En 2004, Ai* enfermó gravemente. Su marido, Liem*, la llevó a Laos para recibir tratamiento y ser curada, pero nadie pudo lograrlo hasta que acudieron a una iglesia local. Allí, el pastor y los miembros de la iglesia tomaron a la pareja de las manos y oraron por ellos. Dios escuchó sus peticiones y Ai fue sanada. Esto llevó a la conversión del matrimonio. 

Mientras volvían a casa, sanados y con una nueva fe, la pareja compartió apasionadamente el mensaje del Evangelio con sus hijos y familiares, quienes también creyeron y aceptaron a Jesús en sus vidas. Esto provocó que naciera una pequeña iglesia en sus hogares que creció hasta estar formada por seis familias, unos 30 individuos. 

Al comienzo de su conversión, sólo hubo sutiles discriminaciones por parte de la comunidad y las autoridades locales; pero este año, los aldeanos y las autoridades comenzaron a ser más agresivos y violentos con ellos.   

Al principio se les exigió que volvieran a la forma de culto animista de los Hmong. Pero ellos respondieron: "Hace mucho que somos cristianos. Hemos sido sanados y bendecidos por nuestro Señor. Él ha cambiado nuestras vidas. No negaremos nuestra fe como tú nos exiges".  

En julio, los aldeanos y las autoridades locales volvieron a detener el servicio de la iglesia y golpearon a algunos de los miembros de la iglesia. Todos los miembros fueron excluidos del programa de subsidios para los pobres financiado por el gobierno y sus certificados fueron confiscados, impidiéndoles reclamar cualquier beneficio social.   

En agosto, mientras el resto de Vietnam recibía la ayuda de COVID-19 proporcionada por el gobierno, estas seis familias cristianas fueron excluidas. En septiembre, los aldeanos fueron a las casas de estos creyentes y destruyeron sus propiedades. Su cosecha de arroz fue quemada, dos vacas fueron sacrificadas y una más resultó gravemente herida.   

Por el momento, las autoridades locales les prohíben reunirse y realizar cualquier actividad eclesiástica.