A principios del 2019, Qui* y su familia (incluyendo su marido) escucharon el evangelio mientras trabajaban en unas plantaciones al norte de Vietnam. Pasado el tiempo decidieron seguir a Jesús y asistir los domingos a una de las iglesias de la zona para tener comunión con otros hermanos.

En octubre, las autoridades locales acudieron a la aldea de Qui para hablar con su marido. Estos le amenazaron con expulsarlos a todos y retirarles todas las ayudas provistas por el gobierno si no dejaban de asistir a la iglesia y renunciaban a su fe en Jesús.

Trong*, su marido, ordenó a la familia al completo que dejaran de ser cristianos, y aunque sus hijos le hicieron caso, Qui se negó a hacerlo.  Ante esta negativa, las autoridades locales aconsejaron a Trong a usar la violencia contra Qui. El día 31 de enero de este año, el marido de Qui la golpeó con un palo en repetidas ocasiones, echándola además de su propia casa.

Como ella, muchas otras mujeres se encuentran en situación de vulnerabilidad debido a que la persecución aprovecha las desigualdades ya existentes en este tipo de sociedades. Sin embargo, Qui cree en la importancia de Dios y su palabra en sus vidas, además se ha dado cuenta de los cambios y la paz que esto ha traído en ella. Qui ha elegido perseverar en su fe y acude rigurosamente todos los domingos a la iglesia a pesar de la prohibición de su marido.

Su pastor local ha denunciado el hecho, pero las autoridades aprueban y justifican que Qui sea golpeada y agredida de esta manera tan brutal. Para ellos Qui es una mujer mala que deposita su confianza en una religión occidental, por lo tanto, debe ser enseñada.

Ahora, asesorado por las autoridades locales, el marido de Qui prepara el divorcio, algo que podría tener consecuencias nefastas para esta mujer. Acompañemos en oración a esta valiente discípula que ha decidido seguir a Cristo, cueste lo que cueste.