La aldea de Bélékpala se encuentra en un profundo y remoto bosque en las profundidades de Guinea. Para llegar tienes que conducir durante dos horas por una carretera que cruza el bosque, lo que causa que no reciban muchos visitantes. En una tierra conquistada por los ídolos y los dioses falsos, lo último que diría alguien es que en Bélékpala hay si quiera un cristiano. Sin embargo, Dios nos sorprende y la realidad es otra.

La legislación de Guinea indica que en el país se debe disfrutar de libertad de religión. Lo que en teoría debería permitir a los cristianos vivir en paz, en la práctica complicó en demasía la vida de Simon.

Simon, ahora un líder de la comunidad cristiana de la zona tuvo unos inicios muy difíciles. Inicialmente era el único cristiano de la aldea, esto no trajo mayor repercusión hasta que dejó de participar en los rituales tradicionales de la aldea. Poco a poco más y más aldeanos se unieron a Simon hasta formar una pequeña minoría cristiana el poblado. La atmósfera cambió de la noche a la mañana. El grupo de cristianos se había convertido en una amenaza para la forma de vida de la aldea.

La construcción de una pequeña iglesia a las afueras del poblado solo complicó las cosas y los líderes religiosos cada vez intentaban dificultarle más las cosas a Simon y su grupo. La libertad de religión no se hacía efectiva en la aldea y muchas veces se realizaban ritos que impedían que los cristianos pudieran reunirse en la iglesia. Llegaron hasta tales extremos como destrozar la plantación de patatas y bananas que sostenía económicamente a Simon. Las cosas no hacían más que empeorar y a la oposición física y material se le unió un nuevo factor: la oposición espiritual. Los líderes religiosos locales realizaban rituales mágicos con el objetivo de hacer que pereciera. Sin embargo, el Dios de Simon era más grande que todos ellos y lo protegió a él y todos los cristianos de la aldea.

En medio de esta violencia y odio hacia los cristianos, una gran sequía asoló la zona. El agua escaseaba y los dos pozos del poblado tenían reservas ínfimas. Las autoridades religiosas prohibieron a los cristianos beber de estos pozos, lo que los obligaba a caminar largas distancias en busca de agua. Durante estas circunstancias extremas, colaboradores de Puertas Abiertas en la zona se dieron cuenta de la situación que los cristianos de Bélékpala estaban sufriendo. Para remediarlo decidieron cavar un pozo justo al lado de la aldea. Este pozo era mucho más profundo y tenía agua suficiente para todo el poblado.

"Este pozo de agua ha marcado la diferencia. Los aldeanos vieron que nosotros, los cristianos, éramos reconocidos por otros cristianos en el país. Y esos cristianos incluso nos habían proporcionado los recursos para cavar un pozo de agua profundo y muy caro. Además, nosotros, los cristianos odiados y marginados invitamos a todos nuestros compañeros aldeanos a usar libremente nuestro pozo de agua", explica Simon.

Dios utilizó ese pozo para empezar a moverse en la aldea. Los líderes religiosos empezaron a darse cuenta de que estaban perdiendo la batalla, incluso tuvieron que alejarse de la iglesia para evitar la presencia espiritual “cristiana” que intuían que había. Para probar los poderes de este Dios les ofrecieron a los cristianos el área de un antiguo local de culto sugiriéndoles que lo utilizaran para plantar y cultivar. Tras este aparente acto de amabilidad había una trampa, ellos pensaban que al cortar los árboles del lugar sagrado los espíritus acabarían con ellos en el acto. Todos estaban expectantes, pero al cortar los árboles no pasó nada. Para muchos en Bélékpala esta fue la prueba definitiva de que el Dios de los cristianos era más poderos que sus propios dioses.

“Debido a esto tenemos gente que se convierte cada semana” explica Simon.

En la última visita de algunos miembros de Puertas Abiertas a la aldea, la iglesia organizó una gran fiesta, en la que daban gracias a Dios por ese pozo que había cambiado su vida. A través de la labor de Puertas Abiertas, Simon y los demás cristianos de la zona han entendido la importancia que tienen para los cristianos de todo el mundo. Así nos lo explica Simon:

"Su visita de hoy es un nuevo hito en el camino hacia la libertad de religión en Bélékpala. Nuestros compañeros aldeanos ahora pueden ver con sus propios ojos que el Cuerpo de Cristo mundial apoya a la minoría cristiana en medio de ellos. Por eso no podemos dejar de bailar hoy".