Millones de cristianos sufren persecución en el mundo, a causa de diversos motivos y de múltiples formas. Cuando leemos una historia o un testimonio de uno de ellos, sus tribulaciones nos arrastran a una realidad de la que no somos normalmente conscientes en occidente. Dependiendo de nuestro interés, empatía y circunstancia en la que leemos u oímos estos fragmentos de la vida de un hermano que sufre persecución, solemos sentir más o menos dolor y pena. La realidad de estas personas es muy dura y ahí es cuando nos preguntamos a nosotros mismos:

“¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo puedo cambiar, aunque sea de forma minúscula la vida de alguien? Lo único que puedo hacer es orar”

“Lo único que puedo hacer es orar” es una frase desalentadora en la que hasta podemos apreciar matices de derrota. ¿Por qué subestimamos una de las herramientas más poderosas que tenemos como cristianos? No nos equivoquemos, cuando la palabra dice en 1 Juan 5:14: Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye, está hablando de algo real, algo vivo, algo propio del Dios que conocemos, el Dios todopoderoso.

En la segunda carta a los Corintios, Pablo explica esto de la mejor manera posible, a través de una experiencia personal. Pablo sufrió persecución y tribulaciones en uno de sus viajes a Asia y cuándo escribe a los Corintios relatando los hechos expone un punto clave:

Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos. 2 Corintios 1:9-11

Dios los había liberado de un peligro seguro, pero aquí Pablo habla de otros partícipes de este hecho. Pablo nos habla de la cooperación a través de la oración de muchas personas. Para el apóstol la bendición en el ministerio es motivo de agradecimiento a Dios, pero también a la intercesión en oración de muchos. Podemos ver entonces, de forma simple, como Pablo habla de la efectividad de la oración, pero ya no solo de la oración particular, sino de la oración unida como iglesia, como cuerpo de cristo. ¿Cuáles son los efectos de esta oración por medio de muchos?

El primero es fácil, Pablo lo dice claramente. Dios escuchó los clamores desesperados de los que estaban pasando dificultades, pero también de los que estaban apoyándolos en oración. Dios vio que sus corazones y su confianza estaban puestos en Él y respondió librándolos de la muerte. Esta manifestación sobrenatural de la intervención divina nos impresiona, ver a Dios actuar es siempre algo maravilloso para el ser humano. Sin embargo, Pablo no se queda ahí puesto que Dios no actúa siempre de la misma manera. Por medio de la oración de mucho, Dios nos ofrece a sus hijos otro don con el que ser de bendición a otras personas.

Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. 2 Corintios 1:5-7

Pablo no era extraño al sufrimiento a causa de su fe en Jesús. Como Saulo de Tarso persiguió y asesinó a muchos cristianos por seguir a Cristo, pero una vez fue rescatado de las tinieblas y fue cambiado, le tocó sufrir a él las aflicciones por Cristo. Y es que tal y como Jesús sufrió durante su ministerio en la tierra, los que desean seguirle de forma fiel y sincera tampoco lo tendrán fácil.

Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús dice la palabra en 2 Timoteo 3:12.

Gracias a Dios no tenemos que enfrentarnos a esto solos, Él está de nuestro lado y nos ofrece consuelo a pesar de las circunstancias. Sin embargo, Dios no nos da este consuelo simplemente para que nos lo quedemos. Tal y como sucede con los dones, el propósito de Dios con esto es que nosotros a nuestra vez podamos transmitir lo que hemos recibido. Dios nos da este regalo para que podamos llevar ese consuelo celestial a aquellos que lo necesitan.

Bendito sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Así abre la carta Pablo en 2 Corintios 1:3-5 y así concluyo yo con la siguiente reflexión:

Millones de personas de personas están siendo perseguidas por su Fe. Apoyarles de forma económica es importante, pero con tu oración puedes impactar sus vidas de una forma genuina. A través de nuestra oración unida, Dios puede hacer milagros: los presos pueden ser liberados, los enfermos sanados y los muertos resucitados. Te animo a creer en esto, a leer sus historias y conocer sus vidas, a orar a Dios intercediendo por la situación de estas personas. Se parte de un movimiento global, se un compañero de oración de la iglesia perseguida, acompañando su caminar, compartiendo parte de su sufrimiento pero también ofreciendo el consuelo de Dios, ese consuelo que un día cambió tu vida.