Sin poder abrazarnos los domingos por la mañana, sin poder compartir la comida con tu grupo de estudio de la Biblia… Muchos cristianos alrededor del mundo se encuentran en estos momentos aislados a causa del coronavirus. Para la iglesia iraní, el aislamiento no es nada nuevo. El otrora prisionero por su fe cristiana, Wahid, comparte con nosotros 3 consejos para mantener la salud espiritual en una comunidad cristiana en aislamiento.

Su iglesia también está vacía. La iglesia del pastor Wahid se encuentra a las afueras de Irán y en la actualidad tan solo puede transmitir servicios en vivo por internet. El pastor echa de menos a sus feligreses, pero en Irán ha aprendido que el aislamiento no tiene que implicar el fin de una comunidad cristiana. Estos son sus tres consejos para comunidades creyentes en aislamiento.


1. Orar los unos por los otros

      «Estar en aislamiento no es la mejor situación para centrarse en uno mismo, De hecho, cuando yo mismo fui arrestado durante una reunión en una iglesia clandestina y confinado en solitario durante 36 días, orar por los demás fue lo que me mantuvo vivo. No tenía a nadie con quien hablar, ni una biblia que poder leer. Pero oré cada día por los hermanos y hermanas que fueron arrestados conmigo. Cuando fuimos liberados, supe que ellos habían estado haciendo lo mismo por mí.»


      2. Celebrar la Santa Cena en un pequeño grupo.

      «Cuando fui trasladado al pabellón central, conocí a dos compañeros cristianos que también se encontraban presos. Conseguimos algo de zumo y galletas, nos sentamos en lo alto de la litera de tres pisos y celebramos la comunión. Hacerlo allí, incluso estando tan solo nosotros tres, fue mejor que cuando lo hacemos en la iglesia clandestina. Me hizo sentir fuerte.»


      3. Comprender que es normal echar de menos la iglesia como lugar de oración y reunión, pero que tan solo dependemos de Dios.

      «He echado en falta a mis compañeros de fe en varias ocasiones: cuando el gobierno abrió fuego en nuestra iglesia, cuando estuve en prisión y también ahora con el virus. Esto me ha hecho valorar a mi iglesia todavía más. El amor crece durante la ausencia de aquellos a los que amamos. Cada una de esas situaciones también ha reforzado mi fe en El Señor. Fuera de prisión dependo de mí mismo, o de otros, pero en la cárcel he aprendido a depender Del Señor, a confiar sólo en Él. Pienso que esto es lo que podemos aprender en esta crisis.»