Desde la concepción del pensamiento comunista, la religión ha sido considerada como un instrumento opresor de los poderosos para controlar a la sociedad. Teniendo en cuenta este tipo de visión promovida por el pensamiento comunista y el Ateísmo de Estado, podemos empezar a darnos cuenta de la situación tan complicada que viven nuestros hermanos en países comunistas.

Los cristianos tienen que esconderse, reunirse en secreto, ocultar su fe a sus familias y en definitiva vivir su fe con miedo, ya que una vez descubiertos por las autoridades su vida no volverá a ser la misma.

Cristianismo: Una religión invasora

Para la mayoría de estos países, el cristianismo, es una religión extranjera e invasora. Esta concepción unida a la visión de EEUU como el máximo exponente del capitalismo (gran enemigo del comunismo), hace que para las autoridades cualquier cristiano, independientemente de su origen, sea un posible espía aliado del país norteamericano.

Tratados como traidores por su supuesta alianza con EEUU y por rechazar las tradiciones de sus ancestros, los cristianos de las zonas más rurales de estos países son vistos como gente non grata y por lo tanto víctimas de presión y persecución por parte de sus propias comunidades. Además, el gobierno tiene ojos en todas partes y en muchas ocasiones no pueden compartir su fe ni con su propia familia.

Prisiones

Cuando las autoridades coartan tus derechos más básicos, tu pueblo, tu ciudad y tu propio país se convierten en una cárcel. Sin embargo, esta prisión figurada, a veces se convierte en una realidad mucho más palpable, y es que muchos cristianos en países comunistas son encarcelados por su fe. Es bastante común la existencia de campos de concentración o reeducación, dónde muchos cristianos son llevados para enseñarles el “verdadero camino”. Miles de cristianos son forzados a renunciar a su fe, a estudiar el ateísmo o a sufrir duros castigos en prisión por haber decidido seguir a Cristo. Los pocos testimonios que tenemos de supervivientes de estas prisiones y campos de concentración son desgarradores, pero también son una prueba poderosa de cómo el Señor los ha acompañado durante sus tragedias. ¿Cómo si no, un ser humano sería capaz de sobrevivir a ese calvario?

Tristemente los números de cristianos detenidos en países comunistas no son pequeños, de un total de 3.150 cristianos detenidos durante 2018 en los 50 primeros países de la LMP unos 1.131 fueron arrestados en China, uno de los principales países gobernados bajo esta ideología.

Corea del Norte

Sin embargo, el máximo exponente del comunismo en todo el mundo bien podría ser Corea del Norte. El primer país de la LMP no está en ese puesto por casualidad. En todas las áreas de la vida de un cristiano la persecución es extrema, además el líder supremo Kim Jong-un dirige su país con mano de hierro, y el único culto permitido es aquel dirigido a exaltar las virtudes de Corea del Norte y las del propio líder. La paranoia dictatorial, como se denomina al principal agente de la persecución en el país, es tan grave que Kim Jong-un exige ser adorado como si de ente divino se tratara.

Los cristianos fieles que rechazan este tipo de ideas tienen que llevar su fe en el más absoluto de los secretos. Si comparten su fe, se arriesgan a ser denunciados ante las autoridades y ser enviados a un campo de concentración o una prisión, sitios tan herméticos de los que aún no existen apenas documentos gráficos y es prácticamente imposible saber el número de cristianos que están encarcelados en Corea del Norte y menos de su situación. La situación es tan extrema que los padres ocultan su fe de sus propios hijos, ya que estos podrían delatar a su familia sin quererlo en el colegio o ante otros familiares.

A pesar de todo esto, el espíritu se mueve. Es más, cuanta mayor es la persecución, mayores son a su vez los testimonios que nos llegan de estos lugares. Dios no desampara a sus hijos, y en cada celda, en cada casa, en cada cristiano que huye de su país, Dios está presente. Ellos no han sido abandonados.

¿Cuál es nuestra responsabilidad en todo esto?

Apoyar a nuestros hermanos para que puedan seguir llevando el evangelio hasta lo último de la tierra. Fortalecer su fe mediante la oración, para que puedan soportar las situaciones tan difíciles a las que se tienen que enfrentar, ayudar para que el reparto de biblias y literatura cristiana pueda llegar estos rincones y nutrir a los cristianos en necesidad, y contribuir en la provisión de recursos para paliar las necesidades humanitarias más urgentes.