Sólo tenemos que elevar un poco la mirada para darnos cuenta que este mundo cada vez está más herido y sangra, por cada vez más lugares.

A los desastres naturales, se le unen en el último tiempo, el tumulto de maldades hechas por la mano del hombre. Intereses políticos, económicos, entre otros, al servicio de la maldad humana han provocado los mayores desastres. Sólo tenemos que recordar el 11-S (2.996 victimas mortales) o la Masacre de la Navidad de Irak (860 victimas mortales), entre otros cientos de atentados, que han sucedido en los últimos años, en el que cada persona cuenta por igual, da igual su religión, raza o si ha ocurrido en un lugar que nuestros telediarios ni se han atrevido a nombrar.

Este dolor de las pérdidas, deja huella en el corazón del ser humano, histórica, pero sobre todo para aquellos que les ha tocado vivirlo de cerca. Aquí es donde tiene lugar una de las disciplinas de la psicología: La Intervención en Crisis.

¿Qué es la Intervención en Crisis?

Una crisis psicológica ocurre cuando un evento traumático desborda excesivamente la capacidad de una persona de manejarse en su modo usual. Un evento que precipita una crisis en una persona no necesariamente lo hará en otra. Sin embargo, algunos eventos, como los atentados, suelen precipitar crisis psicológicas debido a las características tan extremas del mismo.

Tales eventos inducirán menudo a un desorden que llamamos desorden de estrés agudo (acute stress disorder). Las personas que sufren un desorden de estrés agudo pueden presentar ansiedad, irritabilidad, ausencia de emociones, evitación de lugares y objetos relacionados con el trauma, dificultades para funcionar a su manera habitual en el hogar y el trabajo, sentimientos de culpa, así como revivir el evento con detalles muy vívidos tanto en sueños recurrentes, en escenas repetitivas y recuerdos persistentes.

¿Cómo intervenir en caso de que algún familiar o persona cercana a nosotros sea victima de un atentado?

No existe un manual que explique qué hacer exactamente cuando vives un suceso traumático como un atentado, pero sí se han creado protocolos que guíen la intervención. Según el momento de la intervención, se distingue una Pre-advertencia, Impacto y Post-Impacto, la primera guiada a intentar disminuir los daños del desastre, la segunda guiada a intervenir precozmente (grupos de apoyo psicosocial en el que se trabaja individualmente con las familias que acuden al lugar) y la tercera centrada en la rehabilitación y afrontamiento.

Estas etapas son llevadas a cabo por psicólogos muy formados en la intervención en crisis. Sin embargo, si no es nuestro caso, ¿podemos ser útiles?


¿Cómo podemos ayudar nosotros?

Hay claves que podemos tener en cuenta y que siempre ayudarán en el proceso:

  1. Busca ayuda.

    Las respuestas mínimas son esenciales, se deben de aplicar tan pronto como sea posible en caso de emergencia. Si eres víctima o familiar, busca ayuda, hay situaciones que no podemos afrontar solos y necesitamos ayuda extra.

    2. Intervenir lo más rápido posible.

      Como en casi todo lo relativo a la salud mental, el tiempo es fundamental. Cuanto más tiempo persistan ciertas conductas más resistentes al cambio se vuelven y más se “cronifican”, aunque el término cronificar en psicología no es entendido como en medicina. Hace tiempo leí en algún sitio una metáfora que me gustó: Imagínate un campo salvaje por el que nunca se haya transitado, comienzas a entrar campo a través creando un surco nuevo. Cada vez que vuelvas sobre él, más reforzarás ese camino hasta que se vuelva permanente.

      Si no se interviene a tiempo ante una situación de estrés puede desembocar en otros problemas más persistentes como el Trastorno del Estrés Post-traumático. En los casos en que este desorden no es tratado, no es poco común que persistan los síntomas durante muchos años y que se transformen en serios problemas en la vida de una persona y de sus familiares.

      No dejes pasar el tiempo. El tiempo solo no cura nada.

      3. Sufre la pérdida. 

      Aunque parezca duro de leer, toda persona que tiene una pérdida va a sufrir. Nuestra sociedad evita el sufrimiento, y es que a nadie nos gusta sufrir.

        Pero Dios en su palabra nunca nos habló de que el sufrimiento sería evitado. La historia de mártires, cristianos y el Logos hablan de lo mismo: el sufrimiento está garantizado. “…En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16.33”

        No evitaremos el sufrimiento, pero sí es necesario encauzarlo y para ello, los cristianos tenemos el arma más poderosa: El propósito. Tener un propósito y una Esperanza en el sufrimiento marca la diferencia.

        4. Comprende los procesos.

          Es común que ante un proceso de duelo experimentemos: bajo estado de ánimo (depresivo), sentimientos de culpa, ideas de muerte, perdida de peso, insomnio, abandono de actividades, entre otras. Lo ideal es que no nos centremos en evitar estos síntomas, pues son comunes ante un proceso de duelo, pero sí debemos prestar atención en que no se prolonguen en el tiempo.

          Existen muchas teorías sobre el duelo, bien conocidas por todos, (fase de negación, ira, depresión y aceptación) y aunque es cierto que en muchas personas coinciden, voy a ser más bien crítica con estas teorías, a modo de contrapunto. No debemos perder de vista que no es más que un modelo, como otros muchos en nuestra disciplina.

          No todos pasamos obligatoriamente por los mismos procesos. Cada persona es un mundo y cuenta con herramientas diferentes. No pasa nada si te está costando más de lo que creías, o por el contrario lo encauzas rápidamente, no todo el mundo tiene que llorar, ni existe una respuesta “estándar” que se debe dar. El exigir que se presente una respuesta “estándar” para todos sólo añadirá más estrés al proceso.

          5. En Jesús está la respuesta para todo.

            Jesús no trató a ninguna persona igual, a uno lo sanó con lodo, a otro mandándolo a un río, a una chica a distancia, mientras que con otro se empeñó en ir a verlo. Con esto quiero decir que Jesús siempre tuvo la respuesta, aunque no era la misma. Sea como sea, acude ante su trono que tienes el Oportuno Socorro. Eso no quiere decir que la respuesta no sea abrir nuestro corazón ante otro ser humano, pero en todo caso, búscale a él, ahí reside Todo.