Esta es la segunda vez en poco tiempo que en Puertas Abiertas recibimos de nuestros compañeros de campo un testimonio parecido en el que, en un pueblo concreto, la presencia activa de la pequeñísima minoría cristiana impacta a sus vecinos musulmanes de tal forma que acaba creando puentes de convivencia y abriendo la puerta al Evangelio. La primera fue una historia también preciosa de una escuela en Etiopía que ha logrado poner fin a los ataques que sufrían los cristianos.

La siguiente historia viene desde los Territorios Palestinos y te voy a pedir que, por un momento, te imagines que eres un adolescente de familia cristiana que vive en un pueblo donde el 99% son musulmanes. Aparte de la tuya, solo hay un puñado de familias cristianas más que se pueden contar con los dedos de la mano. No hay iglesia, ni grupo de jóvenes, ni grupos de estudio bíblico. Tu padre es el único cristiano maduro que conoces, que realmente puede leer y contarte sobre la Biblia y sobre el amor de Cristo, pero fallece y te quedas sin ninguna referencia que te oriente en tu camino espiritual con Dios.

Para Saed, que ahora tiene cerca de cincuenta años, esta era la situación cuando creció en Aljalama, un pequeño pueblo palestino al norte de Cisjordania, en los años setenta. Los cristianos son una pequeña minoría ahí y no había nadie capaz de ayudarle a descubrir el camino a una relación con Cristo. Nadie humano, claro, porque Dios se reveló de igual forma al joven Saed a pesar de su situación.

"Un grupo de misioneros había estado visitando nuestra región habían distribuido libros para niños sobre Dios", recuerda Saed, y continúa: "Los libros fueron descubiertos por musulmanes, que intentaron quemarlos y los rompieron en pedazos. Un día, encontré unos trozos del Evangelio en el polvo. Los llevé a casa, los pegué y comencé a leerlos. Así es como conocí el amor de Dios por nosotros, a través de su Hijo Cristo".

AISLADOS, PERO NO SOLOS

A día de hoy, en octubre de 2018, Saed es padre de dos hijos. Él y su familia todavía viven en Aljalama. En Puertas Abiertas le conococemos porque es una de las familias en la región a quienes ayudamos a sobrellevar su situación de aislamiento y a ser la luz de Cristo en su entorno.

En los Territorios Palestinos, esto es, lo que se conoce como Cisjordania, el número de cristianos está disminuyendo, principalmente debido a la migración. "Cuando era joven, aquí todavía vivían de 80 a 90 cristianos aquí. Hoy, solo quedamos 67", comparte Saed a personas de Puertas Abiertas que le visitaron recientemente.

Sin embargo, hoy los cristianos del pueblo de Saed están menos solos que cuando era joven. Un líder cristiano visita el pueblo de Saed con regularidad y, con el apoyo de Puertas Abiertas, se están organizando actividades para apoyar a los jóvenes como Youssef, el hijo de Saed, que tiene ahora 12 años. 

Saed junto a su mujer e hijos /Foto: Puertas Abiertas

Youssef, asiste a la escuela pública, donde se le enseña el islam. Pero después del horario escolar puede atender reuniones de estudio bíblico e incluso participar de un grupo scouts cristiano. También en su casa, Saed enseña a sus hijos sobre la fe.

Él mismo saber por experiencia lo difícil que es crecer en un ambiente tan marcadamente musulmán: “En la escuela escuchan mucho sobre el Corán y sobre Mahoma, no tienen elección. Es por eso que trabajo duro aquí en casa para enseñarles sobre Jesús, porque creer en Él es lo que los hace diferentes".

LA FUERZA DEL 1%

Saed no solo comparte el Evangelio en su casa, sino también fuera de su esfera familiar. Para ello tiene la Biblia en audio con pequeños reproductores que funcionan con energía solar. "Cada tarde mi esposa y yo escuchamos la Biblia hasta que la batería se termina. Al día siguiente lo cargamos y seguimos escuchando". Saed compró cinco de estos dispositivos y los distribuyó a otras familias cristianas que profundizar en su conocimiento de la Palabra.

Saed muestra el reproductor que usa para escuchar la Biblia con su esposa /Foto: Puertas Abiertas

Vivir como cristianos en esta área totalmente dominada por el islam sigue sin ser fácil, pero en el caso de Saed no se trata ya de una realidad hostil como lo era o como lo es en otros lugares. "Las relaciones con nuestros vecinos son buenas en general. Nos felicitan por nuestras fiestas cristianas y nosotros les visitamos cuando tienen sus fiestas", dice.

Para él, la clave ha sido la supervivencia y presencia de las familias cristianas, aunque sean tan pocos: “No lo digo yo, eso es lo que me dicen también los musulmanes. Ven que, aunque sean sesenta cristianos, están marcando la diferencia: mantienen la tolerancia y la diversidad dentro de la comunidad y evitan que se radicalicen. Realmente somos la luz y la sal", comparte nuestro hermano.

Como esta hay muchos testimonios similares, como el que he mencionado al principio de la escuela en Etiopía. Este, por supuesto, no siempre es el caso y lo normal en muchos lugares es que el “1%” que representan los cristianos acabe sufriendo la persecución cada vez más intensa del “99%” que, en este caso, representan los musulmanes.

Pero historias como esta nos deben animar a seguir orando y apoyando a la iglesia perseguida con el principal objetivo de asegurar que la iglesia siga presente en los lugares menos comunes e incluso hostiles al Evangelio. Si el resultado de ello es reconciliación o más persecución, Dios decidirá conforme a su plan perfecto.



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