Como tratamos en un artículo anterior, una de las estrategias principales de la persecución es la marginalización de los cristianos de forma individual y colectiva, la cual se articula negándoles cualquier vía por la cual sustentarse por sí mismos y prosperar.

En dichos países, los perseguidores privan a los cristianos de sus trabajos, les roban, destruyen, confiscan y boicotean sus negocios, les amenazan y atacan, y los expulsan de sus hogares. En definitiva, los perseguidores marginalizan con total impunidad a los cristianos con el fin de detener el avance del evangelio e intentar erradicarlos de sus países.

Cuando el arma de los perseguidores es la opresión económica, ¿cómo podemos ayudar a los cristianos perseguidos a permanecer firmes? Si bien es cierto que, ante la carencia de bienes básicos y alimentos, se hace necesaria la provisión en el corto plazo de éstos para la subsistencia de familias enteras, el objetivo prioritario es la ayuda a largo plazo acompañando a los cristianos en un camino que los lleve a la autonomía económica.

Para lograr dicha autonomía económica, las estrategias principales son la formación orientada a la capacitación profesional, la asistencia jurídica y los programas de desarrollo socioeconómico. Dentro de esta última estrategia, la herramienta principal es el uso de los microcréditos, que consisten en préstamos de pequeña cuantía y corta duración, que se conceden sin la necesidad de contar con avales, como es habitual en la banca tradicional, y cuyo objetivo final es el de financiar proyectos de autoempleo generadores de renta, que se mantengan en el tiempo.

En el contexto global, los microcréditos están dirigidos a personas que no pueden solicitar un préstamo por los medios convencionales por no cumplir con los requisitos mínimos. El perfil habitual es el de emprendedores con un bajo nivel de recursos, el de personas que carecen de un historial laboral estable que les permita obtener préstamos o incluso el de personas analfabetas que no son capaces de completar el proceso de papeleo.

En los países en vías de desarrollo, encontramos los siguientes tipos de entes involucrados en la gestión de microcréditos:

Por un lado, tenemos las ONGD (organizaciones no gubernamentales para el desarrollo) que conceden microcréditos subvencionando los tipos de interés sin criterios que favorezcan la sostenibilidad financiera, lo cual, las hace altamente dependiente de la financiación internacional.

Por otro lado, tenemos las cooperativas de crédito, las cuales ofrecen servicios de ahorro y de crédito a corto plazo a sus miembros a tipos de interés inferior al del mercado. Para ser miembro y acceder al crédito es necesario disponer de ahorros en la entidad, y estos sirven como garantía en los créditos solicitados.

Por último, encontramos instituciones financieras especializadas en microcrédito, algunas de las cuales son ONGD mencionadas anteriormente, que han transicionado y evolucionado hasta convertirse en instituciones financieras.

El objetivo final de los organismos que ofrecen microcréditos es el de financiar el desarrollo y así reducir los niveles globales de pobreza en amplias áreas geográficas tradicionalmente menos desarrolladas.

En el caso específico de los cristianos perseguidos, si bien, comparten características de los perfiles de personas mencionados anteriormente, el contexto de intolerancia religiosa y de persecución que sufren, agravan aún más sus situaciones. Como hemos dicho, los perseguidores tienen como objetivo marginalizarlos, y cuando el perseguidor es el propio Estado, excluyen a los cristianos de cualquier tipo de programa de ayuda internacional o ayuda gubernamental, por lo que, es muy necesaria la ampliación de programas de microcréditos destinados a los cristianos perseguidos. Y que de esta forma se les pueda ayudar a generar rentas de forma continuada para cubrir sus necesidades y las de sus familias.

Déjame contarte la historia de Pablo, un cristiano perseguido que se benefició de un programa de microcrédito de la organización internacional Puertas Abiertas.

Pablo, es uno más entre una población creciente de excombatientes de las FARC que han acudido a Cristo. Cuando estos hombres y mujeres dejan las armas, necesitan nuevos medios de vida para mantener a sus familias. Pablo solicitó financiación para un proyecto agrícola que no sólo cubriera las necesidades de su propia familia, sino para ayudar también a otros antiguos militantes.

Para Pablo, que de adolescente trabajó como espía de la guerrilla y vivió entre los productores de cocaína de las FARC, recibir el microcrédito le ayudó a aprender a gestionar mejor su tiempo, ya que tiene que compaginar su agenda con las tareas del ministerio, que incluyen el contrabando de Biblias en los territorios de las FARC en las selvas del sur de Colombia, y la agricultura, que requiere frecuentes visitas para supervisar sus cultivos.

Pablo dice que el programa de microcréditos ha tenido un tremendo impacto en toda su familia. "Cuando te ves obligado a dejarlo todo y a huir para salvar tu vida, eso no deja muchas oportunidades para buscar opciones de trabajo", dijo Pablo. "El apoyo financiero del programa de microcréditos da una estabilidad muy necesaria para mi familia y para mí".

A través del testimonio de Pablo vemos como el acceso a un microcrédito no sólo puede cambiar la realidad de una familia cristiana, sino también como puede afectar positivamente al avance del evangelio como resultado de la acción ministerial de una familia. Y es que, cuando ayudas a un cristiano perseguido a auto sustentarse por sí mismo, no solo ayudas a reducir el nivel de pobreza global, sino que ayudas a que el Evangelio avance en el mundo.