lugares, sobre todo en aquellos que están alejados de las ciudades

«Es una situación realmente horrible. Nuestros compañeros de la iglesia trataron de ir a visitar a estas personas en cuanto se presentó la más mínima oportunidad. En cuanto llegó dicha oportunidad, fueron hasta donde estaban y les llevaron algunos alimentos, pero antes de que pudiesen hacérselos llegar, tuvieron que comer hierba

Tras este suceso, recientemente hemos sabido de otra historia que ocurrió durante la segunda mitad del año 2020.

Una mujer sorda llamada Aisha* también sufrió el descuido, la falta de ayuda social y de alimento. Ella no tenía contacto con otras personas sordas y se sentía sola y muy deprimida. Debido a lo mucho que esta situación se prolongó en el tiempo, Aisha incluso pensó en el suicidio. Se sentía absolutamente olvidada y no veía ninguna salida ni esperanza para ella. Además tenía mucha, mucha hambre.

Finalmente, Aisha no pudo más y decidió poner fin a su vida. Tomó un bidón con gasolina y se la echó toda por encima. Estaba a punto de encender una cerilla cuando vio a alguien caminando hacia su casa. Se trataba de un creyente con sordera.

El desconocido entró en la casa y preguntó a Aisha qué estaba haciendo. Ella respondió que no quería seguir viviendo en esas condiciones. El creyente sordo estaba de pie en su habitación y entre sus manos sostenía un gran paquete de alimentos para ella.

Aquel hombre le contó cómo había estado buscando a más gente con sordera para encontrar la manera de poder ayudarles. Le explicó por qué estaba haciendo aquello y le contó todo sobre el amor de Dios. Después de una larga conversación, ella comprendió que existe un Dios que sabe de su lucha, su dolor, su soledad y su hambre. Varias horas después, Aisha aceptó a Cristo como su Salvador y su estómago estaba colmado por la comida que había recibido. Aquel día fue salvada dos veces.

El creyente con sordera la puso en contacto con la comunidad sorda de creyentes. ¡Ahora Aisha se siente parte de esta comunidad y recibe ayuda social y alimento!

Ésta es otra historia sobre cómo Dios trabaja a través de personas con sordera. Los sordos, que son invisibles dentro de sus sociedades, sí son vistos por Dios. Él es el que los cuida compartiendo su amor, pero también dándoles suficiente alimento.

¿Qué contiene cada paquete?: Aceite, azúcar, fideos, arroz y algunos dulces. Saida dice que el equipo hizo mucho trabajo de distribución desde abril del 2020 hasta ahora, un año después.

«De no haber sido por los paquetes de alimentos, la gente habría estado pasando hambre durante más tiempo”, continúa. “Ahora, a través de estas ayudas, los Cristianos de muchos países de Asia Central, tienen una gran oportunidad de mostrar la verdadera cara de Cristo