Como coordinador de España Oramos por Ti, creo que tenemos una nueva oportunidad de hacer que las cosas cambien a nuestro alrededor. En nuestro entorno cercano ha de ser por medio de nuestros actos; pero también en la nación por medio de nuestras oraciones. Donde no podemos llegar en persona, podemos llegar con nuestras oraciones.

Tal vez alguno se pregunte: ¿de qué nos sirve orar, si todo va a peor? Pues imagínate si no orásemos como estaríamos a estas alturas.

Son las oraciones de los justos y la presencia de la iglesia del Señor en la tierra, las que están reteniendo el día del juicio, porque Dios utiliza ambas para que muchos miles de personas le conozcan y pasen a formar parte de los salvados por Su gracia. De manera que, ese alguno, debería cambiar su pregunta por esta otra: ¿Señor, por qué quieres que ore hoy? Muéstrame cuál es el objetivo.

Ese debería ser nuestro empeño, no solo en los 21 días de oración y ayuno que solemos convocar un buen número de denominaciones al comenzar el año, sino todos los días del año.

Este año puede ser, es más, debe ser un año para realinearnos y depurarnos, no solo consagrando a Dios nuestras vidas, por medio de la santidad; nuestro ministerio, por medio del servicio; y todo lo que Dios nos mande, por medio de la obediencia; sino que también debemos estar receptivos a Su voz y a sus instrucciones, para poder cumplir esas palabras que Jesús dejó indelebles en los evangelios. (Mt. 6:10; Jn. 5:17)

Si damos cumplimiento, en lo que nos toca como siervos, no gastaremos energías, ni haremos nuestras propias obras, sino las que están preparadas de antemano por el Señor, también en la oración.

Por tanto, tomemos lo que resta de año para pedir al Señor sabiduría, consagración y revelación, para lograr llevar a cabo la visión de la iglesia y la misión que Dios nos ha encomendado, y hagámoslo en unidad, como nos invita a hacer la Palabra de Dios.

Unidad y unanimidad en las acciones que tomemos. Revelación de la forma de llevar a cabo dichas acciones. Practicando el ayuno, la oración y la meditación diaria de la Palabra, examinando nuestros corazones, para que sean receptivos y podamos obtener revelación del corazón de Dios para nuestra nación, nuestra comunidad, como parte de la iglesia del Señor. Por un avivamiento del Espíritu Santo que traiga arrepentimiento, provocado por el convencimiento de pecado, de justicia y de juicio. (Jn. 16:8)

Que la oración en unidad tiene poder, lo hemos experimentado en muchas ocasiones, de algunas ni siquiera hemos sido conscientes en su momento, pero luego nos hemos dado cuenta de que fue por la oración. Ahora, si sabemos que la oración es poderosa, si lo hemos experimentado en nosotros y en otros, si leemos en la Biblia el modelo de oración que Cristo nos dejó, y la vida de oración que el Señor practicó, ¿Por qué será que las reuniones de oración, son las menos concurridas, que oramos lo imprescindible, y a veces se lo pedimos a otros en lugar de orar nosotros mismos? ¿No será que en realidad no creemos en el poder de la oración? ¿Acaso creemos que lo que sucedió en Pentecostés no fue por la oración unánime de los 120? ¿Somos de los que creen que como Dios lo ha dicho, lo hará, y no hace falta orar? ¿Por qué entonces el mismo Señor nos anima a orar, y a hacerlo sin cesar? Y Pablo también les dice a los tesalonicenses: “Orad sin cesar” (1 Tes. 5:17)

¿Qué decir acerca de la importancia y el poder de la unidad en la oración? Depende de la fe.

Debemos tener fe en todo lo que dice la Biblia acerca de la unidad y de la oración. Al decir todo, me refiero a cada parte que forma ese todo. Y no solo debemos creerlo, también debemos anhelarlo incluso soñarlo.

Pedir es algo propio del ser humano. Pedimos continuamente cosas al gobierno, a lo empleados, a los jefes, a los compañeros, a la familia… etc. Sin darnos cuenta de que todos ellos pueden fallarnos tarde o temprano.

Pero pedir en oración, significa que hablamos con Dios y nuestra conversación con él no debería ser solo para pedir, podemos mostrarle nuestro agradecimiento, podemos alabarle, y también hacer peticiones. Dios nos ha dado esas prerrogativa.

Necesitamos dos cosas cuando pedimos, creer que hay un Dios, creer que nos dará lo que pedimos (Heb. 11:6) De ese modo es como recibiremos. La condición es permanecer en Cristo y que sus palabras permanezcan en nosotros.

Cuando hacemos un pedido on-line, ¿nos preguntamos si llegará? ¡No!, en ningún momento dudamos. Sin embargo, es mucho menos fiable pedir algo on-line que pedírselo a nuestro Dios. Lo único que puede impedir que nos llegue la respuesta de Dios es nuestra incredulidad. ¡Por tanto depende de nuestra fe!

El día de Pentecostés, estaba unánimes, juntos, orando y Dios les envió su promesa. Cuando Pedro fue encarcelado, estando a punto de ser ejecutado, fue liberado por un ángel, mientras la iglesia oraba por él. Pablo y Silas, fueron liberados en la cárcel de sus cadenas mientras alababan al Señor con cánticos, otra forma de orar.