Hace un año estábamos compartiéndote noticias de ella y pidiéndote oración por su estado físico y la huelga de hambre que inició en prisión. Gracias a Dios, Maryam fue liberada el pasado agosto de 2017. Pero su lucha todavía no ha terminado, por eso todavía no es seguro compartir demasiado acerca de su situación actual. Pero Maryam quiere dar las gracias a todos los cristianos de diferentes lugares del mundo que como tú hemos estado orando fielmente por ella.

Hace varias semanas, compañeros de Puertas Abiertas se reunieron con ella para transmitirle el apoyo que se le ha prestado en oración mientras estaba en prisión y darle también cartas que le escribieron personas de todo el mundo. Esto es cómo nos lo contaron:

Nuestro encuentro es imprevisible. Hasta el último momento no sabemos si podremos verla en un lugar secreto… Entonces, entra una mujer vestida de blanco y negro… parece delgada y frágil. Al principio es tímida, pero una vez roto el hielo, se muestra alegre y divertida.

“Cuando salí de prisión solo pensaba en correr libremente, sin paredes con las que encontrarme”, dice Maryam cuando le preguntamos qué siente al ser libre otra vez. “También quería conducir sin parar, aunque eso es imposible con el tráfico de Teherán…”, añade.

Maryam dice que se encuentra bien: “Por lo menos no estoy en la cárcel, aunque no me acabo de sentir libre del todo. No puedo hacer lo que quiero en Irán, no puedo servir a Dios donde creo que Él me llama a ir”.

Maryam aún no se ha acostumbrado a la vida fuera de prisión, aunque ya lleva unos meses fuera: “Tengo problemas de sueño y casi no tengo hambre”, dice. Cuando le hablamos de los miles de personas que han estado orando por ella todo el tiempo que ha estado en prisión y de los cientos de personas que le han enviado cartas se queda sobrecogida: “¿De verdad tantos? No lo sabía. Es increíble, creía que nadie pensaba en mí, pero en realidad mucha gente sí lo hacía…”.

Las autoridades han retenido las cartas que Maryam recibía cuando estaba en la cárcel, pero podemos enseñarle algunas ahora. La primera es de una niña australiana de 11 años, Abigail, que le envió una colorida tarjeta con alegres pegatinas. Cuando se la traducimos, Maryam se tapa la cara y llora: “He echado mucho de menos a los niños” –dice entre sollozos– “Era profesora de música para niños, y en la cárcel siempre lloraba cuando sabía que empezaban las clases. Durante los cuatro años que estuve presa no vi un solo niño”.

Mientras vuelve a ver la carta, sonríe, con los ojos empapados: “Ahora veo que no solo yo pensaba en ellos, sino que ellos estaban también pensando en mí, e incluso orando por mí…”

Estas palabras de Maryam son para ti. “¿Puedo decir algo a la gente que me ha enviado cartas y ha estado orando por mí? Es como un milagro que muchos de vosotros hayáis estado orando y pensando en mí, algunos incluso desde países que ni siquiera sabía que existían. Eso me da muchas fuerzas. Quisiera dar las gracias a todos. Puede que nunca llegue a veros, abrazaros y deciros que os quiero, pero me gustaría daros las gracias. Somos todos una familia en Cristo”.