Ashima entregó su vida a Cristo cuando era adolescente, lo que inmediatamente causó que fuera expulsada de su aldea por su hermano. Al poco tiempo pudo encontrar refugio y trabajo en la casa de un familiar de su pastor.

Sin embargo, Ashima comenzó a desarrollar problemas de salud, en concreto padecía de episodios de epilepsia, lo que la obligó a regresar a su aldea con su familia. Su hermano no tuvo piedad de ella y no le permitió la entrada en la casa, y ella no tuvo otra opción que vivir en un barrio marginal y trabajar en lo que podía para vivir al día a día y conseguir lo suficiente para comprar un poco de comida.

Allí conoció a una chica de la cual se hizo amiga y al cabo de un tiempo comenzó a vivir con ella. Una circunstancia que tristemente fue aprovechada por uno de los familiares de esta chica para violar a Ashima. El asaltante no solo abusó de ella sexualmente sino, que además la golpeó y la estranguló hasta dejarla prácticamente inconsciente.

Ella solo pudo acudir a su pastor, el cual vio horrorizado lo que le había pasado. Él se encargó de llevarla al hospital y de asegurarse de que recibiera el mejor tratamiento. A pesar de todo, el daño ya estaba hecho, y él solo podía orar con ella y mirarla con impotencia, no había nada más que pudiera hacer.

No obstante, al cabo de unos días Ashima volvió a hablar con su pastor. Sus palabras fueron las siguientes:

“He llorado y me he sentido sola hasta que tú has llegado a ayudarme como un hermano. Mi familia me ha desheredado debido a mi fe, pero Dios te ha enviado. Estoy agradecida a Dios por su cuidado y protección”.

Aún en medio de esta situación tan difícil vemos como Ashima no se ha centrado en su dolor, sino que ha puesto sus ojos en Dios. Lo más probable es que Ashima necesite mucho tiempo para sanar sus heridas, pero con tus oraciones y tu apoyo en la distancia, ella podrá fortalecer su fe y su espíritu. Transita ese doloroso camino con ella y forma parte de su proceso de restauración.