Para que esto suceda, el mensaje de esta Palabra encarnada puede y debe traducirse a todas las lenguas humanas y transmitirse por todos los medios posibles, porque nos ha sido dada para ser comunicada, por tanto:

Toda lengua, toda cultura y medio son un buen vehículo para el mensaje de la Biblia.

Es un mensaje para todos los hombres. Ninguna lengua es, por así decirlo, más sagrada que las demás. Lo sagrado es el mensaje, y no hay nada en el mensaje bíblico que solo pueda ser expresado en una forma o idioma concreto.

Esta ha sido y es la mayor motivación de muchas entidades y personas que dedican su tiempo y esfuerzos a traducir y publicar (en todo formato) el mensaje de la Biblia, con la finalidad de que todo ser humano pueda conocer a Jesús el Salvador, la Palabra que habitó entre nosotros.

Si hablamos de números, en la actualidad, alrededor de 450 millones de personas tienen alguna porción de las Escrituras en su idioma, más de 825 millones tienen el Nuevo Testamento, y otros 5700 millones tienen la Biblia completa. Aunque estas cifras nos parezcan muy positivas, en realidad, más de la mitad de las lenguas del mundo no tienen ninguna parte de la Escritura traducida a su idioma, incluida la gran mayoría de las más de 400 lenguas de signos del mundo (en 2020, la Americana se convirtió en la primera lengua de signos en tener la Biblia completa).

Se estima que más de 1500 millones de personas todavía esperan una traducción de la Biblia a su idioma.

Sin duda el mandato dado por Jesús en la gran comisión (Hch. 1.8) sigue vigente para todos los cristianos, y es la Palabra el medio por el que Dios da a conocer esa buena noticia. El reto es grande, conseguir que la Biblia esté disponible para todos. Y no solo que esté disponible, sino que sea accesible y comprensible. Desde estas premisas, debemos ser responsables y prácticos en la traducción de las Escrituras, de forma que sean entendibles, para lo cual debemos conocer la cultura, necesidades y contexto de aquellos que van a recibirla. De tal modo que los lectores de hoy vivan la experiencia de los lectores de ayer.

Es más, debemos trabajar en traducciones accesibles y actuales con sistemas de lectura y escritura para ciegos (braille), en lenguas de signos, así como en audios, apps, etc. Pero esto solo será posible desde el conocimiento y el convencimiento de la necesidad. Como pueblo de Dios tenemos la responsabilidad de colaborar con todos los medios a nuestro alcance para que todos puedan acceder a la Escritura. Para muchos el mayor acontecimiento de su vida ha sido y es poder leer, escuchar o entender la Biblia en la lengua de su corazón: Que la Palabra hable por sí misma a cada uno, a su ser, así es como esta podrá transformar sus vidas.

Leía hace poco el siguiente testimonio que nos puede servir de ejemplo:

Estas son mis primeras Escrituras …” dijo radiante T.L., de 39 años, cuando sostenía una copia de la primera Biblia en su lengua. “¡Nunca había sido dueña de mi propia Biblia hasta ahora! ¡Ahora, tengo la Biblia completa …”

Escribe Pablo en Romanos 1.16 “[…] el evangelio es poder de Dios”. Cada vez que alguien accede al evangelio, se pone en acción el poder de Dios para transformar su vida. Sabedores de este poder de Dios tenemos la responsabilidad y el mandato de colaborar en la misión. La Biblia y su mensaje son el elemento necesario e irremplazable para que el hombre conozca a Dios.