Por Pau Amat

Es una mañana cualquiera de reunión en una iglesia de uno de los estados postsoviéticos de Asia Central. Dentro ya se escuchan cantar las primeras canciones de alabanza y los niños se dirigen a su escuela dominical. Los creyentes de esta pequeña comunidad cristiana esperan anhelantes esta hora durante toda la semana para compartir tiempo con sus hermanos en la fe, alabando juntos a Dios. Pero ese mismo día, un grupo de diez oficiales de policía irrumpe y ordena detener la reunión, diciendo a todos los que asisten que se trata de una reunión ilegal. Algunos policías vestidos de civiles se llevan al pastor. La iglesia sabe que eso les va a costar, literalmente, muy caro, puesto que las multas y las fianzas a iglesias suelen ser desorbitadas.

En toda Asia central, en áreas compuestas en su mayoría por antiguos países soviéticos (Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán, Tayikistán y también Azerbaiyán) escenas como estas son de lo más normal. Además de las prohibiciones de reunirse, la confiscación de biblias y el acoso y discriminación de los cristianos están a la orden del día. Todos los países, excepto Kirguistán, figuran entre los 50 primeros de la Lista Mundial de la Persecución.

Uno de los responsables de Puertas Abiertas en la región nos ha querido exponer lo que para él, desde su conocimiento y experiencia, la realidad actual de la iglesia en Asia Central. Estas son las siete razones por las cuales la hostilidad hacia los cristianos está creciendo en estos países, y los hechos que necesitáis conocer para poder orar con entendimiento por nuestros hermanos y hermanas que arriesgan su sustento y hasta sus vidas por seguir a Jesús:

1. Las leyes de control religioso otorgan a los gobiernos el poder de veto sobre la mayoría de los grupos religiosos. De esta manera, la libertad de religión y expresión están extremamente restringidos para los cristianos. Muchos países de Asia central están tan controlados que cualquier amenaza contra el Gobierno, aunque no sea real, es respondida con medidas represivas brutales.

2. Los cristianos de trasfondo musulmán sufren mucha persecución por parte de su familia y comunidad. Los países de Asia central viven en medio de una verdadera encrucijada, entre el sur y el sureste de los países asiáticos y Rusia. Viven una mezcla de era soviética y modelos del gobierno chino por un lado y, por el otro, el modelo islámico de países vecinos como Pakistán, Afganistán e Irán.

3. Poseer y dar una Biblia son delitos punibles contra el Estado. Todavía hay regiones en el mundo donde es prácticamente imposible conseguir una Biblia, y Asia central es una de ellas. Las leyes de control religioso restringen fuertemente la libertad de poseer o distribuir Biblias y literatura cristiana.

4. La represión del gobierno hacia las iglesias se está intensificando y las está forzando a esconderse. En Turkmenistán, por ejemplo, desde que se adoptó la ley de marzo de 2016 sobre organizaciones religiosas y libertad religiosa, todas las entidades religiosas deben volver a registrase para operar legalmente. Las que no están registradas, no pueden realizar actividades religiosas legales ni establecer lugares de culto, ni producir o diseminar material religioso. La multa a la que se enfrentan por hacerlo es muy alta.

5. Las iglesias secretas en casas son cada vez más el blanco de la policía y las autoridades en lugares como Asjabad, la capital de Turkmenistán, o en Azerbaiyán, donde según una nueva enmienda del código religioso estatal, las reuniones de grupos religiosos sin registro serán castigados con uno o dos años de prisión.

6. Los cristianos han experimentado en los últimos años una pérdida de derechos humanos y civiles. Un informe de Human Rights Watch sobre Uzbekistán indica que su Gobierno mantiene “listas negras” compuestas por miles de personas sospechosas de pertenecer a grupos no registrados o extremistas. Los que figuran en ella no pueden acceder a ciertos trabajos ni a permisos de viajes y deben acudir de forma regular ante la policía para someterse a interrogatorios.

7. La iglesia en Asia central sigue creciendo. A pesar de las restricciones cada vez más estrictas y la creciente introducción de nuevas leyes que restringen la libertad religiosa, la iglesia de Dios continúa creciendo en esta área que lleva sufriendo siglos de adversidades y luchas. Y quizá este crecimiento sea la razón de más peso que explique ese grado de persecución. Del mismo modo que la iglesia china aumentó y se expandió exponencialmente durante la Revolución Cultural de Mao, los discípulos de Jesús se están multiplicando en Asia Central en medio de toda la represión gubernamental y cultural.


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